Todo estaba en silencio, algún que otro insecto merodeaba por los miles de objetos, basura abandonado. Era un depósito de cosas inservibles, nadie normal tendría interés de una un lugar así, y como bien dije, ella no lo era. Se paseaba intentando distinguir las cosas del piso para no tropezar, ni ser escuchada por nadie, aunque era dudoso. Hacía mucho calor, como siempre, llegó a donde comenzaba la bajada a la ciudad y en ese punto lo vio, su viejo y querido auto gris. Llegaba años abandonado, pero aún así impresionaba que aún conservara la pintura y las plantas no se lo estuvieran comiendo como a todo lo demás en ese recóndito espacio.
— Ahh....sigue siendo como siempre, esta cosa dura más que mi cordura... —musitó mientras se sentaba a un lado de él.
Pensó un poco, o más bien, no podía evitar hacerlo. Era tanto lo que sentía y tan poco lo que podía expresar, que de alguna forma toda esa energía dentro de ella estaba interfiriendo en su vida entorpeciendo sus tareas. Sentía su cabeza tan llena de contraposiciones, deberes, deseos e impulsos que ya casi no podía contener en sí que sabía que algún día terminaría haciendo algo de lo que cual se arrepentiría.
Miró al cielo y de forma seria aunque sentida musitó:
— Maldita luna...—miró a su lado, como si hubiera alguien, una sombra o algo, no quería estar sola y tampoco estar loca. Pero ambas eran certezas muy aferradas como para querer cambiarlas a esa instancia de su vida.
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Un chico de ojos grises corría por los pasillos, corrían tan desaforadamente que parecía desarmarse por el camino. Tenía miles de papeles con él, saltaba cada obstáculo en su camino y más de un escalón se llevó por delante al querer subir hacía el primer piso. A pesar de sus problemas de salud, no lucía muy alterado, su única preocupación era llegar a la maldita clase del profesor que más odiaba. Andaba en la cuerda floja con ese tipo, lo tenía en la mira ante una nueva llegada tarde, lo iba a reprobar por ausencias. Era un desgraciado, tan insistente como de mente tan cerrada como un obispo.
De pronto en su carrera se cruza a alguien y ambos caen al suelo. Anthony deja sus hojas en el suelo para ayudar a la otra persona que estaba cubierta de carpetas.
— ¡Dispulpe! Iba sin cuidado. — toma algunas de las carpetas mientras al verle la cara sonríe— ¡Lean! Menos mal que eras tu, mira debo dejarte o si no-
— Si no Elm te echará del salón, lo sé, ve con cuidado Ant. — el joven se levantó y lo ayudó apenas.
— Gracias, te debo una cerveza, hazme recordar.
— Claro que sí, ya que lo dices, yo te invito unos toc toc entonces.—reía por lo bajo.
— ¿Toc toc? —exclama confundido a punto de irse.
— Así le dice Simón a los tragos de vodka, tu sabes en su país-
— Ahhh okey, debo irme, ¡adiós! —dice algo nervioso y se va.
Mientras continuaba en su maratón al cuarto piso, salón 123, pensaba en que Lean y Simón no eran amigos, por lo que se preocupó sobre el tipo de relación que debían llevar. Más de una vez, los rumores y más aún los que contaba Joe resultaban en verdades incómodas. Al pequeño ruso no le molestaba la libertad de las personas en hacer lo que quisieran con sus vidas, pero cuando se trataba de sus amigos, fuera de la salud física sabía que siempre los problemas de autoestima eran peores aún que las enfermedades contagiosas. Según lo que le veían diciendo, estar con la argentina ya no era tan bien visto, aún cuando pocas personas hablan con ella. Muchos la trataban de "fácil", aunque por lo que Anthy sabía lo menos que denotaba su actitud era eso.
Entonces llegó al salón y dio un fuerte respiro, usando su inhalador.
— ¡Llegué! —dice satisfecho, cuando al abrir sus ojos nota que todos lo miraban con cara de WTF, hasta que el profesor que se tocó su bigote con esa expresión de irritabilidad que asustaba.
— Señor Lévedeb, lamento informarle que la clase empezó hace una hora, temo informarle que nuevamente a llegado tarde. ¿Es serio desperdicia su tiempo de forma tan irresponsable siempre? Es increíble. — al ver los ojos de cachorro regañado del rubio solo suspira y le señala un pupitre con enojo— Siéntese, pero no lo volveré a repetir, es su última oportunidad Lévedeb. Tiene suerte que hoy tengo buen humor.
— Me está jodiendo...— pensó, había quedado con los ojos como platos de sorprendido.
— ¡Lévedeb siéntese! —le ordenó.
El joven poco más corrió a su asiento y no dijo palabra alguna, sólo se dedicó a tomar nota....más tarde agradecería por ello.
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Carol veía por la ventana, husmeó su celular, ningún mensaje nuevo. La tecnología no era su amiga, casi todos sus artefactos andan con mente propia, pero era importante; esa vez era importante.
— Maldita sea, tendré que ir hasta su departamento. —dijo entre enojada y preocupada— Si me llega a decir que ignoró mis mensajes, se dará cuenta que mis sermones son halagos a lo que le espera.
Tomó su campera de jean de más de diez años (podrá imaginarse lo gastada pero genial que lucía) y ató su larga cabellera en una coleta. Tomó las llaves junto a un caramelo ácido que guardó en su bolsillo y comenzó a caminar por los sobre transitadas calles de Londres. Sus lentes se sol reflejaban todo a su paso, algún que otro idiota le gritaba boludeces, hasta que en un momento, un anciano que bien podría ser su abuelo le dijo algo que hubiera sido mejor lo hiciera. Carol, ya tan enojada por la falta de atención de su compañero, se frenó en seco y señalándolo mientras ponía su mejor cara de asustada gritó en medio de toda calle.
— ¡¡¡PEDÓFILO!!! ¡Qué alguien llame a la policía!
No bastó de terminar la frase que ya medio mundo estaba en frente del hombre, sin mencionar un oficial de tránsito que pasaba oportunamente por ahí. La mujer como gritó siguió su camino, al menos, alguien tendría un día peor que el de ella. Sonrió maliciosa pero duró poco, aún debía terminar el reporte y ninguno de los integrantes de su grupo le habían avisado nada. Ese día estaba cerca de matar a alguien.
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Stayce estaba escuchando música en su cuarto, ese días se había intoxicado uno de sus profesores y no tuvo clase en todo el día, así que no hizo nada ese día. Entonces mientras movía sus casi inexistentes caderas al ritmo de Dare escuchó (vaya oído ¿no?) que alguien tocaba la puerta. Sorprendida pero aún moviéndose al ritmo de la música fue a atender. Al abrir la puerta lo vio todo listo para invitarle una salida y lo abrazó con su euforia habitual.
— ¡Quiero helado! —le gritó mientras lo soltaba y le tomaba sus brazos aún bailando.
— Hey prima, sirvo para otras cosas además de comprarte helado. —dice contento mientras le seguía la corriente— ¿No está el ruso? Le prometí unos tragos y ya debería estar de vuelta del instituto.
— Ohhh Lean no seas malo...además Anthy siempre llega tarde, después regresamos y te vas con él. Por favor. — usó su carita de nena buena.
— Ya en serio, ese chico tiene doble vida o algo hoy llegaba tarde a lo del viejo morsa, si sigue así no tendrá ni la mitad de las materias aprobadas este año.
— No sé...es así y bueno, no tiene doble vida, sólo está muy ocupado con el estudio y eso. Se junta con Simón y con lo burra que es seguramente le toma tiempo explicarle. —dice odiosa al pensar en esa idiota.
— No digas eso, aunque admito, que esté con esa rara no da ánimos del asunto. En fin, vamos a buscarlo, si ayudas te compro el maldito helado. —dijo mientras se ajustaba su coleta estilo japonés antiguo.
— Wiiiiiiiii ¡Vamos! —exclamó emocionada y salió por la puerta, puso llave y lo fueron a buscar.
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El rubio andaba divagando, últimamente quería estar solo, pensar un poco en lo que estaba haciendo con su vida ustedes saben, típico psicopateo de medianoche. No había llamado a la pelirroja para avisarle de su demora. No tenía idea, estaba bien, no estaba nervioso ni nada y sin embargo aún tenía la sensación que su corazón se detendría. Algo malo pasaría esa noche, con alguien que aunque sea por efímeros momentos él quería.
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Joseph había estado jugando al billar, había sido noche de apuesta a gran escala. Gracias a su buena mano, además de métodos de distracción había conseguido un buen motín. Cuando de pronto en medio de las calles, en un callejón escucha a una mujer gritar... se acerca hacia donde sentía y ve un ladrón encima de su victima... no era sólo un ladrón...
Se acercó despacio, tomó un pedazo de ladrillo bastante grande de una construcción a su lado y entonces se le arrimó hasta darle con el objeto en la cabeza dejándolo inconsciente. Notó que la joven estaba congelada del miedo. Joseph corrió a ella y entonces le quitó el tipo de encima y la levantó para llevársela de allí.
— ¿¿Está bien?? ¿La lastimó? Señori...—le ve el rostro cubierto de lágrimas, era Simón la joven. Siente que lo abraza con fuerza mientras apenas podía creer la "coincidencia" del momento.
Se fueron alejando de a poco, él no la soltaba, ella no dejaba de llorar. La llevó a su casa, antes de irse la revisó, al paracer llegó a tiempo pero la había golpeado mucho en el rostro. Uno de sus brazos estaba sangrando, aunque no tenía por seguro que fuera por el atacante. Le ofreció llevarla a un hospital o algo, ella se negó.
— Estaré bien, no te preocupes. —dijo temblorosa— Vete.
— ¿Qué hacías sola por esos lugares?¿Sabes qué hubiera hecho ese hijo de puta si no te hubiera escuchado? ¿¿Simón?? ¿Me escuchas? —dijo preocupado, raro en él, lo demostraba.
— Nada...tengo miedo...Joe yo —se limpiaba las lágrimas de sus ojos intentando mantenerse seria y firme, parecía una leona furiosa pero herida— ...¿quieres quedarte?
— Por supuesto que me quedaré, idiota, quédate ahí mientras busco algo para curarte la herida.
— Busca en mi armario del baño, ahí hay cosas para eso...—musitó apenas, le empezaba a doler la cabeza.
— Bien.
Se fue a buscar lo que necesitaba, llevó hielo pero ella decía que no sentía dolor, a veces lograba asustarlo. Le tiró ese maldito flequillo de los ojos, uno lo tenía rojo, seguramente lo tendría morado para la mañana. La recostó sobre él, abrazándola mientras le enfriaba un poco las ideas. Cuando la sintió dormida apagó el velador a su lado y en la oscuridad susurró:
— No me asustes así...
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Anthy estaba frente a la puerta del departamento de Simón, quería tocar, verla...pero sería molestarla. Eran sólo presentimientos, sólo eso.
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Tocaban la puerta incesantemente, la pequeña pelirroja se levanta, choca algunos objetos en su camino y llega a atender.
— ¿Está Anthony? —pregunta seria.
— Buen día, me llamó Stacy Pot, y no él no está. —dijo enojada mientras se fregaba los ojos, como odiaba levantarse temprano.
— ¿No deberías estar en la escuela fosforito? —le dijo mientras seguía mirando hacía afuera— Ya que, lo encontraré por la tarde.
— Simón, Simón....¡¡Tienes razón debería estar en la escuela!! —dice mientras vuelve a su cuarto y comienza a vestirse, se confundió de día.
La mujer se queda en la entrada, no podía existir un ser tan despistado, aunque ella de joven tampoco era la más atenta. Dio unos pasos al interior y le gritó:
— ¿¡Quieres que te lleve?! Tengo mi motocicleta y me queda de paso.
— ¿En serio? —la mira seria mientras se pone la mochila— ¿Qué quieres a cambio? —desconfiada.
— Nada, por ahora nada, tómalo como que me debes una pero vámonos ya.
La toma del brazo y salen poco más corriendo. Le ofrece su casco, la argentina llevaba lentes de sol, eso le bastaba, además de que tenía el ánimo por el piso para pelear con la pequeña entonces.
— Gracias Simón.
— No importa. —se aguanta un grito al sentir los brazos de la joven sobre su cintura.
— ¿Estás bien?
— Si, si, sólo me duele un poco la espalda, anoche me quedé dormida sentada. —mintió mientras aceleraba como haciendo catarsis por ese lado.
Llegaron bastantes despeinadas, Stayce le agradeció y se fue corriendo a su salón. Mientras la morocha admiraba el paisaje, cuando una voz a su espalda la deja congelada. Se voltea, cuando ve ésos ojos grises sobre ella, cómo le sonreía...Simón se perdió...
— ¡Hey Simy! No puedes estacionar allí jajajaj
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— ¿No sabes nada de Sim?
— No, ¿por qué? —le dice preocupada mientras termina su sándwich.
— Nada, sólo decía, hace días no la veo. —el rubio lucía distraído.
Carol le pasa una mano por la espalda para sacarle la tensión. Terminan de almorzar pero antes de volver a sus salones le dice muy segura.
— Iré a verla, te aviso. —le hace un gesto con la mano y se despide.
La indú no era por olvidadiza, estaba llena de trabajo, esas alturas del año la volvían loca. Pero su amiga la llamaría, siempre lo hacía. Camina por los pasillos cuando siente a alguien tomarla de los hombros, algo desorientada siente que la abraza, al mirarle el anillo sonríe sin medirse. Le corresponde el gesto y siente un suave beso en su mejilla.
— Caroline. —dice dulce mientras la suelta algo avergonzado, se había emocionado tanto en verla que se dejó llevar.
— ¡¡Zed!! ¡Volviste! —dice mientras lo abraza.
— Mmm...si, regresé antes, bueno me tomé la semana para venir y ver a mis padres y a ti...y eso...y Carol...la gente nos mira. —dijo nervioso por su timidez natural.
— Están celosos, no sabes cuánto esperé por volverte a ver.
— Yo también, dime, no quiero molestarte...¿te esperó en tu lugar o el mío?
— Mejor al mío, tengo muchas cosas que contarte. —lo despide con un beso y se va rápido.
Lo que Carol no previó, por la inesperada sorpresa fue que olvidó lo que le había dicho a Anthy. Tan sólo dejó de preocuparse, aunque quizás las cosas se sabrían con o sin la ayuda de la joven.
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— ¿Crees en el Karma?
— Si, Nora me enseñó y diría que si,
— Entonces, si a una chica la ataca un tipo es por karma.
— Joe eso no tiene nada que ver con el karma.
— Tan sólo responde.
— No, no es por eso, seguramente mala suerte pero no karma...—lo mira con duda.
— Ayer salvé a una chica de un ladrón. —dijo mientras su voz dejaba de tener la presencia de siempre.
— Eso es bueno.
— Aunque no sólo le quería robar, si sabes a lo que me refiero...
— Si, pero eso no importa tu lo evitaste y es..
Entonces el mayor se le sube encima, pone sus brazos a los costados del cuerpo del rubio, lo mira con unos ojos distintos a siempre que terminaban en esa posición. Anthy abrió los ojos algo asustado de esa reacción, en parte porque estaba demasiado expuesto para su gusto. Tener discusiones sin ropa era algo peligroso con humor tan cambiante como el de su amigo.
— No fue suficiente Anthony, ella quedó muy mal, lloró...hacía años no la veía llorar. Anthy yo...yo...
Los ojos negros de Joseph brillaban de bronca, lo de Simón lo terminó afectando más que a ella al parecer. Odiaba sentirse impotente, ver como algunas trataban de esa forma a personas tan buenas, el como él mismo perdía el control a veces. Entonces perdido en un mundo que no le permitía ver la realidad siente al joven debajo de él abrazarlo con fuerza. Se dejó reconfortar, a veces le costaba creer, que alguien tan bueno como Anthy pudiera amarlo...aún cuando ni una sola vez se lo demostró como debía.
— ¿Fue Simón verdad? —dice por lo bajo mientras lo sentía respirar sobre su hombro.
— Si.
— Siempre es por ella. —sonaba algo resentido en ese instante, pero sus palabras siguientes tenían su amabilidad innata— Me quedaré un rato más así.
— Yo también.
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Muchos sentimientos estaban saliendo a flote, porque siempre estamos compitiendo, estamos temiendo por perder cosas que ni siquiera tenemos la certeza de poseer. ¿Qué sucede con el orgullo?¿El sentido común?
Las estatuas comienzan a quebrarse, los pájaros parecen no cantar por desgastar su voz...
¿Puede molestar la felicidad?¿Egoísmo?
O quizás el cambio asusta tanto, que con tal de mantener la "normalidad" en nuestras vidas preferimos herir a quienes queremos. Ser fuerte para dejarlos ir, aún sabiendo que podrían no regresar, es una de las cosas que más nos cuesta aprender...pero nos transforma en mejores personas y se aprende a amar de formas que nunca hubieras imaginado.
A veces son los árboles, tan frágiles como sus hojas.
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lunes, 23 de enero de 2012
jueves, 1 de diciembre de 2011
Las diferencias
No somos todos iguales, eso todos lo sabemos, pero...¿será posible que todo aquello que nos hace distintos sea lo que más nos una?
Existen personas en este mundo que los que más las une son las diferencias entre ellas, porque una es lo que necesita la otra y es así como empezaremos nuestro segundo capítulo.
~~
De pronto Carol sintió algo cubrirla, alguien le colocaba una manta sobre ella que tan incómodamente estaba sentada en la única silla en la habitación del rubio. Pensando que fue alguna de las enfermeras sólo volvió a dormir como si nada. Pero no había sido una enfermera, sino una mujer y una muy preocupada por cierto.
— Mi pequeño niño. —murmuró mientras mandaba un mensaje por su móvil y luego se sentaba al borde de la cama mientras le colocaba una mano en su pecho— Tu siempre tan sensible.
La mujer sonrió al verlo, casi como si no se preocupara por él. Nora jamás demostraba sentimientos negativos, una cualidad un tanto dudosa de serlo en fin. Era una mujer ya asentada, ocupada en sus negocios, eran contadas las veces que se le vio un ceño fruncido. Ella era la madre de Anthy, alguien tan querida como inevitablemente apegada a su único hijo. Entonces alguien entró a la habitación mientras se oía gritos desde el exterior.
— ¡A mi me dejan pasar! ¡No soy ninguna extraña! —gritaba a poco más la joven de cabellos alborotados.
— Déjela ella vine conmigo. —se apresuró a decir la mujer mientras se levantaba y suavemente le quitaba el brazo de la enfermera de su hombro— Stayce es como una hermana para mi hijo, disculpe las molestias.
La joven apenas miró pero sin aguantar, quizás por tener una boca muy suelta, dijo sin recelo alguno a quién la había salvado de la seguridad del hospital.
— ¿Usted es la madre de Anthy? Pero si no se parecen en nada. —alzó las cejas algo impertinente aunque claro, sin intensión de serlo.
— Sí, aunque no parezca, soy Nora Krimm, un gusto Stayce. —su sonrisa no se borró ni un poco.
— Un gusto, veo que ya me conoce.
— Facebook cariño. —contestó pícara mientras la soltaba e iba al lado de su hijo.
Stayce por su parte se impresionó un poco al verlo con suero y tan pálido, fue al lado de Carol y apenas la tocó para despertarla. Al hacerlo se sorprendió de ver a la pelirroja allí, seguramente se había quedado dormida. Al ver a la mujer morena a su lado se incorporó de un salto y de forma rápida intentó explicar.
— Sra. Krimm permítame explicarle, Anthy estaba muy nervioso por los finales de semestre y se sobre exigió...
— Vi las marcas Caroline, no hace falta que me relates una historia, eso es esperable de Simon. Por favor, les puedo pedir un momento para estar con mi hijo a solas.
— Por supuesto, disculpe. —con la mirada baja tomó a Stay consigo y la obligó a salir un momento.
Entonces una vez fuera la hindú se dispuso a explicarle la situación a la pequeña hiperactiva. Aquella mujer era digna de respeto para muchas, más para Carol, porque sabía todo el esfuerzo y amor que tenía hacía el rubio. Era difícil afrontarla, siempre estaba un paso adelante de los demás, además de tener una habilidad extrasensorial para detectar las mentiras. En definitiva la joven definió la relación de Nora con Anthy en una frase:
Ella daría su propia vida por él, y si él muriera estoy segura que ella se suicidaría de tristeza.
La pelirroja se quedó algo impresionada, le parecía exagerado, aún con una mamá osa como ella llamaba a la suya le resultaba algo extraña esa definición para una madre tan poco parecida a su hijo. Entonces apenas murmuró:
— ¿Anthy es adoptado? No me creo que lo haya tenido esa mujer. —apenas la miró de soslayo mientras espiaba por la ventanilla de la puerta.
— No. Anthy siempre la ha llamado madre, aún desde el día en que nació. Stayce aún eres muy chica para entenderlo.
Ambas entraron y vieron una escena muy particular.
La mujer de ojos negros y miel pálida, sus ojos rasgados y sonrisa de años estaba encantada de ver a su niño sonreírle de nuevo. Mientras que el rubio, digno inglés de sangre le besaba la mano con devoción. Dando falsa promesas, su madre no dijo nada porque en parte también quería creerlas. Ella le besó la frente y dijo ir por un doctor para saber si lo daban de alta. Pero la paz no duró mucho, al ver la pelirroja a su querido se le aventó como un perro a su amo y lo abrazó fuerte.
— Anthy estaba tan preocupada por ti. Tonto ¿qué te pasó? —preguntó angustiada mientras se le apoyaba en el pecho.
— Lo siento Stay, no volverá a pasar. —dijo mientras la abrazaba y posaba su mentón sobre su cabeza— Tuve que salir por una emergencia de un amigo y terminé convirtiéndome en la emergencia creo...
— ¿Qué clase de emergencia Ant? —preguntó la hindú con alto ego mientras rebobinaba la imagen de su mejor amigo y su ex-mejor amigo juntos.
— Simón tenía una duda con lo de análisis, tu sabes lo ansiosa que es y terminó cansándome después del noveno mensaje. —tenía todo pensado, extrañamente sonaba creíble.
— ¿Y ni siquiera me avisaste? —casi gruñó la joven.
— No quería molestar, además...¿cómo supieron que estaba aquí?
Hubo un silencio extraño, entonces Stayce salva a su amiga de delatarse y con su voz chillona, un tanto melodramática comenzó su acting.
— Es que te habrás imaginado mi susto cuando me desperté y no estabas. Comencé a gritas, los vecinos casi me echan y luego comencé a llamar mientras Carol apenas si sabía que hacer. Llamé a tu escuela, a la morgue...
— ¿La morgue? —susurró algo asombrado de lo que escuchaba.
— la policía, el casino y finalmente en el hospital me dijeron que estabas bien. ¿ Te parece que me preocupes de esa forma? No, no, no...no te perdonaré tan fácil esta vez. —asume su posición de capricho y se queda a su lado, le guiña el ojo a la callada morena y luego un tanto más calma acota— Eres un tonto.
— Tienes razón, lo soy. —dice mientras le regala un beso en la mejilla y luego siente una risa frente de él.
— Es tan dulce como me contaste cariño, ahora vendrá la enfermera a quitarte el suero y nos iremos. —espetó la madre del rubio mientras dejaba un juego de ropa a los pies de su cama— ¿Crees que me olvidaba de eso cierto?
— Piensas en todo. — su madre conocía mejor que nadie las preferencias de su hijo, tan meticuloso con la ropa y más aún en hospitales.
Al tiempo apareció la nombrada enfermera a hacer su trabajo, lo dejaron solo un momento para que se cambiara. Extrañamente Stayce se quedaba muda ante la autoridad de Nora, la hindú entre ellas apenas esbozaba una sonrisa recordando que también le pasaba antes de conocerla. Finalmente salieron del edificio, tomaron un taxi y al llegar al departamento del rubio donde la mujer decidió despedirse porque su trabajo la estaba llamando. Abrazó a su "pequeño", como aún le decía, y apenas susurró:
— Cuando quieras decirme la verdad, llámame Anthony. —sonrió una última vez, saludó a Carol y Stay para salir con prisa por su taxi de viaje.
— Siempre lo sabe. —murmuró el chico algo pálido de repente, no solía mentirle a su madre.
Carol previniendo esto lo hizo sentar, quedaron pegados frente con frente para cuando el timbre sonó Desesperadamente. Todos saltaron, pensando quién podría ser, porque Nora se había llevado todo consigo o al menos eso creían. La pelirroja fue a abrir la puerta y se sintió un pequeño grito por parte de la adolescente.
— ¡Odio que me lamas! —se escuchaban sus quejas hasta llevar al cuarto de Anthy y aún pasándose la mano por la mejilla acotó— Te vino a ver la tediosa.
— ¡Hey! Mi nombre es Simón pequeña cabeza de fósforo. —dijo en su tono de reclamo la joven de ojos marrones.
— Ya no se peleen, me empezó a doler la cabeza. —les pidió mientras se acostaba pero aún vestido sobre las colchas.
— Pobre hipocondríaco, dime...¿qué te pasó esta vez? —se cruzó de brazos y espero, aunque sintió la mirada acusante de Carol sobre ella y se puso atenta— Después de que te fuiste de mi habitación creí verte algo pálido amigo.
Una vez el ingenio de su compañera de pintura lo había salvado, no conocía mucho de ella pero desde que lo descubrió con Joe le fue inevitable hacerse más cercano por evitar que lo delatara. Esa chica era rara, aún más que los cambios de humor de Carol, o quizás era que se había acostumbrado a ello. La morena se fue a buscar sus cosas para irse y la pequeña a hacer té y aliviar el dolor de cabeza de su amigo. Quedándose solos, la castaña lo mira y mientras lo toma del pelo con fuerza le dice:
— ¿Estás loco verdad? —se le subió encima y lo suelta— Te dije que no deberías seguir con él, mira, ahora además has preocupado a Stayce. ¡Piensa un poco en ti Ant!
— No grites Simón, ya sé, tienes razón pero no fue su culpa...yo sólo...
— Nunca es su culpa, Ant, niño hipocondríaco o como quieras que te diga para evitar llamarte idiota. Me cuesta decirlo, pero me importas. Eres un inconsciente...
El rubio la toma desprevenida y cambia los roles. Se le acerca lo suficiente como para que se quedara muda, sabía que no le gustaba el contacto físico. Más aún en lo que ella consideraría "sumisión". Rozó con sus labios con los de ella, murmuró así pegado:
— No volverá a ocurrir, lo prometo. —siente como es empujado.
— Maldito idiota, aprovéchate que pareces más niña que violador si no...te arrepentirías de hacer esas cosas. —apenas se pasa la mano por la boca como despreciando el acto, aunque su sonrojo no parecía pensar igual— Ya que, estás bien y tienes dos mocosas atendiéndote, creo que es hora que me vaya principito. Intenta no matarte la próxima ves ¿si?
— Como digas Sim, como digas.
El rubio la mira apenas antes de verla irse. La joven pasa por la entrada toma su abrigo y sin saludar a nadie se va. Carol lo nota, siempre era así de odiosa esa chica, nunca podría verla con buenos ojos ni aún siendo amiga de Anthy. Hasta dudaba sobre qué clase de relación tenían, porque más de una vez la escuchó insultarlo o gritarle. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando siente a su pequeña gritando a más no poder en la cocina. Va y ve que el rubio ya estaba ahí. Le estaba consolando mientras la adolescente tenía la mano bajo el chorro de agua del lavado.
— Ya Stay no llores, ya pasará el ardor.
— ¿Se quemó? —dice seria y luego vuelve a ser ella— ¿Tienes con qué curarla?
— Tengo un botiquín, en el baño en un mueble pequeño abajo. Aunque deberíamos esperar que se calme, tirarse agua caliente encima no es nada grato...una vez me pasó de niño.
— Anthy, me duele. —dijo con los ojos vidriosos la pelirroja que sentía la mano de él sujetarla con fuerza.
— Voy por él, mantén la mano en agua. —dijo la hindú desapareciendo rápidamente de la cocina.
Volvió y con todo listo comenzó a tratar la mano de la joven, le dolería bastante, ya que al parecer se le harían ampollas aunque no le quedaría una marca muy notoria. Anthy le sostenía la mano para que no se la quitara, sabiendo que le dolía, aún así tenía la delicadeza de alentarla y distraerla. Luego la llevó al living para que se calmara un poco, él terminaría de hacer el desayuno en fin. Carol lo despidió, y le di un abrazo pidiéndole que la llamara cualquier cosa.
Se quedaron solos Stay y Ant, ambos se sentaron en el sofá para ver la televisión mientras tomaban té.
— Yo quería cuidarte, y siempre termino arruinando todo. Soy muy torpe. —dijo mientras se miraba la mano vendada.
— No digas eso, es sólo porque aún estás creciendo, a mi también me pasaba. Además sólo me basta con estar tranquilo conmigo y me siento mucho mejor.
— ¿En serio? —preguntó algo apenada.
— Claro que sí, ¿eres mi hermanita no? Estaré mejor, tan sólo necesito estar tranquilo un tiempo. Ven aquí y deja de decir tonterías. —la abrazó con un brazo apoyándola sobre él para tenerla cerca— Te quiero Stay, no me gusta que te menosprecies así.
Se quedaron así abrazados mientras miraban kung fu panda, cuando de pronto la joven le sale con una pregunta que no logró contener más.
— ¿ Nora es tu mamá de verdad? Es que no tendría nada de malo, pero no se parece en nada a ti.
El joven suspiró cansado, sabía que tendría que explicar, hacía tiempo tenía esa pregunta en los ojos. Entonces reposó su mentón sobre la cabeza de ella y muy tranquilo le explicó.
— Ella es mi mamá, pero no biológica si a eso te refieres. Verás, yo me críe con dos mamás y un papá. Los amé a los tres, sigue siendo así.
— ¿Dos mamás? —dice algo extrañada pero no mal.
— Claro, mi "progenitora" se llamaba Anya y ella tenía una pareja, Nora, cuando decidieron tener hijos buscaron a un hombre que también quisiera y de ahí conocieron a mi papá. Entre los tres no hubo más que amistad, si amor entre mis mamás de eso no tengo duda. Cuando mi mamá murió, Nora me adoptó y desde entonces es así...¿entendiste? —hablaba normal, porque para él lo era.
— Entonces...eran dos mujeres y un hombre, pero las mujeres eran el matrimonio....no, no entendí. —admite mientras piensa, eso no iba con lo que su padre le había enseñado de relaciones.
— Cariño, te lo hará simple. Mis mamás eran lesbianas, mi papá hétero pero soltero y me tuvieron y me aman y todo bien. Tan sólo te pido que no hagas ese comentario frente a Nora, suele ponerse sensible a ello.
— Según mis padres eso no estaría bien.
— Cada uno tiene su pensar, sólo te pido respeto hacia ella Stay. —dice casi dormido.
— Yo digo que mientras te quieran está todo bien. —apenas sonrió, pensó en un momento en lo de su mamá fallecida. Nunca pensó que hablara tan fríamente de algo así.
— Yo también...pásame el inhalador de mi campera por favor. —se endereza algo pálido de nuevo.
Ella se asustó y fue rápido por la medicina, se ponía muy torpe nerviosa. Le costó encontrarla hasta que al hacerlo se le cayó de las manos y siente la voz ahogada del rubio.
— Cálmate...presta atención...
La pelirroja de mechas azules se concentró y al conseguirlo se lo dio como un rayo de rápido. Seguramente si se había puesto nervioso, se sentía una tonta por no notarlo. No era bueno que tuviera tantos ataques, más aún parecía empeorar. Luego que se calmó lo regañó como a un niño, mandándolo a dormir a la cama. Lo acompañó, no tenía hambre, ella no podía obligarlo a comer. Se quedó con él hasta verlo dormirse. Pensó en la primera vez que vi a Anthy, pensó que era alguien que sufría mucho porque en sus ojos siempre se reflejaba eso. Al parecer la joven nunca se equivocaba, esa intuición de loba herencia de su madre era lo más fiable que poseía. Se acurrucó a su espalda, quería asegurarse que él se quedara con ella esa noche y durmió a su lado.
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Mientras en un monoambiente estaban también dos buenos amigos, ella tenía dolor de cabeza por lo que se tomó la tercer pastilla del día. Se acostó en su sofá-cama aún no armado y sintió la mano del sádico de ojos negros, como ella le decía.
— No tienes fiebre, pero si se te siente acalorada. ¿Sólo te duele la cabeza?
— No...me estoy cocinando de adentro hacia afuera, idiota, sólo me duele la cabeza no molestes. —tomó la única almohada y se la colocó sobre el rostro.
— Si sigues de mal humor será pero Sim, no ganas nada con quejarte.
— Cállate.
— Bien, bien, si eso te tranquiliza. Eres odiosa.—dice molesto sacando un cigarrillo.
— Habló el príncipe encantador. —sarcástica— ¿Por qué no te vas de una buena vez?
— No se me antoja.
— ¿Qué no se te antoja? —le tiró el almohadón y luego toda despeinada y de poca paciencia le dijo con un tono amenazante— ¡Vete de aquí maldito marica!
El joven se levantó sereno, la miró como despreciándola y se dirigió a la puerta. Pero antes de irse tenía algo que decir.
— ¿Te han herido mucho de chica verdad? —asertivo y cruel como siempre, abre la puerta y la cierra con cuidado mientras escucha un grito de su interior.
— ¡¡Maldito imbécil!!
Exclamó la joven antes de caer en el sofá, se sentía mareada, con náuseas y el continuo dolor no la dejaba moverse. Ya cuando sintió que podría desmayarse, por tener la presión por el piso decidió llamarla. Era la única, fuera que le daría un sermón de medio Génesis, en quien confiaba cuando se sentía así de mal. La amiga en quien más confiara aunque jamás nadie tuvo la oportunidad de verlas como tales. Al terminar de mandar el mensaje, sólo esperó unos segundos y ya tenía respuesta:
Voy en camino, quédate acostada.
No pensaba llevarle la contra, o más bien, no podía. Sintió la puerta abrirse, sabía que tenía una copia de la llave. La vio entrar, ya tenía esa cara de preocupada que le bajaba el ánimo a Simón. La levantó y tomó su muñeca, no era necesario con verle la falta de color era suficiente. La recostó por completo, elevó sus piernas para que corriera la sangre de vuelta con más facilidad y le dio un vaso con sal. Se quedó un poco a su lado, notó que empezaba a sudar frío.
Tomó su cabeza y la colocó en sus piernas, le acarició el cabello esperando por calmarla mientras le hacía efecto lo que acababa de darle. En un momento siente que le toma la mano con fuerza. La joven de ojos marrones le dice:
— Me gustan tus manos Caroline.
— Siempre te han gustado, ¿mejor?.
— Bastante, gracias por venir.
— ¿Te has hecho ver? Esos dolores ya son crónicos. —dijo preocupada pero sin más sabía que la ignoraría. Simón siempre prefirió curarse sola, pero no era consciente de que podría ser grave.
— Estoy bien, es mucho trabajo, la revista me tiene loca y últimamente siento que en lugar de ayudar al hipocondríaco lo empeoro.
— No digas eso, él sabe que lo intentas, además tu sabes que es por su enfermedad. No es que lo provoque alguien.
— See....
La argentina no se sentía bien al mentirle así a Carol, pero lo había jurado, no tenía opción. Sólo en una cuestión de vida o muerte, quizás debió enterarse del incidente de Anthony antes y aprovechar pero ya estaba bien cuando se lo contaron. Al sentir como le tocaban el pelo sintió que se dormiría justo así, y así pasó. La hindú al darse cuenta se puso como loca al principio pensando en todo lo que aún debía hacer, sin embargo no tuvo el valor para despertarla y dejarla sola. Sabía por demás que era muy sensible, igual que Anthy pero como una versión tosca y terca. Apenas si se acostó sobre el respaldar y con el control puso play al equipo de su amiga.
— Con todos los CDs buenos que tiene, de metal, de rock, de alternativo, de punk...¿tenía que tocarme justo este? Qué vicio que tiene con esa banda últimamente, encima no entiendo nada y es super chillona la chica. — rezongó la morena mientras su pie iba al ritmo de la música, cabe aclara que para ella, todos los cantantes de ese grupo son mujeres porque no distingue y no pregunta.
Se quedó un rato hasta que se hizo tarde. Con cuidado se la quitó de encima, la dejó tapada y sólo pidió porque estuviera en una pieza a la mañana. Se marchó del departamento, cerró con llave. Sintió un olor extraño, un perfume que conocía, miró hacía abajo de la escalera. Sin duda era Joseph, se le acercó bien enojada y presumida como cada vez que tenía ganas de pelear. No se olvidaría de esa noche y su respuesta tan fácil.
— Se puede saber qué haces aquí.
— Vengo a ver a Simón, no te incumbe. — dijo serio y pasándola de largo.
— Ella ya está dormida y te recomiendo que no la molestes. Sería lo que faltara, que además de poner mal a Anthy te la agarrarás con Simón también. —entonces siente como la tira del brazo y la aprisiona contra la pared. Ella forcejea para escaparse pero era muy fuerte y llegó a asustarla.
— Mira Carol, no me molestas, por ahora. Lo que yo haga con Anthony o con Simón no te importa, sólo quiero que sepas que todo lo que pasa es a voluntad de ellos, yo no los presiono a nada.
— Es difícil de creer si "hablas" conmigo de esta forma. — la suelta y la hindú no hace más que mirarlo con bronca y escupe palabras— Creí que eras su amigo, el de ambos, pero si a ti no te importa cómo estén no es mi problema. Pero ellos sí lo son, yo los quiero y no permitiré que las hagas algo malo. Escúchame bien, una cosa más relacionada a ti con Anthy o Sim y juró que lo lamentarás...
— Por favor, los dos sabemos que sólo lo dices porque no quieres verlos. Ellos son así, yo no los creo, además jamás dirán nada contra mi, saben que tengo razón. —sonrió de lado y entonces tomó el ascensor— Que te diviertas bajando escaleras, ojalá te haga pensar un poco.
Se burló y cerró la puerta dejándola sola en un décimo piso. Carol respiró profundo, para evitar pensar en sus deseos de asesinarlo y comenzó a bajar. Debía hablar con Anthy, pero aún estaba débil para tomarlo con cosas así. Luego pensaría en Sim, aunque no le preocupaba mucho, ellas eran plenamente honestas entre sí...o eso creía saber.
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Existen personas en este mundo que los que más las une son las diferencias entre ellas, porque una es lo que necesita la otra y es así como empezaremos nuestro segundo capítulo.
~~
De pronto Carol sintió algo cubrirla, alguien le colocaba una manta sobre ella que tan incómodamente estaba sentada en la única silla en la habitación del rubio. Pensando que fue alguna de las enfermeras sólo volvió a dormir como si nada. Pero no había sido una enfermera, sino una mujer y una muy preocupada por cierto.
— Mi pequeño niño. —murmuró mientras mandaba un mensaje por su móvil y luego se sentaba al borde de la cama mientras le colocaba una mano en su pecho— Tu siempre tan sensible.
La mujer sonrió al verlo, casi como si no se preocupara por él. Nora jamás demostraba sentimientos negativos, una cualidad un tanto dudosa de serlo en fin. Era una mujer ya asentada, ocupada en sus negocios, eran contadas las veces que se le vio un ceño fruncido. Ella era la madre de Anthy, alguien tan querida como inevitablemente apegada a su único hijo. Entonces alguien entró a la habitación mientras se oía gritos desde el exterior.
— ¡A mi me dejan pasar! ¡No soy ninguna extraña! —gritaba a poco más la joven de cabellos alborotados.
— Déjela ella vine conmigo. —se apresuró a decir la mujer mientras se levantaba y suavemente le quitaba el brazo de la enfermera de su hombro— Stayce es como una hermana para mi hijo, disculpe las molestias.
La joven apenas miró pero sin aguantar, quizás por tener una boca muy suelta, dijo sin recelo alguno a quién la había salvado de la seguridad del hospital.
— ¿Usted es la madre de Anthy? Pero si no se parecen en nada. —alzó las cejas algo impertinente aunque claro, sin intensión de serlo.
— Sí, aunque no parezca, soy Nora Krimm, un gusto Stayce. —su sonrisa no se borró ni un poco.
— Un gusto, veo que ya me conoce.
— Facebook cariño. —contestó pícara mientras la soltaba e iba al lado de su hijo.
Stayce por su parte se impresionó un poco al verlo con suero y tan pálido, fue al lado de Carol y apenas la tocó para despertarla. Al hacerlo se sorprendió de ver a la pelirroja allí, seguramente se había quedado dormida. Al ver a la mujer morena a su lado se incorporó de un salto y de forma rápida intentó explicar.
— Sra. Krimm permítame explicarle, Anthy estaba muy nervioso por los finales de semestre y se sobre exigió...
— Vi las marcas Caroline, no hace falta que me relates una historia, eso es esperable de Simon. Por favor, les puedo pedir un momento para estar con mi hijo a solas.
— Por supuesto, disculpe. —con la mirada baja tomó a Stay consigo y la obligó a salir un momento.
Entonces una vez fuera la hindú se dispuso a explicarle la situación a la pequeña hiperactiva. Aquella mujer era digna de respeto para muchas, más para Carol, porque sabía todo el esfuerzo y amor que tenía hacía el rubio. Era difícil afrontarla, siempre estaba un paso adelante de los demás, además de tener una habilidad extrasensorial para detectar las mentiras. En definitiva la joven definió la relación de Nora con Anthy en una frase:
Ella daría su propia vida por él, y si él muriera estoy segura que ella se suicidaría de tristeza.
La pelirroja se quedó algo impresionada, le parecía exagerado, aún con una mamá osa como ella llamaba a la suya le resultaba algo extraña esa definición para una madre tan poco parecida a su hijo. Entonces apenas murmuró:
— ¿Anthy es adoptado? No me creo que lo haya tenido esa mujer. —apenas la miró de soslayo mientras espiaba por la ventanilla de la puerta.
— No. Anthy siempre la ha llamado madre, aún desde el día en que nació. Stayce aún eres muy chica para entenderlo.
Ambas entraron y vieron una escena muy particular.
La mujer de ojos negros y miel pálida, sus ojos rasgados y sonrisa de años estaba encantada de ver a su niño sonreírle de nuevo. Mientras que el rubio, digno inglés de sangre le besaba la mano con devoción. Dando falsa promesas, su madre no dijo nada porque en parte también quería creerlas. Ella le besó la frente y dijo ir por un doctor para saber si lo daban de alta. Pero la paz no duró mucho, al ver la pelirroja a su querido se le aventó como un perro a su amo y lo abrazó fuerte.
— Anthy estaba tan preocupada por ti. Tonto ¿qué te pasó? —preguntó angustiada mientras se le apoyaba en el pecho.
— Lo siento Stay, no volverá a pasar. —dijo mientras la abrazaba y posaba su mentón sobre su cabeza— Tuve que salir por una emergencia de un amigo y terminé convirtiéndome en la emergencia creo...
— ¿Qué clase de emergencia Ant? —preguntó la hindú con alto ego mientras rebobinaba la imagen de su mejor amigo y su ex-mejor amigo juntos.
— Simón tenía una duda con lo de análisis, tu sabes lo ansiosa que es y terminó cansándome después del noveno mensaje. —tenía todo pensado, extrañamente sonaba creíble.
— ¿Y ni siquiera me avisaste? —casi gruñó la joven.
— No quería molestar, además...¿cómo supieron que estaba aquí?
Hubo un silencio extraño, entonces Stayce salva a su amiga de delatarse y con su voz chillona, un tanto melodramática comenzó su acting.
— Es que te habrás imaginado mi susto cuando me desperté y no estabas. Comencé a gritas, los vecinos casi me echan y luego comencé a llamar mientras Carol apenas si sabía que hacer. Llamé a tu escuela, a la morgue...
— ¿La morgue? —susurró algo asombrado de lo que escuchaba.
— la policía, el casino y finalmente en el hospital me dijeron que estabas bien. ¿ Te parece que me preocupes de esa forma? No, no, no...no te perdonaré tan fácil esta vez. —asume su posición de capricho y se queda a su lado, le guiña el ojo a la callada morena y luego un tanto más calma acota— Eres un tonto.
— Tienes razón, lo soy. —dice mientras le regala un beso en la mejilla y luego siente una risa frente de él.
— Es tan dulce como me contaste cariño, ahora vendrá la enfermera a quitarte el suero y nos iremos. —espetó la madre del rubio mientras dejaba un juego de ropa a los pies de su cama— ¿Crees que me olvidaba de eso cierto?
— Piensas en todo. — su madre conocía mejor que nadie las preferencias de su hijo, tan meticuloso con la ropa y más aún en hospitales.
Al tiempo apareció la nombrada enfermera a hacer su trabajo, lo dejaron solo un momento para que se cambiara. Extrañamente Stayce se quedaba muda ante la autoridad de Nora, la hindú entre ellas apenas esbozaba una sonrisa recordando que también le pasaba antes de conocerla. Finalmente salieron del edificio, tomaron un taxi y al llegar al departamento del rubio donde la mujer decidió despedirse porque su trabajo la estaba llamando. Abrazó a su "pequeño", como aún le decía, y apenas susurró:
— Cuando quieras decirme la verdad, llámame Anthony. —sonrió una última vez, saludó a Carol y Stay para salir con prisa por su taxi de viaje.
— Siempre lo sabe. —murmuró el chico algo pálido de repente, no solía mentirle a su madre.
Carol previniendo esto lo hizo sentar, quedaron pegados frente con frente para cuando el timbre sonó Desesperadamente. Todos saltaron, pensando quién podría ser, porque Nora se había llevado todo consigo o al menos eso creían. La pelirroja fue a abrir la puerta y se sintió un pequeño grito por parte de la adolescente.
— ¡Odio que me lamas! —se escuchaban sus quejas hasta llevar al cuarto de Anthy y aún pasándose la mano por la mejilla acotó— Te vino a ver la tediosa.
— ¡Hey! Mi nombre es Simón pequeña cabeza de fósforo. —dijo en su tono de reclamo la joven de ojos marrones.
— Ya no se peleen, me empezó a doler la cabeza. —les pidió mientras se acostaba pero aún vestido sobre las colchas.
— Pobre hipocondríaco, dime...¿qué te pasó esta vez? —se cruzó de brazos y espero, aunque sintió la mirada acusante de Carol sobre ella y se puso atenta— Después de que te fuiste de mi habitación creí verte algo pálido amigo.
Una vez el ingenio de su compañera de pintura lo había salvado, no conocía mucho de ella pero desde que lo descubrió con Joe le fue inevitable hacerse más cercano por evitar que lo delatara. Esa chica era rara, aún más que los cambios de humor de Carol, o quizás era que se había acostumbrado a ello. La morena se fue a buscar sus cosas para irse y la pequeña a hacer té y aliviar el dolor de cabeza de su amigo. Quedándose solos, la castaña lo mira y mientras lo toma del pelo con fuerza le dice:
— ¿Estás loco verdad? —se le subió encima y lo suelta— Te dije que no deberías seguir con él, mira, ahora además has preocupado a Stayce. ¡Piensa un poco en ti Ant!
— No grites Simón, ya sé, tienes razón pero no fue su culpa...yo sólo...
— Nunca es su culpa, Ant, niño hipocondríaco o como quieras que te diga para evitar llamarte idiota. Me cuesta decirlo, pero me importas. Eres un inconsciente...
El rubio la toma desprevenida y cambia los roles. Se le acerca lo suficiente como para que se quedara muda, sabía que no le gustaba el contacto físico. Más aún en lo que ella consideraría "sumisión". Rozó con sus labios con los de ella, murmuró así pegado:
— No volverá a ocurrir, lo prometo. —siente como es empujado.
— Maldito idiota, aprovéchate que pareces más niña que violador si no...te arrepentirías de hacer esas cosas. —apenas se pasa la mano por la boca como despreciando el acto, aunque su sonrojo no parecía pensar igual— Ya que, estás bien y tienes dos mocosas atendiéndote, creo que es hora que me vaya principito. Intenta no matarte la próxima ves ¿si?
— Como digas Sim, como digas.
El rubio la mira apenas antes de verla irse. La joven pasa por la entrada toma su abrigo y sin saludar a nadie se va. Carol lo nota, siempre era así de odiosa esa chica, nunca podría verla con buenos ojos ni aún siendo amiga de Anthy. Hasta dudaba sobre qué clase de relación tenían, porque más de una vez la escuchó insultarlo o gritarle. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando siente a su pequeña gritando a más no poder en la cocina. Va y ve que el rubio ya estaba ahí. Le estaba consolando mientras la adolescente tenía la mano bajo el chorro de agua del lavado.
— Ya Stay no llores, ya pasará el ardor.
— ¿Se quemó? —dice seria y luego vuelve a ser ella— ¿Tienes con qué curarla?
— Tengo un botiquín, en el baño en un mueble pequeño abajo. Aunque deberíamos esperar que se calme, tirarse agua caliente encima no es nada grato...una vez me pasó de niño.
— Anthy, me duele. —dijo con los ojos vidriosos la pelirroja que sentía la mano de él sujetarla con fuerza.
— Voy por él, mantén la mano en agua. —dijo la hindú desapareciendo rápidamente de la cocina.
Volvió y con todo listo comenzó a tratar la mano de la joven, le dolería bastante, ya que al parecer se le harían ampollas aunque no le quedaría una marca muy notoria. Anthy le sostenía la mano para que no se la quitara, sabiendo que le dolía, aún así tenía la delicadeza de alentarla y distraerla. Luego la llevó al living para que se calmara un poco, él terminaría de hacer el desayuno en fin. Carol lo despidió, y le di un abrazo pidiéndole que la llamara cualquier cosa.
Se quedaron solos Stay y Ant, ambos se sentaron en el sofá para ver la televisión mientras tomaban té.
— Yo quería cuidarte, y siempre termino arruinando todo. Soy muy torpe. —dijo mientras se miraba la mano vendada.
— No digas eso, es sólo porque aún estás creciendo, a mi también me pasaba. Además sólo me basta con estar tranquilo conmigo y me siento mucho mejor.
— ¿En serio? —preguntó algo apenada.
— Claro que sí, ¿eres mi hermanita no? Estaré mejor, tan sólo necesito estar tranquilo un tiempo. Ven aquí y deja de decir tonterías. —la abrazó con un brazo apoyándola sobre él para tenerla cerca— Te quiero Stay, no me gusta que te menosprecies así.
Se quedaron así abrazados mientras miraban kung fu panda, cuando de pronto la joven le sale con una pregunta que no logró contener más.
— ¿ Nora es tu mamá de verdad? Es que no tendría nada de malo, pero no se parece en nada a ti.
El joven suspiró cansado, sabía que tendría que explicar, hacía tiempo tenía esa pregunta en los ojos. Entonces reposó su mentón sobre la cabeza de ella y muy tranquilo le explicó.
— Ella es mi mamá, pero no biológica si a eso te refieres. Verás, yo me críe con dos mamás y un papá. Los amé a los tres, sigue siendo así.
— ¿Dos mamás? —dice algo extrañada pero no mal.
— Claro, mi "progenitora" se llamaba Anya y ella tenía una pareja, Nora, cuando decidieron tener hijos buscaron a un hombre que también quisiera y de ahí conocieron a mi papá. Entre los tres no hubo más que amistad, si amor entre mis mamás de eso no tengo duda. Cuando mi mamá murió, Nora me adoptó y desde entonces es así...¿entendiste? —hablaba normal, porque para él lo era.
— Entonces...eran dos mujeres y un hombre, pero las mujeres eran el matrimonio....no, no entendí. —admite mientras piensa, eso no iba con lo que su padre le había enseñado de relaciones.
— Cariño, te lo hará simple. Mis mamás eran lesbianas, mi papá hétero pero soltero y me tuvieron y me aman y todo bien. Tan sólo te pido que no hagas ese comentario frente a Nora, suele ponerse sensible a ello.
— Según mis padres eso no estaría bien.
— Cada uno tiene su pensar, sólo te pido respeto hacia ella Stay. —dice casi dormido.
— Yo digo que mientras te quieran está todo bien. —apenas sonrió, pensó en un momento en lo de su mamá fallecida. Nunca pensó que hablara tan fríamente de algo así.
— Yo también...pásame el inhalador de mi campera por favor. —se endereza algo pálido de nuevo.
Ella se asustó y fue rápido por la medicina, se ponía muy torpe nerviosa. Le costó encontrarla hasta que al hacerlo se le cayó de las manos y siente la voz ahogada del rubio.
— Cálmate...presta atención...
La pelirroja de mechas azules se concentró y al conseguirlo se lo dio como un rayo de rápido. Seguramente si se había puesto nervioso, se sentía una tonta por no notarlo. No era bueno que tuviera tantos ataques, más aún parecía empeorar. Luego que se calmó lo regañó como a un niño, mandándolo a dormir a la cama. Lo acompañó, no tenía hambre, ella no podía obligarlo a comer. Se quedó con él hasta verlo dormirse. Pensó en la primera vez que vi a Anthy, pensó que era alguien que sufría mucho porque en sus ojos siempre se reflejaba eso. Al parecer la joven nunca se equivocaba, esa intuición de loba herencia de su madre era lo más fiable que poseía. Se acurrucó a su espalda, quería asegurarse que él se quedara con ella esa noche y durmió a su lado.
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Mientras en un monoambiente estaban también dos buenos amigos, ella tenía dolor de cabeza por lo que se tomó la tercer pastilla del día. Se acostó en su sofá-cama aún no armado y sintió la mano del sádico de ojos negros, como ella le decía.
— No tienes fiebre, pero si se te siente acalorada. ¿Sólo te duele la cabeza?
— No...me estoy cocinando de adentro hacia afuera, idiota, sólo me duele la cabeza no molestes. —tomó la única almohada y se la colocó sobre el rostro.
— Si sigues de mal humor será pero Sim, no ganas nada con quejarte.
— Cállate.
— Bien, bien, si eso te tranquiliza. Eres odiosa.—dice molesto sacando un cigarrillo.
— Habló el príncipe encantador. —sarcástica— ¿Por qué no te vas de una buena vez?
— No se me antoja.
— ¿Qué no se te antoja? —le tiró el almohadón y luego toda despeinada y de poca paciencia le dijo con un tono amenazante— ¡Vete de aquí maldito marica!
El joven se levantó sereno, la miró como despreciándola y se dirigió a la puerta. Pero antes de irse tenía algo que decir.
— ¿Te han herido mucho de chica verdad? —asertivo y cruel como siempre, abre la puerta y la cierra con cuidado mientras escucha un grito de su interior.
— ¡¡Maldito imbécil!!
Exclamó la joven antes de caer en el sofá, se sentía mareada, con náuseas y el continuo dolor no la dejaba moverse. Ya cuando sintió que podría desmayarse, por tener la presión por el piso decidió llamarla. Era la única, fuera que le daría un sermón de medio Génesis, en quien confiaba cuando se sentía así de mal. La amiga en quien más confiara aunque jamás nadie tuvo la oportunidad de verlas como tales. Al terminar de mandar el mensaje, sólo esperó unos segundos y ya tenía respuesta:
Voy en camino, quédate acostada.
No pensaba llevarle la contra, o más bien, no podía. Sintió la puerta abrirse, sabía que tenía una copia de la llave. La vio entrar, ya tenía esa cara de preocupada que le bajaba el ánimo a Simón. La levantó y tomó su muñeca, no era necesario con verle la falta de color era suficiente. La recostó por completo, elevó sus piernas para que corriera la sangre de vuelta con más facilidad y le dio un vaso con sal. Se quedó un poco a su lado, notó que empezaba a sudar frío.
Tomó su cabeza y la colocó en sus piernas, le acarició el cabello esperando por calmarla mientras le hacía efecto lo que acababa de darle. En un momento siente que le toma la mano con fuerza. La joven de ojos marrones le dice:
— Me gustan tus manos Caroline.
— Siempre te han gustado, ¿mejor?.
— Bastante, gracias por venir.
— ¿Te has hecho ver? Esos dolores ya son crónicos. —dijo preocupada pero sin más sabía que la ignoraría. Simón siempre prefirió curarse sola, pero no era consciente de que podría ser grave.
— Estoy bien, es mucho trabajo, la revista me tiene loca y últimamente siento que en lugar de ayudar al hipocondríaco lo empeoro.
— No digas eso, él sabe que lo intentas, además tu sabes que es por su enfermedad. No es que lo provoque alguien.
— See....
La argentina no se sentía bien al mentirle así a Carol, pero lo había jurado, no tenía opción. Sólo en una cuestión de vida o muerte, quizás debió enterarse del incidente de Anthony antes y aprovechar pero ya estaba bien cuando se lo contaron. Al sentir como le tocaban el pelo sintió que se dormiría justo así, y así pasó. La hindú al darse cuenta se puso como loca al principio pensando en todo lo que aún debía hacer, sin embargo no tuvo el valor para despertarla y dejarla sola. Sabía por demás que era muy sensible, igual que Anthy pero como una versión tosca y terca. Apenas si se acostó sobre el respaldar y con el control puso play al equipo de su amiga.
Quiero conocerte
Cambiarías un poquito de mi suerte
Sigue la corriente
El impulso de tu piel nunca te miente
Oooh!
El disco de mi mente
Se re siente con tu corazón
"El disco de tu corazón"
"El disco de tu corazón"
— Con todos los CDs buenos que tiene, de metal, de rock, de alternativo, de punk...¿tenía que tocarme justo este? Qué vicio que tiene con esa banda últimamente, encima no entiendo nada y es super chillona la chica. — rezongó la morena mientras su pie iba al ritmo de la música, cabe aclara que para ella, todos los cantantes de ese grupo son mujeres porque no distingue y no pregunta.
Se quedó un rato hasta que se hizo tarde. Con cuidado se la quitó de encima, la dejó tapada y sólo pidió porque estuviera en una pieza a la mañana. Se marchó del departamento, cerró con llave. Sintió un olor extraño, un perfume que conocía, miró hacía abajo de la escalera. Sin duda era Joseph, se le acercó bien enojada y presumida como cada vez que tenía ganas de pelear. No se olvidaría de esa noche y su respuesta tan fácil.
— Se puede saber qué haces aquí.
— Vengo a ver a Simón, no te incumbe. — dijo serio y pasándola de largo.
— Ella ya está dormida y te recomiendo que no la molestes. Sería lo que faltara, que además de poner mal a Anthy te la agarrarás con Simón también. —entonces siente como la tira del brazo y la aprisiona contra la pared. Ella forcejea para escaparse pero era muy fuerte y llegó a asustarla.
— Mira Carol, no me molestas, por ahora. Lo que yo haga con Anthony o con Simón no te importa, sólo quiero que sepas que todo lo que pasa es a voluntad de ellos, yo no los presiono a nada.
— Es difícil de creer si "hablas" conmigo de esta forma. — la suelta y la hindú no hace más que mirarlo con bronca y escupe palabras— Creí que eras su amigo, el de ambos, pero si a ti no te importa cómo estén no es mi problema. Pero ellos sí lo son, yo los quiero y no permitiré que las hagas algo malo. Escúchame bien, una cosa más relacionada a ti con Anthy o Sim y juró que lo lamentarás...
— Por favor, los dos sabemos que sólo lo dices porque no quieres verlos. Ellos son así, yo no los creo, además jamás dirán nada contra mi, saben que tengo razón. —sonrió de lado y entonces tomó el ascensor— Que te diviertas bajando escaleras, ojalá te haga pensar un poco.
Se burló y cerró la puerta dejándola sola en un décimo piso. Carol respiró profundo, para evitar pensar en sus deseos de asesinarlo y comenzó a bajar. Debía hablar con Anthy, pero aún estaba débil para tomarlo con cosas así. Luego pensaría en Sim, aunque no le preocupaba mucho, ellas eran plenamente honestas entre sí...o eso creía saber.
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viernes, 2 de septiembre de 2011
El Instinto Prohibido
En medio de la noche se
podía observar su figura solitaria, retozando sobre la reja gris de su
casa. Nada ni nadie la podía despertar
de esos sueños efímeros bajo el frío del
manto nocturno.
El humo de su primer
cigarrillo del día se enredaba como un hilo invisible que enlazaba sus ideas e
ilusiones, ideas que en poco tiempo se
transformaban en simples recuerdos de un mundo inexistente. Joe Monroe un
hombre sin moral, ni metas, ni vicios, ni nada. ¿Cómo podía ser tan distante y
a la vez tener amigos por montón?
Verán, Joe, era un chico
inteligente, que sabía cómo se manejaba la gente y el mundo en el cual vivía.
Dentro de poco tiempo logró hacerse conocer, más que amistades, él las llamaba
“alianzas” y conocía perfectamente su utilidad. Media población lo saludaba al
pasar pero sólo con la mano eran las personas que lo conocían algo más allá de
esa máscara que tanto trabajo le daba para hallar su lugar en esa intrincada
sociedad en donde estaba obligado a desarrollarse.
Pese a su perfil alto y
actitud supuestamente fiestera y despreocupada; era alguien inteligente y
astuto, tanto que a veces daba miedo
pensar qué se le cruzaba por la mente. Nadie podría imaginarse el tipo de
persona que era, que deseos tenía ocultos de la luz y salían en las mismas
sombras donde eran engendrados.
En la calle se presenta una
segunda sombra, él la conocía mejor que nadie, que cualquier cosa. Va y lo
saluda muy formal, estaban en la calle no podía confiarse del lúgubre aspecto
natural. Alguien podría verlos, el hombre que más odiaba y el hombre que más
amaba, así los describiría la gente si supiera lo que pasaba detrás de su
distancia y diferencias. Y ese era su secreto mejor guardado.
Anthony se llamaba, su
cabello rubio se destacaba entre las luces de la calle y sus ojos grises se
perdían en la tristeza que invocan al verle detenidamente. Él complementaba a
Joe.
Ambos compartían un pasado y una
transformación que iba más allá de lo que se puede escribir, de lo físico y lo
ordinario. Ellos se conocían hacía años, sabían quiénes era y qué querían,
aunque el mundo siempre les complicó su pasaje por el mismo, jamás se rindieron
ante las dificultades y verlos allí, nuevamente desafiando a lo establecido,
nuevamente encontrándose entre los murmullos y el silencio era admirable en desde
cierto punto de vista.
Joe aún creía en la
subsistencia de ese estilo de vida, ese era su mayor error, siempre pensando
por su cuenta olvidando los sentimientos ajenos, como si su realidad fuera
ajena de aquellas personas que eran parte de sí mismo. Fue de esta forma que la
vida cómoda y predecible comenzó a salírsele del control que tan acostumbrado estaba a poseer
y su carácter lo hizo notar.
Anthony, Anthy, como la
mayoría lo conocía era alguien que hacía unos años no fue más que el 9 del
millón. No tenía muchos amigos pero igual era algo bastante alejado, nadie
podría nunca llegar a su verdadero yo, ese que aún soñaba con ser un niño y
volver a as épocas sencillas; podría
decirse que era muy melancólico en el fondo.
Ambos compartieron una
infancia muy complicada para uno de ellos por sus padres tan peculiares, mejor
dicho por sus madres. Exacto, Anthy había sido criado por dos mujeres a las
cuales siempre amó con gran devoción, fue este quien recibió insultos y más de
una pelea por defender ese sentimiento y estilo de vida que eran normales para
él. Para su suerte no estuvo solo.
Fue de esa relación de
protección y en parte dependencia que el rubio se fue sintiendo cada vez más
propio de su amigo y su amigo cada vez más dueño de él. El día en que se correspondieron
sin vergüenza entre ellos fue mucho después del primer beso de ambos, aún así
siempre fueron ellos su primer beso.
Anthy fue un niño muy
tranquilo pero emocional, con sus dos madres aprendió lo que era el cariño; Joe
en cambio era brusco y a veces violento para expresar lo que sentía, pues su
padre sólo le enseñó la parte práctica de la vida y olvidó los sentimientos.
Nadie conocía esa
“amistad”, o quizás, había alguien para cubrirlos y darse espacio aún sin poder
nunca ser capaz de enfrentarlos. Ambos la utilizaron y ella se dejó usar, más
bien utilizar, sabía bien que en la ciudad y bajo las reglas que vivían sería
mejor que los protegiera de ellos mismos y de esa forma podrían seguir juntos.
Con una relación falsa, pero juntos.
Ella, se llamaba Carol, y
era el punto del triángulo. La mejor amiga de Anthy y cómplice
incondicionalmente de Joe. Siempre iba a jugar con Anthy por las tardes porque
sus padres trabajaban. En ese entonces ella ignoraba la situación del rubio y
sólo se preocupaba por sus muñecas y que no le rompieran sus juguetes. Fue en
una de esas tardes que conoció al tan nombrado Joe, del cual su amigo se
desvivía por alabar ante su actitud tan valiente y extrovertida.
Su primera impresión al
verlo fue la de asombro. Su porte tan altiva, sus ojos tan atrevidos y esa
sonrisa ambigua entre pervertido y méndigo. Quedó perdida en su persona, fue la
primera vez que no le importó nada más que ver, conocer y estar con ese chico.
Tan idiotizada quedó ante su presencia que se olvido del rubio y entonces no se
percató en muchos años de la actitud cariñosa que se tenía.
En el presente Carol estaba
entre los dos mundos de sus amigos, dividida entre el placer carnal y la
comprensión emocional. No podía juntarlos, no podía estar con ambos, sólo era
una sombra de ella misma en frente de las dos personalidades que la rodeaban.
Anthy y Joe separados, separaban a su vez a Carol.
Y allí estaban los dos
mundos, viéndose firmemente mientras uno invitaba al otro a su departamento.
A esa hora, hora muerta le
decían, porque sólo las ánimas o los búhos estaban despiertos y conscientes de
lo ocurría en aquellos pasillos lúgubres y fríos de la noche. En un momento al
rubio le atacó un fuerte sentimiento de ansiedad y miedo, pero no estaba muy
seguro de si era por el lugar en que estaba o por lo que sucedería. Joe le
dedicó una mirada cómplice y entonces le tomó la mano por unos segundos para
hacerlo pasar a su casa. Las cortinas corridas, una que otra prenda por el
piso, el indiscutible olor a perfume 212 que siempre lo caracterizaba al
pelirrojo.
Se sentaron en el sillón y
sin aviso alguno Joe “atacó” a su amigo, se lanzó a su pecho y comenzó a
besarlo de forma desesperada. El rubio al principio se sintió algo sensible
ante ese contacto pero luego supo corresponder con la misma pasión. Podía
sentir la respiración de él sobre su rostro y eso lo tranquilizó. Las luces se
apagan, se sienten ruidos y un golpe, un grito…nada.
A la mañana siguiente Anthy se paseaba por la calle mientras intentaba parecer erguido, sentía mucho dolor pero jamás lo admitiría, en parte porque ignoraba el dolor con su mente, tan obstinada en dejar pasar todo.
Llegó a su departamento y
verificó que su compañera aún estuviera dormida. Claro, era pequeña en su
comparación y de sueño pesado para su fortuna. Él se fue a su cuarto y se
desvistió con lentitud, al costado de su pecho tenía un gran moretón que lo
hacía retorcerse de dolor al apenas rosarlo con sus dedos. Se curó con lo que
encontró y luego se colocó unas vendas para no lastimarse al acostarse. Se tapó
con las sábanas mientras intentaba calmarse un poco para poder conciliar el
sueño, sólo le quedaban tres horas para descansar.
Stacy se levantó y se fue a cambiar con una cara de
dormida total, se le cayeron los cepillos y el peine al suelo. Una vez que se
terminó de vestir fue a la cocina y puso la tetera para poder desayunar con
Anthy, pero para su sorpresa éste aún no había despertado.
Fue al cuarto con su mejor
cara de traviesa, se había dispuesto a molestarlo y darle una feliz mañana. Se
acercó casi sin hacer ruido y entonces se tiró en la cama a su lado y lo abrazó
mientras le decía en tono alto:
— ¡¡Arriba Anthy!! —le revolvía el cabello con entusiasmo cuando de pronto siente que Anthy se estaba quejando por lo bajo y aún con los ojos cerrados se notaban que algo le pasaba— ¿Anthy pasa algo? ¿Te hice mal?
Ella lo miraba preocupada y le da espacio mientras lo ve levantarse y tomarse el costado del cuerpo para apoyarse en él y apenas dar un profundo suspiro.
— Nada sólo un golpe que me di ayer y aún me duele, tranquila estoy bien. —le dedicó una sonrisa a media y se levantó— Ya déjame vestirme.
La joven no dijo nada y sólo se fue, últimamente más que torpe parecía sumamente torpe para darse tales golpes solo, pero tampoco había razón para que nadie le pegara y mucho menos que Anthy se dejara golpear por nadie. Eso pensaba Stay, cuando al asomarse por la puerta notó la gravedad del moretón y fue a la heladera por un saché de esos que el rubio guardaba para sus medicinas y sin permiso ni nada entró y abrazándolo le colocó con cuidado el saché frío; esperaba porque la retara pero no fue así. Él se dejó atender de esa forma y rodeó sus brazos con los de ella. Bajó la cabeza y respiró con profundidad. Después de un rato se recostó y sintió el tono preocupante que no quería despertar en su amiga.
— ¿Cómo te golpeaste?
— Nada sólo un descuido, en serio, no es nada. Ya no me duele. —se le acerca y le besa
la frente con cuidado, luego se pone la remera y busca su mochila— Debo irme o llegaré tarde, yo cocino hoy, nos vemos Stay.
La chica se queda sola en la habitación azul, ¿por qué se sentía tan mal? ¿Por qué tenía ese sentimiento de impotencia? Como si fuera su culpa, siempre pensaba eso, cuando en realidad ella era quien lo salvaba la mayor parte del tiempo. Si ella no viviera con él, seguramente no sólo serían unos golpes las consecuencias de sus salidas clandestinas al barrio de los gatos.
El rubio aún se estremecía,
jamás se quejaba pero ese frío tan intenso y tan de golpe lo había logrado
despertar. Tenía que ir con Carol, seguramente le podía dar algo que le
permitiera andar sin sentirse sensible hasta en la brisa serena del verano.
Una vez en la casa de la
india se dispuso a pedirle algún analgésico con la escusa que se había caído
patinando. La joven lo miró expectante, no le creía ni que había patinado, eso
hacía años que lo había dejado. O eso creía, igual sabía que podría ser verdad,
pero en cuanto a lesiones ya no estaba segura de nada. No le podía negar su ayuda,
sabía de su enfermedad era grave y la culpa no le permitía emitir queja alguna.
Fue por un inyectable, sabía que ya no existía píldora para sus dolores
crónicos, le dijo lo de siempre:
— Ve a un médico, recuerda que no me gradúo hasta dentro de unos meses. —apenas sonríe mientras aprovechando la posición en que estaba lo abraza y le sube la remera pero es detenida.
— ¿Qué estás haciendo? —dice intentando parecer ofendido.
—Nada sólo te abrazo Anthy, te quería hacer una caricia, últimamente sólo vienes para buscar drogas o vendajes.
— Ohh…lo siento Carol, yo estoy algo sensible. Lamento que te sientas así, yo nunca te usaría, soy tu amigo y yo…—tenía un extraño tono en la voz como si quisiera contarle o que Joe le hacía todas las noches sin descanso, pero siempre estaba ese “te quiero” que lo detenía y lo hacía sentir la peor mierda del mundo— Yo, lo siento.
La joven se sacó el flequillo de la frente para mirarlo por completo, ¿por qué siempre se menospreciaba tanto? Era tan evidente, que a veces se preocupaba porque fuera él mismo quien se lastimaba de esa forma. En el último mes había llegado casi todos los días con algún dolor distinto. Desde moretones, cortes, a falta de aire y lo más preocupante eso, porque él con el asma no debía tomarlo a la ligera.
Fue a su lado y le colocó
una mano en el pecho, estaba agitado como lo supuso. Ella sabía que Anthy tenía
muchos secretos, en dónde iba cuando desaparecía o le decía a su compañera que
estaba con ella cuando no era así. Lo respetaba pero temía porque fuera mucha
presión para alguien como él.
— No tienes que contarme todo, pero por favor, no te lastimes más. —en ese momento la personalidad “blue” salió de adentro de Carol, la pesimista que temía perder a quienes amaba y no ser suficiente para ayudarlos, tenía miedo de saber lo que le pasaba aunque sabía que nunca confiaría en ella y eso le provocaba mucha tristeza porque ella le había contado todo, siempre. — Eres un tonto, un tonto con suerte que te quiera. ¡Yo estoy harta de verte así! ¡De tener que ser yo siempre quien te cure para ocultar tu dolor!¡ Tengo miedo que un día no llegues a mi casa, que no puedas llamarme y sólo yo podría decir…que fue mi culpa no ayudarte, ¿no confías en mi?
En cuanto terminó su pregunta, ya no quería gritar, ya se sentía mal por lo que había dicho. No había tomado sus medicinas esa mañana aún y se sentía muy susceptible a las dudas que cambiaban su humor. Se sentó en una silla de su cuarto y comenzó a llorar con real sentimiento. Definitivamente era la Carol blue.
Anthy la miró y casi llora
él también, no pensó que ella pensaba así. No quería hacerla responsable de lo
que le pasara. No sabía que decir, porque de dar palabras de consuelo tendría
que explicar y eso no lo podía hacer ni siquiera para hacer que su mejor amiga dejara
de llorar. Fue hacía la puerta y apenas estaba por salir le dijo con un tono
bajo mientras tomaba su inhalador ya que se sentía venir uno de sus ataques.
— No te preocupes por mí, estaré bien, no te molestaré más ni dejaré que lo hagas. Yo confío en ti, mucho más que en cualquier persona pero esto es algo que sólo te lastimará más y yo no lo puedo permitir. Prefiero sufrir solo.
Se fue de la casa y en medio del pasillo sintió como corría para alcanzarlo. Lo tomó del brazo y lo abrazo pero este se la quitó de encima con cuidado para entrar rápido al ascensor y dejarla. Ante este gesto Carol no pudo sino sorprenderse, ella no quería eso, debía cuidar a Anthy lo quisiera o no. Fue a su departamento intentando secarse las lágrimas. Mientras en el ascensor el rubio de apoyo contra el vidrio y se pasó una mano por la cara, no podía creer que fuera tan idiota. Usa su inhalador, estaba nervioso.
En el campus Joe estaba con su grupo de amigos cuando lo ve a lo lejos a sus dos supuestos ex-amigos separados en el almuerzo, esto le sorprendió porque comúnmente eran inseparables. Por alguna razón esto le preocupó. Al volver a clases le mandó un mensaje a Anthy para un encuentro en el baño. Ambos pidieron el permiso y una vez en el lugar éstos se vieron con angustia.
— ¿Qué pasó con Carol?
— Nada, sólo nos enojamos pero estará bien por ahora. —se apoya en uno de los lavados— No quiero preocuparla, es complicado de explicar algunas cosas y más aún cuando no puedo evitar ir con ella para que me ayude. Creo que Carol está sospechando, por eso me alejé un poco de ella.
— Pero es tu mejor amiga, además ella tampoco debe estar contenta con eso. Ant, arregla las cosas con Carol, es mejor que estén juntos. —nota que apenas lo escuchaba, lo aprisiona contra el espejo y entonces le dice en tono bajo— Si quieres dile, no me importa, se callará por cuidarte y me odiará a mí. No te pongas mal, te ves feo cuando estás triste.
— Joe.
El rubio lo toma de los hombros y le regala un beso. Sabía que esa preocupación era la sombra del día, después volvería el demonio de la oscuridad y ese beso sería recibido pero no con la misma dulzura que ese momento. Anthy no hablaría, no hablaría a menos que Joe lo admitiera.
Se calmaron y un poco mejor
cada uno volvió a su clase. En el próximo recreo el rubio fue con su amiga e
intentó que aceptara sus disculpas, ella aceptó, siempre aceptaba. Le tomó un
brazo y entonces se fueron a caminar juntos. La india era tan fiel como los
perros y su amigo siempre la amaría, fue su primera amiga después de todo. Eran
muy parecidos pero ambos lograban soportarse y se ayudaban sin importar nada;
por eso persistía su amistad al tiempo.
Stay llegó a su casa, sintió un rico olor de salsa en el ambiente. Fue a la cocina y vio al rubio con su delantal y en frente de una olla con fideos. A su lado una sartén con una salsa de tomate de verduras. Se le hizo agua la boca al sentir y ver la comida, cómo envidiaba ese talento que tenía su compañero para cocinar. Entonces notó que en la mesa había tres platos en lugar de dos.
— ¿Quién viene a cocinar?
— Ya lo verás, está en el baño, invité a una amiga.
— Ahh.
Entonces va a su lado para ver si podía ayudar, pero siempre era más estorbo que ayuda. Se sentó feliz en la mesa mientras prendía la televisión y ponía el canal de música, Feel Good Inc., siempre lo pasaban a la misma hora. Entonces siente la puerta del baño abrirse y ve a una joven alta y morena. La miró atenta con sus ojos celestes y le sonrío.
— Soy Stay la compañera de Anthy. —dijo amable y le ofreció la mano en forma de saludo.
— Me llamo Carol, un gusto. —le respondió el saludo y entonces la dio una buena mirada— Eres más grande de lo que creía.
— Espera a conocerla y verás lo infantil que es. —dice en broma Anthy mientras se voltea a verla.
— ¡No soy infantil! —se queja ella inflando los cachetes.
— Ya veo jajajja, es muy tierna, ¿cuántos años tienes?
— Dieciséis, aunque siempre me dicen que aparezco de doce.
Siguieron hablando hasta que el rubio terminó de cocinar. Se sentaron a comer y mientras Stay devoraba a poco más, Carol mira a su amigo y algo insinuante le dice:
— Es delgada y muy linda, me sorprende que le hayas insinuado nada aún. Ella es del tipo de chica que necesitas Anthy, alguien tierna y dulce.
Casi atragantándose con los
fideos, nervioso por esas palabras siente a la chica reír mientras él intentaba
explicarse.
—Es mi amiga como tu Carol, es muy chica además, además sería inapropiado y además… además…
Ya se había trabado mientras se sonrojaba entonces siente la chillante voz de la infantil adolescente comentar.
— Pero yo me casaría contigo, si me cocinaras todos los días claro. —tenía un fideo colgando y lo succiona sin apuro— Pero tienes razón soy muy chica para ti, estás viejo.
Lo dijo en tono de broma y
los dos comensales no pudieron sino reírse por ello. Una vez que terminaron de
comer, levantaron la mesa y mientras Stay lavaba los platos Anthy le decía a
Carol que descansaba sobre su hombro en el sofá.
— Lamento mucho haberte ignorado hoy, no tuve una buena mañana y no resisto ver llorar a las mujeres.
— Lo sé, yo no estaba muy estable tampoco, pero me alegra que confíes en mí, no importa nada siempre llámame para ayudarte sino ahí si me voy a enojar. —se acurruca a su lado y acota— No tengo ganas de irme a casa.
— Quédate entonces.
— ¿Que me quede?
— ¡¿Se queda Carol?! —preguntó curiosa la pelirroja mientras se asomaba por la puerta— ¡Qué duerma conmigo!
— No, no quiero molestar además me levanto muy temprano y te despertaría.
— No es nada en serio, quédate, si Stay duerme como tronco y yo me levanto contigo. Dale, hace frío hoy.
Era mentira, hacía un calor insoportable pero lo decía en serio. Una noche en paz no le vendría mal. La joven de ojos marrones no pudo sino aceptar su propuesta, no tenía ganas de caminar hasta su casa.
Se acomodaron, Stacy estaba
emocionada de tener una amiga, le habló mucho hasta que se durmió y suerte que
Carol era noctámbula y lo supo soportar. A eso de las dos y media de la mañana
siente un ruido en el pasillo. Se levanta sin hacer ruido, apenas se asoma por
la puerta y ve al rubio bien vestido y con claras intensiones de irse. Volvió al cuarto y comenzó a vestirse, debía
averiguar qué estaba pasando. Sintió la puerta abrirse y entonces esperó unos
minutos para salir ella y con extremo cuidado salió y bajando al ritmo de él
logró seguirlo sin que sospechara. En la calle le llevaba como media cuadra de
distancia.
Era bastante lejos donde iba, estuvo caminando como unas cinco cuadras. Cuando de pronto se da cuenta de cómo Anthy observaba las sombras a su alrededor, se asustó y entonces hizo como si doblara en la esquina y estuvo más precavida. Lo que vio después no tuvo nombre. Sus ojos quedaron abiertos de sorpresa y desconcierto. La persona con la que Anthy se encontraba cada noche era…era…Joseph. Pensaba que se odiaban, que habían dejado de ser amigos desde esa pelea hacía poco más de un año.
Era bastante lejos donde iba, estuvo caminando como unas cinco cuadras. Cuando de pronto se da cuenta de cómo Anthy observaba las sombras a su alrededor, se asustó y entonces hizo como si doblara en la esquina y estuvo más precavida. Lo que vio después no tuvo nombre. Sus ojos quedaron abiertos de sorpresa y desconcierto. La persona con la que Anthy se encontraba cada noche era…era…Joseph. Pensaba que se odiaban, que habían dejado de ser amigos desde esa pelea hacía poco más de un año.
Al ver sus miradas, sus
ojos, ese sentimiento y cómo se hablaban. De pronto Joe tomó violentamente al
rubio de los brazos pero éste no demostraba miedo alguno. Lo que ve Carol no
tenía nombre, se tapó la boca para no gritar y salió de ese lugar.
Si se hubiera quedado dos
segundos más hubiera podido estar, ayudar, porque lo que sucedería en esa noche
sería algo que Anthy nunca podría olvidar.
El escenario cambió, el
aire se puso pesado, él interrumpió el beso y se aferró a la camisa de su
amante con firmeza. Lo miró apenas para desvanecerse por completo. Joe alcanzó
a evitar que cayera y comenzó a pedir por ayuda, unos vecinos lo escucharon y
llamaron a una ambulancia.
Mientras volvía al
departamento de su amigo, Carol vio algo extraño en medio del camino, lo tomó y
al verlo en las luces de la ciudad su rostro mostró real miedo. Era un
inhalador, su inhalador. Intentó volver al lugar, corrió lo más rápido que pudo
pero era tarde y lo único que llegó a ver fueron las luces de una ambulancia
alejarse con apuro. En la calle, desolado y cabizbajo estaba un pelirrojo con
una mecha negra en su cabello. Este miraba deprimido.
La joven se le acerca y lo
toma de los hombros sacudiéndolo, mientras con mucha angustia y al borde del
llanto le grita y pregunta a la vez:
— ¡¿Qué le pasó?!¿¡Dónde está!?
— Él tuvo un ataque.
Ella se queda mirándolo, parecía tan sínica su expresión, su sonrisa. Le daba asco pensar que alguna vez se había acostado con un tipo así, se voltea y comienza a correr hacía el departamento para buscar sus cosas e irse de inmediato al hospital.
Entra con apuro y ya sin
cuidado de no hacer ruido. Busca sus cosas y llama a un taxi, cuando estaba
todo listo siente una voz a su espalda.
— ¿Carol?
— Stay, pequeña, quédate aquí yo tengo que ir a hacer unas cosas. —intenta llevarla
de nuevo al cuarto cuando la siente decir.
— Anthy no está, ¿dónde está?
— Él no se sentía bien y voy a ver si lo puedo ayudar ¿sí? Tu vuelve a dormir, estará todo bien pero tú debes quedarte aquí.
— ¿Dónde está Anthy? —al oír que no se sentía bien se despertó y entonces muy preocupada dijo— ¿Otra vez se lastimó? Déjame acompañarlos.
— Lo mejor que puedes hacer es quedarte, por favor linda, no lo hagas más difícil yo volveré al mediodía a ver cómo estás.
Al parecer la pequeña era infantil pero no tonta, ella también sabía lo de Anthy, se quedó con duda de dejarla sola pero al final hizo eso. Salió por la puerta y bajó por el ascensor. Tomó el taxi y mientras rezaba por que estuviera bien sostenía el inhalador con fuerza rogando:
— Que no llame, que no llame, que no llame.
¿Por qué había tenido que llamar a la suerte? Con todo lo que había dicho ese día, le era imposible no decir que había sido la mensajera del próximo acontecimiento. Del ataque de Anthy, quizás no debió meterse en su vida. Pero aún así, ¿se hubiera enterado?, quizás si no hubiera sido tan molesta con él no hubiera estado distraído y perdido su inhalador en medio de la calle, quizás si ella se hubiera ido al cuarto de él habría podido evitar que se fuera, quizás, quizá, quizás. Ésos quizás ya no tenían cabida en la realidad. Lo hecho, hecho estaba y ahora tendría que asumir las consecuencias. Aún algo shockeada por lo que había presenciado, esa muestra de amor de Anthy ante otra persona y no sólo de amistad la llena de dudas y en parte envidia. Después de todo, ella había dejado a Joe para estar con Anthy, pero como amiga ¿no? Como amigos…
Ahora
eso no era importante, le pagó al conductor y entonces se bajó mientras entraba
con apuro a las blancas salas en busca de su…de su amigo.
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Anthy, Joe, Carol, Stay,
¿creían que serían los únicos personajes? No, faltan muchos o más bien
importantes eslabones en esta cadena. Y uno de ellos es quien más quiere a
nuestro frágil rubio, la persona que lo vio crecer y con quien más lloró. Su
mamá, su Nora.
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