Es cruel pensar, que más que lazos entre nosotros son cadenas lo que nos mantiene unidos. Todos dependemos a alguien, queramos o podamos admitirlo es así.
Mi teoría, fuera de toda mi locura, es que nuestra necesidad de estar juntos, de buscar alguien con quien compartir tu vida es lo más natural que posee el ser humano moderno. El problema es que nuestros conceptos, dados por una mentalidad y cuestionamiento mayor al de las demás especies de la madre naturaleza, siempre estamos buscando razones por la cuales estar y vivir.
Lo malo es que a veces, uno no puede ver con claridad, cuando lo único que hace es pensar. Las cosas importantes siempre están a nuestro alrededor.
Sucede en esta historia, que no se piensa, que se siente. El temor es mayor.
Tira de las cadenas, los lastimas, tira de los lazos y se alejarán...ahora dime, ¿cual es la alternativa?
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Stayce estaba preocupada y sumamente enojada con su compañero de cuarto, era muy obvio que algo le ocultaba. La llegadas tarde, que nunca lo encontrara en su celular, que no le dejara más comida hecha para calentar...andaba demasiado distraído como para ser normal.
Entonces la pelirroja decidió aprovechar las cortas vacaciones para descubrir en qué estaba metido. Tomó su bolso, metió unos binoculares, una agenda y una coca cola en lata y se dispuso a seguirlo. Esperó paciente a que le dijera "me voy a ..." y salió detrás de él. Claro, no era una ninja precisamente, así que intentó ser lo más serena y callada posible. Sus ojos celestes miraban todo con atención, las calles y con quienes estaba el rubio. Notó que caminaba cabizbajo, no saludaba a nadie, cruzaba inconscientemente las calles, o sea, nada anormal a lo que ella ya sabía.
Lo vio tocar a la puerta de Carol, después de un rato nadie contestó, comenzó a caminar a otra dirección. La joven comenzaba a relatarse sola.
— El sujeto está en movimiento, probabilidades nulas, no tengo la más mínima idea de dónde estoy...ohh que linda mariposa...ya Stay concéntrate.
A sus pasos, se tomó un descanso al verlo sentado en una banca de la plaza. Ella estaba a unos poco metros, se colocó una gorra que cubrió por completo su pelo para que no la reconociera. Anthy miraba a su alrededor con regularidad, al parecer esperaba a alguien. Atenta, bajo sus gafas de espia al estilo matrix, la joven estaba soportando las ansias.
Se despertó sobresaltada, se había quedado dormida en medio de la investigación. Estaba todo oscuro, se quitó los lentes, era de noche. Entonces sus ojos se pusieron brillosos y mirando a todos lados notó la ausencia de su amigo. Estaba a punto de llorar del miedo cuando una voz familiar la llamó.
— ¿Stay? —dijo su primo mientras terminaba de comerse un caramelo, aclaración, es adicto a la azúcar y al alcohol.
— ¡¡¡Lean!!! —se le tiró encima, y como era tan flaco como ella se cayeron al piso, al parecer la falta de equilibrio era de familia.
— ¿Qué haces tan lejos de tu casa?
— Es que quería saber que demonios hace Anthy cuando está en la calle, lo seguí, pero me quedé dormida mientras esperaba aquí y me desperté y era de noche y ... —lo miró con cara de niña asustada.
— Ya, no empieces a llorar o se pego un chicle en el pelo. —dijo hastiado por su falta de sueño, era de dormirse temprano—
— ¡Gracias! —sonriendo como tonta.
Llegaron al departamento, no había nadie, Lean revisó el lugar. No le gustaba la idea de dejar a su prima sola. Aunque al parecer, ella estaba tranquila, debía de ser común. No pensaba que fuera algo muy responsable de su amigo el dejar a la pequeña hiperactiva sola. Se quedó esperando un rato, siente el ruido de una motocicleta frenar justo abajo de su puerta. Vivían en el primero piso.
Salen y ven a Anthy y Simón abajo. Lo más llamativo era que el rubio manejaba. Bajaron y al ver a los dos primos arriba se oyó una pregunta:
— ¿Qué están mirando? —agresiva la argentina como siempre, un coche cercano le alumbró su rostro descubierto, mostrando un gran moretón en su mejilla izquierda.
— ¿¡Simón que te pasó!? —gritó la pelirroja mientras bajaba tropezándose con algunos escalones.
— Me voy Ant, nos vemos, gracias por la companía. —dijo rápido, se puso su casco e ignorando a la adolescente se marchó acelerando lo más que podía.
— Anthy, ¿qué le pasó?¿quién la golpeó así? —le dijo preocupada, aún en medio de la calle mirando como la había ignorado por completo.
— Intentaron asaltarla, pero Joe logró evitar que lo hicieran...—no se había dado cuenta que había dicho su nombre.
— ¿Asaltarla? Ayy pobre Simón, aunque parece que no le importe, eso debió doler para dejarle tal marca. Supongo que la ayudaste a curarse ¿verdad?
— La llevé al hospital para que la revisarán, no es nada grave, pero las marcas son grandes. Debo llamar a Carol. —contestó.
— Mmm, si, menos mal que...—se puso atenta— ¿quién es Joe?
Anthy se sonrojó sin quererlo, no sabía porqué, siempre le pasaba lo mismo. Intentó modular sus palabras, no deseaba que Stayce conociera a Joe, y tuvo que cometer el error de mencionarlo. Entonces comenzó a subir como loco hacia el interior del departamento. Lean lo vi pasar a su lado, notando que estaba algo rojo, y con su expediente médico no era de confiar.
Lo siguió hasta el baño, donde el rubio se escondió.
— ¡Hey! ¡Idiota qué te pasa!
— Me siento...—hizo ruidos como que vomitaba.
— ¡Anthy! ¿Qué pasa? Déjame entrar. —comenzó a desesperarse mientras forcejeaba la puerta.
Siguió el juego un rato más, lo suficiente para que la pelirroja olvidara la pregunta, luego disimuló tirando la cadena del baño, se lavó el rostro y gracias a que era pálido sólo debía confiarse que le creyeran; eso no era de dudar porque nunca bromeaba con las enfermedades (o eso pensaban todos). Salió y sosteniéndose del marco de la puerta los miró.
— Necesito sentarme. —se tomó la cabeza como cansado.
— Ya ven, yo te llevo. —Lean le pasó un brazo por el hombro, lo llevó hasta la sala— Hermano, a veces me asustas.
— Lo siento, creo que fue demasiado, hace mucho que no como y lo único que tomé fue un speed de dudosa fecha de vencimiento.
— Tan sano, me sorprende de ti. Stay trae agua, y algo que coma, este chico nos va a matar del susto a no ser que se muera primero.
— No digas eso. —lo retó por lo bajo la pelirroja, odiaba que hablaran de la muerte de forma cínica.
Lean se quedó la noche con ellos, la joven se quedó dormida al lado de su compañero. El chico de ojos miel los miró, era claro que se querían y mucho. Ya iban dos años que vivían juntos, pero por otro lado se preocupaba por su prima. Tener que lidiar con el chico enfermo, como así el mundo conocía a Ant, no debía ser fácil y en cierto punto temía que se convirtiera en una carga. Suspiró y estaba a punto de volver al sofá cuando escucha una voz detrás suyo.
— Lamento esto Lean, no quise asustar a nadie. No volverá a pasar, sé que nunca te gustó la idea que Stacy se quedara conmigo, aunque, he llegado a quererla mucho. —admitió mientras se levantaba con cuidado de no despertarla.
— Lo sé ruso, lo sé. Sólo cuídate más, o le tendré que pedir a mis tíos que lo reconsideren, ella es muy niña aún. También es por ti, quizás deberías pensar que debes contarle como ayudarte y eso. Del último ataque que tuviste quedó sensible...entiendo que no lo haces apropósito, sólo ten cuidado de ella. Soy la única familia luego de sus padres...
— Comprendo, yo también, sólo tengo a mi mamá y mi padre. Te aseguro que la cuidaré y no habrá más incidentes como ese. —le tocó el hombro.
— Eres muy convincente, maldito ruso.
— Sólo mi madre era rusa, ¿por qué me llamas así? —dice cansado, ese chico no era como su prima en lo más mínimo.
— Es que es inevitable, tienes la porte y te delata jajajajajja
— Es raro, sólo por eso, pero creo que tienes razón. —apenas sonríe— Hablando de eso, será mejor que llame a mi mamá, discúlpame un momento.
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Mientras un celular suena a las dos de la mañana. La joven de cabello alborotados atiende y sale con silenciosa de la habitación para no despertar a su novio que dormía tranquilo sobre su cama.
— Carol, diga. —se pasó la mano por el rostro, nadie cuerdo llamaría a tal hora.
— Soy Simón, ¿tienes un minuto? Es que necesito verte. —dijo seria.
— Sim, tu sabes que te amo, pero son las dos de la mañana y Zed está en casa. —tomó un respiro— Te diré que haremos, ven a las tres a casa y hablamos ¿si?
— Bueno, no es nada importante. —había ruido de autos a su alrededor.
— ¿Dónde estás? —pregunta más despierta.
— Estoy en casa, no te preocupes. Nos vemos, cuídate. —colgó.
La indú cansada volvió a la cama. Sin notar aquellos pasos que se alejaban de la puerta.
La chica de ojos marrones miró las luces de la ciudad, había dejado su motocicleta en un estacionamiento cercano, confiada en que Carol estaría sola. Pero en cuanto notó la falta de personas en la calle, la oscuridad entre las calles, los ruidos...un miedo nuevo apareció en ella. Miró todo, no podía moverse de donde estaba, temía volver a ser atacada. Pensó en volver, tocar la puerta de su amiga y pedirle que la acompañara. Siempre era una molestia para Carol (eso creía), no, no podía hacer eso. Se armó de valor, comenzó a caminar lentamente, tenía su celular a mano.
Todo fue bien, comenzó a pensar que estaba exagerando, sólo restaban unas dos calles y ya...cuando un ruido cerca de un callejón la hizo congelarse, cuando algo cruzó frente de ella. Era un gato, pero por alguna razón Simón no podía si no evitar que las lágrimas de su rostro cayeran. Pasó sus manos para limpiarse, y en lo último que quedaba de camino lo pasó corriendo. Le dolía la cabeza.
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— ¡Ve a hablar con Simón! —le ordenó mientras intentaba mantener sus nervios al mínimo.
— Ella está bien , deja de molestarme, idiota. —decía mientras seguía caminando por los pasillos, se sorprendía de esa actitud— Simón me confía muchas cosas, si estuviera mal me lo diría. Ya vete ya.
— No entiendes, está rara, no contesta mis llamadas, voy a su casa y nunca hay nadie. Desde el asalto me ha estado evitando y a Anthony también, tu eres la única que realmente logra sacarla de su caparazón. —se apoyó en una pared despeinándose.
— ¿Asalto?¿Qué asalto? —ahora ella sonaba acosadora, lo estaría inventando, miró sus ojos. No, era cierto.— ¿Qué le pasó?
— El otro día después de jugar, la encontré en la calle, estaba siendo asaltada por un tipo. Yo lo detuve, la acompañé a su departamento, quedó algo lastimada...pero no son esas heridas las que me preocupan. — Nunca lo son, pensó en sus adentros.
— ¡Demonios! Entonces anoche no era su cotidiana depresión, tengo que llamarla o algo....maldita sea...esa chica es peligrosa cuando se aísla. —tomó su móvil, notando que Joseph seguía junto a ella, le di como que el número estaba fuera de alcance o apagado.
— ¡Ohh Dios! Ya me cansé, mira Carol, no me importan si te caigo como una patada en las...rodillas; sólo quiero encontrar a Sim así que dime si tienes alguna idea de dónde puedo buscarla. —dice serio mientras enciende un cigarro con una mirada seria.
— Raro que te preocupe otro ser. —lanzó su mirada asesina, no le tenía confianza— No te gastes, yo iré a buscarla, si está fuera del alcance sé donde debe estar paseando.
— Es mi única amiga, además si aún no te contó del robo no creo que sea bueno que vayas tu. Sabes....mejor déjalo, seguiré buscando aunque me pierda el único fin de semana sin tarea...sigue estudiando rata de biblioteca, yo me largo. —ya se había ofendido, además que la actitud de ella chocaba mucho con él.
Ambos eran más parecidos de lo que pudieran imaginarse, la diferencia recaía en que Carol era mujer y Joe hombre, lo que los limitaba en aspectos que los hacían enfrentarse siempre. Además que las miradas de ambos causaba miedo, eran tan dominantes y protectores como los lobos alfa, y todo el mundo sabe que ese tipo de personas no eran de pasar mucho tiempo sin pelearse.
El moreno siguió su camino, aunque antes de pasar al campus decidió preguntarle a Anthy. No sabía si había hablado con ella, pero nunca venía de más preguntar.
Terminó su cigarro en lo que iba al salón del rubio, hacía tiempo no lo veía, tiempo, una semana. Pero para Joe era difícil pensar en la ausencia de él, quizás porque era lo único constante en su vida desde que era un niño.
Entró al salón y preguntó por él, una vez fuera lo miró un momento.
— Estás más delgado...mmm...disculpa, quería preguntarte si sabías algo de Simón. Está desaparecida hace días y me preocupa. —dijo mientras se apoyaba en la pared.
— Me dijo que se iría a lo de su madre unos días, debe estar allí, te daré el número de su casa si quieres. Ayer la llamé, no sonaba de lo mejor. —tomó un pedazo de su cuaderno y le escribió el número, luego al ofrecérselo le comenta— Creo que debería ir a médico, tu sabes, el examen anual por el asma y eso...
— ¿Quieres que te acompañe? —tomó el papel y lo guardó en su bolsillo.
— No...será mejor ir solo.
— Mañana a las siete paso por ti, estate listo Anthony. —miró hacía ambos lados del pasillo, se le acercó y le besó la mejilla, al separarse le susurró— Sé que no irás solo, eres muy necio en ir a los hospitales, ambos sabemos porqué.
— Gracias. —se había sonrojado, aunque su mirada estaba clavada en el piso.
— Ahh...¿qué harías sin mi? —el ego volvió a aparecer, le revolvió el cabello y se alejó.
El ruso se lo quedó mirando mientras se iba, suspiró, y pensó:
— ¿Por qué no puede ser así siempre? —guardó su melancolía y regresó a su clase.
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Mientras en una casa de los suburbios, una joven estaba tolerando los insultos habituales de su hermana menor, mientras intentaba leer algo de su trabajo cuando de pronto todo en su cabeza termina por explotar y se levanta. Sigilosamente entra al baño. Su celular suena.
— ¿Hola? —intentó disimular su llanto.
— ¿Simón? ¿Dónde estás? Pasé por tu departamento y no había nadie, no atiendes el teléfono hace días, estás aislada hasta de la escuela...—y el reclamo seguía y seguía, hasta que se da cuenta del ruido de fondo— ¿Estás llorando?
— No....no...estoy en lo de mi mamá...lamento las molestias Carol, pero no quiero hablar ahora. —corta sin más y apaga el celular.
— ¡¡Simón aún estás en el baño!! —se siente el grito de su hermana desde afuera.
— ¡Ya salgo mierda! ¡Ya salgo! —dijo mientras abría el grifo del agua para disimular, bajaba las mangas de su camiseta y se acomodaba el pelo.
Salió y nadie se dio cuenta, nunca nadie lo hacía. Suspiró y tomó su bolso, con un tono neutro le dijo a su hermana.
— Me voy, tengo cosas que hacer y en esta casa es imposible.
— ¿A esta hora vas a irte en esa moto de mierda? —la mira a menos.
— Confío más en esa "moto de mierda" que en tu capacidad cognitiva.
— ¿Mi qué? —la mira enojada, aunque en realidad no tenía idea de qué había dicho.
— Nada, idiota, dile a mamá que la llamaré apenas llegue. Chau.
— Adiós.
Siempre era la misma conversación con su hermana, y jamás sabría lo que cognitivo significaría, aún estando todo el día enfrente de una computadora. Realmente desalentador. quizás ir allí no fue la mejor idea que se le pudo ocurrir a la argentina. Subió a su moto, las luces en la calle daban un aspecto desconcertante. Acostumbrada a ese sentimiento comenzó su viaje, era una hora de camino a la capital.
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— ¿Por qué no me dijiste lo de Simón? —le dijo enojada entrando súbitamente en el apartamento.
— Ella me pidió que no lo hiciera, lo prometí y no podía... —se le acaba la voz ante la Carol enojada, realmente daba miedo, hasta sudaba.
— ¡Tienes idea de lo irresponsable que eres! ¡Habíamos acordado que con ella debíamos confiarnos esas cosas! Sabes cómo se pone y eso, ahora esta a una hora de viaje y no contesta las llamadas, ¡A-N-T-H-O-N-Y! —comenzaba a gritar y lanzar el rollo, una vez que esa etapa pasaba volvía a ser un humano racional.
-media hora después-
— ¿Qué hacemos ahora? —preguntó el rubio luego de escucharla y usar su inhalador.
— Lo único que sabemos hacer pinky, esperar a aque vuelva en una pieza. —seria.
— ¿Pink...—estuvo a punto de reírse pero la mirada de Carol lo calló a instante.
En eso que estaban sentados en la pequeña sala, mirando el televisor sin verlo suena el timbre. Stayce que era la más atenta va y atiende, hubo un silencio que incomodó al rubio por lo que se levantó y al llegar a la entrada se encontró con una desagradable sorpresa.
— ¿Qué demonios haces aquí? —dijo casi inconsciente.
— Sólo pensé que Sim podría estar por aquí, pase...pensé que estarías despierto, digo, ella no...digo...mierda. —sus ojos negros detonaron el mismo nerviosismo que el de su "amigo"
— ¿Quién es? —pregunta Carol mientras se siente que se levanta de su silla.
— Mierda. —dijeron al unísono.
— ¿Quién es él Anthy? —dijo la pelirroja asombrada, quizás era la primera vez que oía una mala palabra de su compañero.
— Él, bueno él es ...digo...se llama ...es.....Joseph, un amigo mio. —era lo que evitaba y ya, tres años sin que Stay supiera de él a la basura.
— Un gusto señorita. —dijo cordialmente el joven y le estrechó la mano de la adolescente.
— También yo, Anthy jamás me habló de ti. —sonreía como si nada.
— Si, no solemos pasar mucho tiempo juntos en realidad, sólo pasaba a ver si estaba Simón o sabían algo de ella. —dice mientras miraba al rubio de reojo.
— Ahhhh eso, llamó hace un rato, decía que había llegado. Por cierto Anthy, el mensaje era para ti.
— ¿Por qué no me dijiste antes? —le dijo sorprendido mientras se ponía nervioso escuchando los pasos de la hindú cada vez más cerca.
— Porque se me olvidó, y no pensé que fuera importante. —se va como vino tranquila a su cuarto portando sus auriculares gigantes.
— Es simpática. —puro sarcasmo por parte del joven de ojos negros— Hola pesada. —saludó con la mano a Carol que lo miraba con cara de pocos amigos.
— Hola idiota. —contestó mientras miraba a Anthy— Escuché lo que dijo Stay, vamos, quiero ver cómo esta.
— Okey, llamaré un taxi.
— Yo también voy. —se sumó Joe por su cuenta.
— ¿Qué? —estaba a punto de morderlo.
— Ya Carol, no te pongas así, Simón y Joe son amigos. —acotó el rubio mientras intentaba sobrevivir al viaje.
Se subieron al taxi, fue un viaje tenso, nadie habló y todos llevaban la mejor cara de póker posible para evitar malentendidos. Anthy miraba por la venta, Carol miraba por la ventana y Joe disimulaba ver su celular. Al llegar suspiraron aliviados por algo de aire, pero al llevar a la puerta del pequeño edificio se encontraron con una nota.
" Joe, Carol, Ant, Lean o quien sea; estoy bien....salí un rato con Fiamma. No me esperen. Simón."
Las expresiones en su rostro iban desde enojo hasta preocupación. Viniendo de la loca de Sim, podría ser una nota de burla o sólo salió a caminar. Porque, nadie conocía a una Fiamma, es más fuera de Carol la argentina no parecía tener ninguna otra amiga mujer. Cansados Anthy llamó dos taxis más, uno para Carol que vivía del otro lado de la ciudad y uno para irse él, Joe estaba cerca y dijo que caminaría. Al primer vehículo se lo cedieron a la cansada hindú, luego...no llegó ningún otro.
El rubio comenzó a caminar junto a su amigo, Joe prendió un cigarrillo, luego miró a su acompañante.
— ¿Vamos a casa?
— Si, es que me duele la cabeza.
— ¿Y eso que tiene que ver? —levanta una ceja mirándolo.
— Que me hay más paz en tu lugar que en el mio, eso tiene que ver. —siente algo en su mano.
— Tranquilo, ya pasará. —le había tomado la mano— Lamento lo de la otra noche...
— No importa, entiendo.
— Debería importarte, Anthy, yo no quiero lastimarte.
—... —guarda silencio— No me importa.
— Eres un tonto. —aprieta su mano.
— Lo sé. —se le acerca un poco.
— Estoy fumando, el humo. —lo aparta.
— Te quiero Joseph.
Al sentir sus palabras se quedó congelado, nunca lo llamaba por su nombre, sólo cuando le decía cosas como esa. No le gustaba sentirse así, algo en su interior se perturbaba cuando lo oía, algo muy similar al miedo pero cálido, molesto. Le soltó la mano, fijo su mirada al suelo y susurró.
— No seas idiota.
Anthony lo miró, siempre lo despreciaba así, pero poco a poco se había acostumbrado. Inclusive el dolor en su pecho era menor que otras veces, sentía el olor a tabaco su garganta comenzaba a molestarle. No se preocupó, cada vez que estaba con Joe se sentía así...cada vez que estaba con él estaba ahogado en palabras que nunca diría.
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lunes, 6 de febrero de 2012
lunes, 23 de enero de 2012
No estacionar
Todo estaba en silencio, algún que otro insecto merodeaba por los miles de objetos, basura abandonado. Era un depósito de cosas inservibles, nadie normal tendría interés de una un lugar así, y como bien dije, ella no lo era. Se paseaba intentando distinguir las cosas del piso para no tropezar, ni ser escuchada por nadie, aunque era dudoso. Hacía mucho calor, como siempre, llegó a donde comenzaba la bajada a la ciudad y en ese punto lo vio, su viejo y querido auto gris. Llegaba años abandonado, pero aún así impresionaba que aún conservara la pintura y las plantas no se lo estuvieran comiendo como a todo lo demás en ese recóndito espacio.
— Ahh....sigue siendo como siempre, esta cosa dura más que mi cordura... —musitó mientras se sentaba a un lado de él.
Pensó un poco, o más bien, no podía evitar hacerlo. Era tanto lo que sentía y tan poco lo que podía expresar, que de alguna forma toda esa energía dentro de ella estaba interfiriendo en su vida entorpeciendo sus tareas. Sentía su cabeza tan llena de contraposiciones, deberes, deseos e impulsos que ya casi no podía contener en sí que sabía que algún día terminaría haciendo algo de lo que cual se arrepentiría.
Miró al cielo y de forma seria aunque sentida musitó:
— Maldita luna...—miró a su lado, como si hubiera alguien, una sombra o algo, no quería estar sola y tampoco estar loca. Pero ambas eran certezas muy aferradas como para querer cambiarlas a esa instancia de su vida.
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Un chico de ojos grises corría por los pasillos, corrían tan desaforadamente que parecía desarmarse por el camino. Tenía miles de papeles con él, saltaba cada obstáculo en su camino y más de un escalón se llevó por delante al querer subir hacía el primer piso. A pesar de sus problemas de salud, no lucía muy alterado, su única preocupación era llegar a la maldita clase del profesor que más odiaba. Andaba en la cuerda floja con ese tipo, lo tenía en la mira ante una nueva llegada tarde, lo iba a reprobar por ausencias. Era un desgraciado, tan insistente como de mente tan cerrada como un obispo.
De pronto en su carrera se cruza a alguien y ambos caen al suelo. Anthony deja sus hojas en el suelo para ayudar a la otra persona que estaba cubierta de carpetas.
— ¡Dispulpe! Iba sin cuidado. — toma algunas de las carpetas mientras al verle la cara sonríe— ¡Lean! Menos mal que eras tu, mira debo dejarte o si no-
— Si no Elm te echará del salón, lo sé, ve con cuidado Ant. — el joven se levantó y lo ayudó apenas.
— Gracias, te debo una cerveza, hazme recordar.
— Claro que sí, ya que lo dices, yo te invito unos toc toc entonces.—reía por lo bajo.
— ¿Toc toc? —exclama confundido a punto de irse.
— Así le dice Simón a los tragos de vodka, tu sabes en su país-
— Ahhh okey, debo irme, ¡adiós! —dice algo nervioso y se va.
Mientras continuaba en su maratón al cuarto piso, salón 123, pensaba en que Lean y Simón no eran amigos, por lo que se preocupó sobre el tipo de relación que debían llevar. Más de una vez, los rumores y más aún los que contaba Joe resultaban en verdades incómodas. Al pequeño ruso no le molestaba la libertad de las personas en hacer lo que quisieran con sus vidas, pero cuando se trataba de sus amigos, fuera de la salud física sabía que siempre los problemas de autoestima eran peores aún que las enfermedades contagiosas. Según lo que le veían diciendo, estar con la argentina ya no era tan bien visto, aún cuando pocas personas hablan con ella. Muchos la trataban de "fácil", aunque por lo que Anthy sabía lo menos que denotaba su actitud era eso.
Entonces llegó al salón y dio un fuerte respiro, usando su inhalador.
— ¡Llegué! —dice satisfecho, cuando al abrir sus ojos nota que todos lo miraban con cara de WTF, hasta que el profesor que se tocó su bigote con esa expresión de irritabilidad que asustaba.
— Señor Lévedeb, lamento informarle que la clase empezó hace una hora, temo informarle que nuevamente a llegado tarde. ¿Es serio desperdicia su tiempo de forma tan irresponsable siempre? Es increíble. — al ver los ojos de cachorro regañado del rubio solo suspira y le señala un pupitre con enojo— Siéntese, pero no lo volveré a repetir, es su última oportunidad Lévedeb. Tiene suerte que hoy tengo buen humor.
— Me está jodiendo...— pensó, había quedado con los ojos como platos de sorprendido.
— ¡Lévedeb siéntese! —le ordenó.
El joven poco más corrió a su asiento y no dijo palabra alguna, sólo se dedicó a tomar nota....más tarde agradecería por ello.
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Carol veía por la ventana, husmeó su celular, ningún mensaje nuevo. La tecnología no era su amiga, casi todos sus artefactos andan con mente propia, pero era importante; esa vez era importante.
— Maldita sea, tendré que ir hasta su departamento. —dijo entre enojada y preocupada— Si me llega a decir que ignoró mis mensajes, se dará cuenta que mis sermones son halagos a lo que le espera.
Tomó su campera de jean de más de diez años (podrá imaginarse lo gastada pero genial que lucía) y ató su larga cabellera en una coleta. Tomó las llaves junto a un caramelo ácido que guardó en su bolsillo y comenzó a caminar por los sobre transitadas calles de Londres. Sus lentes se sol reflejaban todo a su paso, algún que otro idiota le gritaba boludeces, hasta que en un momento, un anciano que bien podría ser su abuelo le dijo algo que hubiera sido mejor lo hiciera. Carol, ya tan enojada por la falta de atención de su compañero, se frenó en seco y señalándolo mientras ponía su mejor cara de asustada gritó en medio de toda calle.
— ¡¡¡PEDÓFILO!!! ¡Qué alguien llame a la policía!
No bastó de terminar la frase que ya medio mundo estaba en frente del hombre, sin mencionar un oficial de tránsito que pasaba oportunamente por ahí. La mujer como gritó siguió su camino, al menos, alguien tendría un día peor que el de ella. Sonrió maliciosa pero duró poco, aún debía terminar el reporte y ninguno de los integrantes de su grupo le habían avisado nada. Ese día estaba cerca de matar a alguien.
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Stayce estaba escuchando música en su cuarto, ese días se había intoxicado uno de sus profesores y no tuvo clase en todo el día, así que no hizo nada ese día. Entonces mientras movía sus casi inexistentes caderas al ritmo de Dare escuchó (vaya oído ¿no?) que alguien tocaba la puerta. Sorprendida pero aún moviéndose al ritmo de la música fue a atender. Al abrir la puerta lo vio todo listo para invitarle una salida y lo abrazó con su euforia habitual.
— ¡Quiero helado! —le gritó mientras lo soltaba y le tomaba sus brazos aún bailando.
— Hey prima, sirvo para otras cosas además de comprarte helado. —dice contento mientras le seguía la corriente— ¿No está el ruso? Le prometí unos tragos y ya debería estar de vuelta del instituto.
— Ohhh Lean no seas malo...además Anthy siempre llega tarde, después regresamos y te vas con él. Por favor. — usó su carita de nena buena.
— Ya en serio, ese chico tiene doble vida o algo hoy llegaba tarde a lo del viejo morsa, si sigue así no tendrá ni la mitad de las materias aprobadas este año.
— No sé...es así y bueno, no tiene doble vida, sólo está muy ocupado con el estudio y eso. Se junta con Simón y con lo burra que es seguramente le toma tiempo explicarle. —dice odiosa al pensar en esa idiota.
— No digas eso, aunque admito, que esté con esa rara no da ánimos del asunto. En fin, vamos a buscarlo, si ayudas te compro el maldito helado. —dijo mientras se ajustaba su coleta estilo japonés antiguo.
— Wiiiiiiiii ¡Vamos! —exclamó emocionada y salió por la puerta, puso llave y lo fueron a buscar.
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El rubio andaba divagando, últimamente quería estar solo, pensar un poco en lo que estaba haciendo con su vida ustedes saben, típico psicopateo de medianoche. No había llamado a la pelirroja para avisarle de su demora. No tenía idea, estaba bien, no estaba nervioso ni nada y sin embargo aún tenía la sensación que su corazón se detendría. Algo malo pasaría esa noche, con alguien que aunque sea por efímeros momentos él quería.
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Joseph había estado jugando al billar, había sido noche de apuesta a gran escala. Gracias a su buena mano, además de métodos de distracción había conseguido un buen motín. Cuando de pronto en medio de las calles, en un callejón escucha a una mujer gritar... se acerca hacia donde sentía y ve un ladrón encima de su victima... no era sólo un ladrón...
Se acercó despacio, tomó un pedazo de ladrillo bastante grande de una construcción a su lado y entonces se le arrimó hasta darle con el objeto en la cabeza dejándolo inconsciente. Notó que la joven estaba congelada del miedo. Joseph corrió a ella y entonces le quitó el tipo de encima y la levantó para llevársela de allí.
— ¿¿Está bien?? ¿La lastimó? Señori...—le ve el rostro cubierto de lágrimas, era Simón la joven. Siente que lo abraza con fuerza mientras apenas podía creer la "coincidencia" del momento.
Se fueron alejando de a poco, él no la soltaba, ella no dejaba de llorar. La llevó a su casa, antes de irse la revisó, al paracer llegó a tiempo pero la había golpeado mucho en el rostro. Uno de sus brazos estaba sangrando, aunque no tenía por seguro que fuera por el atacante. Le ofreció llevarla a un hospital o algo, ella se negó.
— Estaré bien, no te preocupes. —dijo temblorosa— Vete.
— ¿Qué hacías sola por esos lugares?¿Sabes qué hubiera hecho ese hijo de puta si no te hubiera escuchado? ¿¿Simón?? ¿Me escuchas? —dijo preocupado, raro en él, lo demostraba.
— Nada...tengo miedo...Joe yo —se limpiaba las lágrimas de sus ojos intentando mantenerse seria y firme, parecía una leona furiosa pero herida— ...¿quieres quedarte?
— Por supuesto que me quedaré, idiota, quédate ahí mientras busco algo para curarte la herida.
— Busca en mi armario del baño, ahí hay cosas para eso...—musitó apenas, le empezaba a doler la cabeza.
— Bien.
Se fue a buscar lo que necesitaba, llevó hielo pero ella decía que no sentía dolor, a veces lograba asustarlo. Le tiró ese maldito flequillo de los ojos, uno lo tenía rojo, seguramente lo tendría morado para la mañana. La recostó sobre él, abrazándola mientras le enfriaba un poco las ideas. Cuando la sintió dormida apagó el velador a su lado y en la oscuridad susurró:
— No me asustes así...
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Anthy estaba frente a la puerta del departamento de Simón, quería tocar, verla...pero sería molestarla. Eran sólo presentimientos, sólo eso.
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Tocaban la puerta incesantemente, la pequeña pelirroja se levanta, choca algunos objetos en su camino y llega a atender.
— ¿Está Anthony? —pregunta seria.
— Buen día, me llamó Stacy Pot, y no él no está. —dijo enojada mientras se fregaba los ojos, como odiaba levantarse temprano.
— ¿No deberías estar en la escuela fosforito? —le dijo mientras seguía mirando hacía afuera— Ya que, lo encontraré por la tarde.
— Simón, Simón....¡¡Tienes razón debería estar en la escuela!! —dice mientras vuelve a su cuarto y comienza a vestirse, se confundió de día.
La mujer se queda en la entrada, no podía existir un ser tan despistado, aunque ella de joven tampoco era la más atenta. Dio unos pasos al interior y le gritó:
— ¿¡Quieres que te lleve?! Tengo mi motocicleta y me queda de paso.
— ¿En serio? —la mira seria mientras se pone la mochila— ¿Qué quieres a cambio? —desconfiada.
— Nada, por ahora nada, tómalo como que me debes una pero vámonos ya.
La toma del brazo y salen poco más corriendo. Le ofrece su casco, la argentina llevaba lentes de sol, eso le bastaba, además de que tenía el ánimo por el piso para pelear con la pequeña entonces.
— Gracias Simón.
— No importa. —se aguanta un grito al sentir los brazos de la joven sobre su cintura.
— ¿Estás bien?
— Si, si, sólo me duele un poco la espalda, anoche me quedé dormida sentada. —mintió mientras aceleraba como haciendo catarsis por ese lado.
Llegaron bastantes despeinadas, Stayce le agradeció y se fue corriendo a su salón. Mientras la morocha admiraba el paisaje, cuando una voz a su espalda la deja congelada. Se voltea, cuando ve ésos ojos grises sobre ella, cómo le sonreía...Simón se perdió...
— ¡Hey Simy! No puedes estacionar allí jajajaj
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— ¿No sabes nada de Sim?
— No, ¿por qué? —le dice preocupada mientras termina su sándwich.
— Nada, sólo decía, hace días no la veo. —el rubio lucía distraído.
Carol le pasa una mano por la espalda para sacarle la tensión. Terminan de almorzar pero antes de volver a sus salones le dice muy segura.
— Iré a verla, te aviso. —le hace un gesto con la mano y se despide.
La indú no era por olvidadiza, estaba llena de trabajo, esas alturas del año la volvían loca. Pero su amiga la llamaría, siempre lo hacía. Camina por los pasillos cuando siente a alguien tomarla de los hombros, algo desorientada siente que la abraza, al mirarle el anillo sonríe sin medirse. Le corresponde el gesto y siente un suave beso en su mejilla.
— Caroline. —dice dulce mientras la suelta algo avergonzado, se había emocionado tanto en verla que se dejó llevar.
— ¡¡Zed!! ¡Volviste! —dice mientras lo abraza.
— Mmm...si, regresé antes, bueno me tomé la semana para venir y ver a mis padres y a ti...y eso...y Carol...la gente nos mira. —dijo nervioso por su timidez natural.
— Están celosos, no sabes cuánto esperé por volverte a ver.
— Yo también, dime, no quiero molestarte...¿te esperó en tu lugar o el mío?
— Mejor al mío, tengo muchas cosas que contarte. —lo despide con un beso y se va rápido.
Lo que Carol no previó, por la inesperada sorpresa fue que olvidó lo que le había dicho a Anthy. Tan sólo dejó de preocuparse, aunque quizás las cosas se sabrían con o sin la ayuda de la joven.
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— ¿Crees en el Karma?
— Si, Nora me enseñó y diría que si,
— Entonces, si a una chica la ataca un tipo es por karma.
— Joe eso no tiene nada que ver con el karma.
— Tan sólo responde.
— No, no es por eso, seguramente mala suerte pero no karma...—lo mira con duda.
— Ayer salvé a una chica de un ladrón. —dijo mientras su voz dejaba de tener la presencia de siempre.
— Eso es bueno.
— Aunque no sólo le quería robar, si sabes a lo que me refiero...
— Si, pero eso no importa tu lo evitaste y es..
Entonces el mayor se le sube encima, pone sus brazos a los costados del cuerpo del rubio, lo mira con unos ojos distintos a siempre que terminaban en esa posición. Anthy abrió los ojos algo asustado de esa reacción, en parte porque estaba demasiado expuesto para su gusto. Tener discusiones sin ropa era algo peligroso con humor tan cambiante como el de su amigo.
— No fue suficiente Anthony, ella quedó muy mal, lloró...hacía años no la veía llorar. Anthy yo...yo...
Los ojos negros de Joseph brillaban de bronca, lo de Simón lo terminó afectando más que a ella al parecer. Odiaba sentirse impotente, ver como algunas trataban de esa forma a personas tan buenas, el como él mismo perdía el control a veces. Entonces perdido en un mundo que no le permitía ver la realidad siente al joven debajo de él abrazarlo con fuerza. Se dejó reconfortar, a veces le costaba creer, que alguien tan bueno como Anthy pudiera amarlo...aún cuando ni una sola vez se lo demostró como debía.
— ¿Fue Simón verdad? —dice por lo bajo mientras lo sentía respirar sobre su hombro.
— Si.
— Siempre es por ella. —sonaba algo resentido en ese instante, pero sus palabras siguientes tenían su amabilidad innata— Me quedaré un rato más así.
— Yo también.
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Muchos sentimientos estaban saliendo a flote, porque siempre estamos compitiendo, estamos temiendo por perder cosas que ni siquiera tenemos la certeza de poseer. ¿Qué sucede con el orgullo?¿El sentido común?
Las estatuas comienzan a quebrarse, los pájaros parecen no cantar por desgastar su voz...
¿Puede molestar la felicidad?¿Egoísmo?
O quizás el cambio asusta tanto, que con tal de mantener la "normalidad" en nuestras vidas preferimos herir a quienes queremos. Ser fuerte para dejarlos ir, aún sabiendo que podrían no regresar, es una de las cosas que más nos cuesta aprender...pero nos transforma en mejores personas y se aprende a amar de formas que nunca hubieras imaginado.
A veces son los árboles, tan frágiles como sus hojas.
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— Ahh....sigue siendo como siempre, esta cosa dura más que mi cordura... —musitó mientras se sentaba a un lado de él.
Pensó un poco, o más bien, no podía evitar hacerlo. Era tanto lo que sentía y tan poco lo que podía expresar, que de alguna forma toda esa energía dentro de ella estaba interfiriendo en su vida entorpeciendo sus tareas. Sentía su cabeza tan llena de contraposiciones, deberes, deseos e impulsos que ya casi no podía contener en sí que sabía que algún día terminaría haciendo algo de lo que cual se arrepentiría.
Miró al cielo y de forma seria aunque sentida musitó:
— Maldita luna...—miró a su lado, como si hubiera alguien, una sombra o algo, no quería estar sola y tampoco estar loca. Pero ambas eran certezas muy aferradas como para querer cambiarlas a esa instancia de su vida.
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Un chico de ojos grises corría por los pasillos, corrían tan desaforadamente que parecía desarmarse por el camino. Tenía miles de papeles con él, saltaba cada obstáculo en su camino y más de un escalón se llevó por delante al querer subir hacía el primer piso. A pesar de sus problemas de salud, no lucía muy alterado, su única preocupación era llegar a la maldita clase del profesor que más odiaba. Andaba en la cuerda floja con ese tipo, lo tenía en la mira ante una nueva llegada tarde, lo iba a reprobar por ausencias. Era un desgraciado, tan insistente como de mente tan cerrada como un obispo.
De pronto en su carrera se cruza a alguien y ambos caen al suelo. Anthony deja sus hojas en el suelo para ayudar a la otra persona que estaba cubierta de carpetas.
— ¡Dispulpe! Iba sin cuidado. — toma algunas de las carpetas mientras al verle la cara sonríe— ¡Lean! Menos mal que eras tu, mira debo dejarte o si no-
— Si no Elm te echará del salón, lo sé, ve con cuidado Ant. — el joven se levantó y lo ayudó apenas.
— Gracias, te debo una cerveza, hazme recordar.
— Claro que sí, ya que lo dices, yo te invito unos toc toc entonces.—reía por lo bajo.
— ¿Toc toc? —exclama confundido a punto de irse.
— Así le dice Simón a los tragos de vodka, tu sabes en su país-
— Ahhh okey, debo irme, ¡adiós! —dice algo nervioso y se va.
Mientras continuaba en su maratón al cuarto piso, salón 123, pensaba en que Lean y Simón no eran amigos, por lo que se preocupó sobre el tipo de relación que debían llevar. Más de una vez, los rumores y más aún los que contaba Joe resultaban en verdades incómodas. Al pequeño ruso no le molestaba la libertad de las personas en hacer lo que quisieran con sus vidas, pero cuando se trataba de sus amigos, fuera de la salud física sabía que siempre los problemas de autoestima eran peores aún que las enfermedades contagiosas. Según lo que le veían diciendo, estar con la argentina ya no era tan bien visto, aún cuando pocas personas hablan con ella. Muchos la trataban de "fácil", aunque por lo que Anthy sabía lo menos que denotaba su actitud era eso.
Entonces llegó al salón y dio un fuerte respiro, usando su inhalador.
— ¡Llegué! —dice satisfecho, cuando al abrir sus ojos nota que todos lo miraban con cara de WTF, hasta que el profesor que se tocó su bigote con esa expresión de irritabilidad que asustaba.
— Señor Lévedeb, lamento informarle que la clase empezó hace una hora, temo informarle que nuevamente a llegado tarde. ¿Es serio desperdicia su tiempo de forma tan irresponsable siempre? Es increíble. — al ver los ojos de cachorro regañado del rubio solo suspira y le señala un pupitre con enojo— Siéntese, pero no lo volveré a repetir, es su última oportunidad Lévedeb. Tiene suerte que hoy tengo buen humor.
— Me está jodiendo...— pensó, había quedado con los ojos como platos de sorprendido.
— ¡Lévedeb siéntese! —le ordenó.
El joven poco más corrió a su asiento y no dijo palabra alguna, sólo se dedicó a tomar nota....más tarde agradecería por ello.
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Carol veía por la ventana, husmeó su celular, ningún mensaje nuevo. La tecnología no era su amiga, casi todos sus artefactos andan con mente propia, pero era importante; esa vez era importante.
— Maldita sea, tendré que ir hasta su departamento. —dijo entre enojada y preocupada— Si me llega a decir que ignoró mis mensajes, se dará cuenta que mis sermones son halagos a lo que le espera.
Tomó su campera de jean de más de diez años (podrá imaginarse lo gastada pero genial que lucía) y ató su larga cabellera en una coleta. Tomó las llaves junto a un caramelo ácido que guardó en su bolsillo y comenzó a caminar por los sobre transitadas calles de Londres. Sus lentes se sol reflejaban todo a su paso, algún que otro idiota le gritaba boludeces, hasta que en un momento, un anciano que bien podría ser su abuelo le dijo algo que hubiera sido mejor lo hiciera. Carol, ya tan enojada por la falta de atención de su compañero, se frenó en seco y señalándolo mientras ponía su mejor cara de asustada gritó en medio de toda calle.
— ¡¡¡PEDÓFILO!!! ¡Qué alguien llame a la policía!
No bastó de terminar la frase que ya medio mundo estaba en frente del hombre, sin mencionar un oficial de tránsito que pasaba oportunamente por ahí. La mujer como gritó siguió su camino, al menos, alguien tendría un día peor que el de ella. Sonrió maliciosa pero duró poco, aún debía terminar el reporte y ninguno de los integrantes de su grupo le habían avisado nada. Ese día estaba cerca de matar a alguien.
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Stayce estaba escuchando música en su cuarto, ese días se había intoxicado uno de sus profesores y no tuvo clase en todo el día, así que no hizo nada ese día. Entonces mientras movía sus casi inexistentes caderas al ritmo de Dare escuchó (vaya oído ¿no?) que alguien tocaba la puerta. Sorprendida pero aún moviéndose al ritmo de la música fue a atender. Al abrir la puerta lo vio todo listo para invitarle una salida y lo abrazó con su euforia habitual.
— ¡Quiero helado! —le gritó mientras lo soltaba y le tomaba sus brazos aún bailando.
— Hey prima, sirvo para otras cosas además de comprarte helado. —dice contento mientras le seguía la corriente— ¿No está el ruso? Le prometí unos tragos y ya debería estar de vuelta del instituto.
— Ohhh Lean no seas malo...además Anthy siempre llega tarde, después regresamos y te vas con él. Por favor. — usó su carita de nena buena.
— Ya en serio, ese chico tiene doble vida o algo hoy llegaba tarde a lo del viejo morsa, si sigue así no tendrá ni la mitad de las materias aprobadas este año.
— No sé...es así y bueno, no tiene doble vida, sólo está muy ocupado con el estudio y eso. Se junta con Simón y con lo burra que es seguramente le toma tiempo explicarle. —dice odiosa al pensar en esa idiota.
— No digas eso, aunque admito, que esté con esa rara no da ánimos del asunto. En fin, vamos a buscarlo, si ayudas te compro el maldito helado. —dijo mientras se ajustaba su coleta estilo japonés antiguo.
— Wiiiiiiiii ¡Vamos! —exclamó emocionada y salió por la puerta, puso llave y lo fueron a buscar.
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El rubio andaba divagando, últimamente quería estar solo, pensar un poco en lo que estaba haciendo con su vida ustedes saben, típico psicopateo de medianoche. No había llamado a la pelirroja para avisarle de su demora. No tenía idea, estaba bien, no estaba nervioso ni nada y sin embargo aún tenía la sensación que su corazón se detendría. Algo malo pasaría esa noche, con alguien que aunque sea por efímeros momentos él quería.
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Joseph había estado jugando al billar, había sido noche de apuesta a gran escala. Gracias a su buena mano, además de métodos de distracción había conseguido un buen motín. Cuando de pronto en medio de las calles, en un callejón escucha a una mujer gritar... se acerca hacia donde sentía y ve un ladrón encima de su victima... no era sólo un ladrón...
Se acercó despacio, tomó un pedazo de ladrillo bastante grande de una construcción a su lado y entonces se le arrimó hasta darle con el objeto en la cabeza dejándolo inconsciente. Notó que la joven estaba congelada del miedo. Joseph corrió a ella y entonces le quitó el tipo de encima y la levantó para llevársela de allí.
— ¿¿Está bien?? ¿La lastimó? Señori...—le ve el rostro cubierto de lágrimas, era Simón la joven. Siente que lo abraza con fuerza mientras apenas podía creer la "coincidencia" del momento.
Se fueron alejando de a poco, él no la soltaba, ella no dejaba de llorar. La llevó a su casa, antes de irse la revisó, al paracer llegó a tiempo pero la había golpeado mucho en el rostro. Uno de sus brazos estaba sangrando, aunque no tenía por seguro que fuera por el atacante. Le ofreció llevarla a un hospital o algo, ella se negó.
— Estaré bien, no te preocupes. —dijo temblorosa— Vete.
— ¿Qué hacías sola por esos lugares?¿Sabes qué hubiera hecho ese hijo de puta si no te hubiera escuchado? ¿¿Simón?? ¿Me escuchas? —dijo preocupado, raro en él, lo demostraba.
— Nada...tengo miedo...Joe yo —se limpiaba las lágrimas de sus ojos intentando mantenerse seria y firme, parecía una leona furiosa pero herida— ...¿quieres quedarte?
— Por supuesto que me quedaré, idiota, quédate ahí mientras busco algo para curarte la herida.
— Busca en mi armario del baño, ahí hay cosas para eso...—musitó apenas, le empezaba a doler la cabeza.
— Bien.
Se fue a buscar lo que necesitaba, llevó hielo pero ella decía que no sentía dolor, a veces lograba asustarlo. Le tiró ese maldito flequillo de los ojos, uno lo tenía rojo, seguramente lo tendría morado para la mañana. La recostó sobre él, abrazándola mientras le enfriaba un poco las ideas. Cuando la sintió dormida apagó el velador a su lado y en la oscuridad susurró:
— No me asustes así...
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Anthy estaba frente a la puerta del departamento de Simón, quería tocar, verla...pero sería molestarla. Eran sólo presentimientos, sólo eso.
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Tocaban la puerta incesantemente, la pequeña pelirroja se levanta, choca algunos objetos en su camino y llega a atender.
— ¿Está Anthony? —pregunta seria.
— Buen día, me llamó Stacy Pot, y no él no está. —dijo enojada mientras se fregaba los ojos, como odiaba levantarse temprano.
— ¿No deberías estar en la escuela fosforito? —le dijo mientras seguía mirando hacía afuera— Ya que, lo encontraré por la tarde.
— Simón, Simón....¡¡Tienes razón debería estar en la escuela!! —dice mientras vuelve a su cuarto y comienza a vestirse, se confundió de día.
La mujer se queda en la entrada, no podía existir un ser tan despistado, aunque ella de joven tampoco era la más atenta. Dio unos pasos al interior y le gritó:
— ¿¡Quieres que te lleve?! Tengo mi motocicleta y me queda de paso.
— ¿En serio? —la mira seria mientras se pone la mochila— ¿Qué quieres a cambio? —desconfiada.
— Nada, por ahora nada, tómalo como que me debes una pero vámonos ya.
La toma del brazo y salen poco más corriendo. Le ofrece su casco, la argentina llevaba lentes de sol, eso le bastaba, además de que tenía el ánimo por el piso para pelear con la pequeña entonces.
— Gracias Simón.
— No importa. —se aguanta un grito al sentir los brazos de la joven sobre su cintura.
— ¿Estás bien?
— Si, si, sólo me duele un poco la espalda, anoche me quedé dormida sentada. —mintió mientras aceleraba como haciendo catarsis por ese lado.
Llegaron bastantes despeinadas, Stayce le agradeció y se fue corriendo a su salón. Mientras la morocha admiraba el paisaje, cuando una voz a su espalda la deja congelada. Se voltea, cuando ve ésos ojos grises sobre ella, cómo le sonreía...Simón se perdió...
— ¡Hey Simy! No puedes estacionar allí jajajaj
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— ¿No sabes nada de Sim?
— No, ¿por qué? —le dice preocupada mientras termina su sándwich.
— Nada, sólo decía, hace días no la veo. —el rubio lucía distraído.
Carol le pasa una mano por la espalda para sacarle la tensión. Terminan de almorzar pero antes de volver a sus salones le dice muy segura.
— Iré a verla, te aviso. —le hace un gesto con la mano y se despide.
La indú no era por olvidadiza, estaba llena de trabajo, esas alturas del año la volvían loca. Pero su amiga la llamaría, siempre lo hacía. Camina por los pasillos cuando siente a alguien tomarla de los hombros, algo desorientada siente que la abraza, al mirarle el anillo sonríe sin medirse. Le corresponde el gesto y siente un suave beso en su mejilla.
— Caroline. —dice dulce mientras la suelta algo avergonzado, se había emocionado tanto en verla que se dejó llevar.
— ¡¡Zed!! ¡Volviste! —dice mientras lo abraza.
— Mmm...si, regresé antes, bueno me tomé la semana para venir y ver a mis padres y a ti...y eso...y Carol...la gente nos mira. —dijo nervioso por su timidez natural.
— Están celosos, no sabes cuánto esperé por volverte a ver.
— Yo también, dime, no quiero molestarte...¿te esperó en tu lugar o el mío?
— Mejor al mío, tengo muchas cosas que contarte. —lo despide con un beso y se va rápido.
Lo que Carol no previó, por la inesperada sorpresa fue que olvidó lo que le había dicho a Anthy. Tan sólo dejó de preocuparse, aunque quizás las cosas se sabrían con o sin la ayuda de la joven.
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— ¿Crees en el Karma?
— Si, Nora me enseñó y diría que si,
— Entonces, si a una chica la ataca un tipo es por karma.
— Joe eso no tiene nada que ver con el karma.
— Tan sólo responde.
— No, no es por eso, seguramente mala suerte pero no karma...—lo mira con duda.
— Ayer salvé a una chica de un ladrón. —dijo mientras su voz dejaba de tener la presencia de siempre.
— Eso es bueno.
— Aunque no sólo le quería robar, si sabes a lo que me refiero...
— Si, pero eso no importa tu lo evitaste y es..
Entonces el mayor se le sube encima, pone sus brazos a los costados del cuerpo del rubio, lo mira con unos ojos distintos a siempre que terminaban en esa posición. Anthy abrió los ojos algo asustado de esa reacción, en parte porque estaba demasiado expuesto para su gusto. Tener discusiones sin ropa era algo peligroso con humor tan cambiante como el de su amigo.
— No fue suficiente Anthony, ella quedó muy mal, lloró...hacía años no la veía llorar. Anthy yo...yo...
Los ojos negros de Joseph brillaban de bronca, lo de Simón lo terminó afectando más que a ella al parecer. Odiaba sentirse impotente, ver como algunas trataban de esa forma a personas tan buenas, el como él mismo perdía el control a veces. Entonces perdido en un mundo que no le permitía ver la realidad siente al joven debajo de él abrazarlo con fuerza. Se dejó reconfortar, a veces le costaba creer, que alguien tan bueno como Anthy pudiera amarlo...aún cuando ni una sola vez se lo demostró como debía.
— ¿Fue Simón verdad? —dice por lo bajo mientras lo sentía respirar sobre su hombro.
— Si.
— Siempre es por ella. —sonaba algo resentido en ese instante, pero sus palabras siguientes tenían su amabilidad innata— Me quedaré un rato más así.
— Yo también.
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Muchos sentimientos estaban saliendo a flote, porque siempre estamos compitiendo, estamos temiendo por perder cosas que ni siquiera tenemos la certeza de poseer. ¿Qué sucede con el orgullo?¿El sentido común?
Las estatuas comienzan a quebrarse, los pájaros parecen no cantar por desgastar su voz...
¿Puede molestar la felicidad?¿Egoísmo?
O quizás el cambio asusta tanto, que con tal de mantener la "normalidad" en nuestras vidas preferimos herir a quienes queremos. Ser fuerte para dejarlos ir, aún sabiendo que podrían no regresar, es una de las cosas que más nos cuesta aprender...pero nos transforma en mejores personas y se aprende a amar de formas que nunca hubieras imaginado.
A veces son los árboles, tan frágiles como sus hojas.
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jueves, 1 de diciembre de 2011
Las diferencias
No somos todos iguales, eso todos lo sabemos, pero...¿será posible que todo aquello que nos hace distintos sea lo que más nos una?
Existen personas en este mundo que los que más las une son las diferencias entre ellas, porque una es lo que necesita la otra y es así como empezaremos nuestro segundo capítulo.
~~
De pronto Carol sintió algo cubrirla, alguien le colocaba una manta sobre ella que tan incómodamente estaba sentada en la única silla en la habitación del rubio. Pensando que fue alguna de las enfermeras sólo volvió a dormir como si nada. Pero no había sido una enfermera, sino una mujer y una muy preocupada por cierto.
— Mi pequeño niño. —murmuró mientras mandaba un mensaje por su móvil y luego se sentaba al borde de la cama mientras le colocaba una mano en su pecho— Tu siempre tan sensible.
La mujer sonrió al verlo, casi como si no se preocupara por él. Nora jamás demostraba sentimientos negativos, una cualidad un tanto dudosa de serlo en fin. Era una mujer ya asentada, ocupada en sus negocios, eran contadas las veces que se le vio un ceño fruncido. Ella era la madre de Anthy, alguien tan querida como inevitablemente apegada a su único hijo. Entonces alguien entró a la habitación mientras se oía gritos desde el exterior.
— ¡A mi me dejan pasar! ¡No soy ninguna extraña! —gritaba a poco más la joven de cabellos alborotados.
— Déjela ella vine conmigo. —se apresuró a decir la mujer mientras se levantaba y suavemente le quitaba el brazo de la enfermera de su hombro— Stayce es como una hermana para mi hijo, disculpe las molestias.
La joven apenas miró pero sin aguantar, quizás por tener una boca muy suelta, dijo sin recelo alguno a quién la había salvado de la seguridad del hospital.
— ¿Usted es la madre de Anthy? Pero si no se parecen en nada. —alzó las cejas algo impertinente aunque claro, sin intensión de serlo.
— Sí, aunque no parezca, soy Nora Krimm, un gusto Stayce. —su sonrisa no se borró ni un poco.
— Un gusto, veo que ya me conoce.
— Facebook cariño. —contestó pícara mientras la soltaba e iba al lado de su hijo.
Stayce por su parte se impresionó un poco al verlo con suero y tan pálido, fue al lado de Carol y apenas la tocó para despertarla. Al hacerlo se sorprendió de ver a la pelirroja allí, seguramente se había quedado dormida. Al ver a la mujer morena a su lado se incorporó de un salto y de forma rápida intentó explicar.
— Sra. Krimm permítame explicarle, Anthy estaba muy nervioso por los finales de semestre y se sobre exigió...
— Vi las marcas Caroline, no hace falta que me relates una historia, eso es esperable de Simon. Por favor, les puedo pedir un momento para estar con mi hijo a solas.
— Por supuesto, disculpe. —con la mirada baja tomó a Stay consigo y la obligó a salir un momento.
Entonces una vez fuera la hindú se dispuso a explicarle la situación a la pequeña hiperactiva. Aquella mujer era digna de respeto para muchas, más para Carol, porque sabía todo el esfuerzo y amor que tenía hacía el rubio. Era difícil afrontarla, siempre estaba un paso adelante de los demás, además de tener una habilidad extrasensorial para detectar las mentiras. En definitiva la joven definió la relación de Nora con Anthy en una frase:
Ella daría su propia vida por él, y si él muriera estoy segura que ella se suicidaría de tristeza.
La pelirroja se quedó algo impresionada, le parecía exagerado, aún con una mamá osa como ella llamaba a la suya le resultaba algo extraña esa definición para una madre tan poco parecida a su hijo. Entonces apenas murmuró:
— ¿Anthy es adoptado? No me creo que lo haya tenido esa mujer. —apenas la miró de soslayo mientras espiaba por la ventanilla de la puerta.
— No. Anthy siempre la ha llamado madre, aún desde el día en que nació. Stayce aún eres muy chica para entenderlo.
Ambas entraron y vieron una escena muy particular.
La mujer de ojos negros y miel pálida, sus ojos rasgados y sonrisa de años estaba encantada de ver a su niño sonreírle de nuevo. Mientras que el rubio, digno inglés de sangre le besaba la mano con devoción. Dando falsa promesas, su madre no dijo nada porque en parte también quería creerlas. Ella le besó la frente y dijo ir por un doctor para saber si lo daban de alta. Pero la paz no duró mucho, al ver la pelirroja a su querido se le aventó como un perro a su amo y lo abrazó fuerte.
— Anthy estaba tan preocupada por ti. Tonto ¿qué te pasó? —preguntó angustiada mientras se le apoyaba en el pecho.
— Lo siento Stay, no volverá a pasar. —dijo mientras la abrazaba y posaba su mentón sobre su cabeza— Tuve que salir por una emergencia de un amigo y terminé convirtiéndome en la emergencia creo...
— ¿Qué clase de emergencia Ant? —preguntó la hindú con alto ego mientras rebobinaba la imagen de su mejor amigo y su ex-mejor amigo juntos.
— Simón tenía una duda con lo de análisis, tu sabes lo ansiosa que es y terminó cansándome después del noveno mensaje. —tenía todo pensado, extrañamente sonaba creíble.
— ¿Y ni siquiera me avisaste? —casi gruñó la joven.
— No quería molestar, además...¿cómo supieron que estaba aquí?
Hubo un silencio extraño, entonces Stayce salva a su amiga de delatarse y con su voz chillona, un tanto melodramática comenzó su acting.
— Es que te habrás imaginado mi susto cuando me desperté y no estabas. Comencé a gritas, los vecinos casi me echan y luego comencé a llamar mientras Carol apenas si sabía que hacer. Llamé a tu escuela, a la morgue...
— ¿La morgue? —susurró algo asombrado de lo que escuchaba.
— la policía, el casino y finalmente en el hospital me dijeron que estabas bien. ¿ Te parece que me preocupes de esa forma? No, no, no...no te perdonaré tan fácil esta vez. —asume su posición de capricho y se queda a su lado, le guiña el ojo a la callada morena y luego un tanto más calma acota— Eres un tonto.
— Tienes razón, lo soy. —dice mientras le regala un beso en la mejilla y luego siente una risa frente de él.
— Es tan dulce como me contaste cariño, ahora vendrá la enfermera a quitarte el suero y nos iremos. —espetó la madre del rubio mientras dejaba un juego de ropa a los pies de su cama— ¿Crees que me olvidaba de eso cierto?
— Piensas en todo. — su madre conocía mejor que nadie las preferencias de su hijo, tan meticuloso con la ropa y más aún en hospitales.
Al tiempo apareció la nombrada enfermera a hacer su trabajo, lo dejaron solo un momento para que se cambiara. Extrañamente Stayce se quedaba muda ante la autoridad de Nora, la hindú entre ellas apenas esbozaba una sonrisa recordando que también le pasaba antes de conocerla. Finalmente salieron del edificio, tomaron un taxi y al llegar al departamento del rubio donde la mujer decidió despedirse porque su trabajo la estaba llamando. Abrazó a su "pequeño", como aún le decía, y apenas susurró:
— Cuando quieras decirme la verdad, llámame Anthony. —sonrió una última vez, saludó a Carol y Stay para salir con prisa por su taxi de viaje.
— Siempre lo sabe. —murmuró el chico algo pálido de repente, no solía mentirle a su madre.
Carol previniendo esto lo hizo sentar, quedaron pegados frente con frente para cuando el timbre sonó Desesperadamente. Todos saltaron, pensando quién podría ser, porque Nora se había llevado todo consigo o al menos eso creían. La pelirroja fue a abrir la puerta y se sintió un pequeño grito por parte de la adolescente.
— ¡Odio que me lamas! —se escuchaban sus quejas hasta llevar al cuarto de Anthy y aún pasándose la mano por la mejilla acotó— Te vino a ver la tediosa.
— ¡Hey! Mi nombre es Simón pequeña cabeza de fósforo. —dijo en su tono de reclamo la joven de ojos marrones.
— Ya no se peleen, me empezó a doler la cabeza. —les pidió mientras se acostaba pero aún vestido sobre las colchas.
— Pobre hipocondríaco, dime...¿qué te pasó esta vez? —se cruzó de brazos y espero, aunque sintió la mirada acusante de Carol sobre ella y se puso atenta— Después de que te fuiste de mi habitación creí verte algo pálido amigo.
Una vez el ingenio de su compañera de pintura lo había salvado, no conocía mucho de ella pero desde que lo descubrió con Joe le fue inevitable hacerse más cercano por evitar que lo delatara. Esa chica era rara, aún más que los cambios de humor de Carol, o quizás era que se había acostumbrado a ello. La morena se fue a buscar sus cosas para irse y la pequeña a hacer té y aliviar el dolor de cabeza de su amigo. Quedándose solos, la castaña lo mira y mientras lo toma del pelo con fuerza le dice:
— ¿Estás loco verdad? —se le subió encima y lo suelta— Te dije que no deberías seguir con él, mira, ahora además has preocupado a Stayce. ¡Piensa un poco en ti Ant!
— No grites Simón, ya sé, tienes razón pero no fue su culpa...yo sólo...
— Nunca es su culpa, Ant, niño hipocondríaco o como quieras que te diga para evitar llamarte idiota. Me cuesta decirlo, pero me importas. Eres un inconsciente...
El rubio la toma desprevenida y cambia los roles. Se le acerca lo suficiente como para que se quedara muda, sabía que no le gustaba el contacto físico. Más aún en lo que ella consideraría "sumisión". Rozó con sus labios con los de ella, murmuró así pegado:
— No volverá a ocurrir, lo prometo. —siente como es empujado.
— Maldito idiota, aprovéchate que pareces más niña que violador si no...te arrepentirías de hacer esas cosas. —apenas se pasa la mano por la boca como despreciando el acto, aunque su sonrojo no parecía pensar igual— Ya que, estás bien y tienes dos mocosas atendiéndote, creo que es hora que me vaya principito. Intenta no matarte la próxima ves ¿si?
— Como digas Sim, como digas.
El rubio la mira apenas antes de verla irse. La joven pasa por la entrada toma su abrigo y sin saludar a nadie se va. Carol lo nota, siempre era así de odiosa esa chica, nunca podría verla con buenos ojos ni aún siendo amiga de Anthy. Hasta dudaba sobre qué clase de relación tenían, porque más de una vez la escuchó insultarlo o gritarle. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando siente a su pequeña gritando a más no poder en la cocina. Va y ve que el rubio ya estaba ahí. Le estaba consolando mientras la adolescente tenía la mano bajo el chorro de agua del lavado.
— Ya Stay no llores, ya pasará el ardor.
— ¿Se quemó? —dice seria y luego vuelve a ser ella— ¿Tienes con qué curarla?
— Tengo un botiquín, en el baño en un mueble pequeño abajo. Aunque deberíamos esperar que se calme, tirarse agua caliente encima no es nada grato...una vez me pasó de niño.
— Anthy, me duele. —dijo con los ojos vidriosos la pelirroja que sentía la mano de él sujetarla con fuerza.
— Voy por él, mantén la mano en agua. —dijo la hindú desapareciendo rápidamente de la cocina.
Volvió y con todo listo comenzó a tratar la mano de la joven, le dolería bastante, ya que al parecer se le harían ampollas aunque no le quedaría una marca muy notoria. Anthy le sostenía la mano para que no se la quitara, sabiendo que le dolía, aún así tenía la delicadeza de alentarla y distraerla. Luego la llevó al living para que se calmara un poco, él terminaría de hacer el desayuno en fin. Carol lo despidió, y le di un abrazo pidiéndole que la llamara cualquier cosa.
Se quedaron solos Stay y Ant, ambos se sentaron en el sofá para ver la televisión mientras tomaban té.
— Yo quería cuidarte, y siempre termino arruinando todo. Soy muy torpe. —dijo mientras se miraba la mano vendada.
— No digas eso, es sólo porque aún estás creciendo, a mi también me pasaba. Además sólo me basta con estar tranquilo conmigo y me siento mucho mejor.
— ¿En serio? —preguntó algo apenada.
— Claro que sí, ¿eres mi hermanita no? Estaré mejor, tan sólo necesito estar tranquilo un tiempo. Ven aquí y deja de decir tonterías. —la abrazó con un brazo apoyándola sobre él para tenerla cerca— Te quiero Stay, no me gusta que te menosprecies así.
Se quedaron así abrazados mientras miraban kung fu panda, cuando de pronto la joven le sale con una pregunta que no logró contener más.
— ¿ Nora es tu mamá de verdad? Es que no tendría nada de malo, pero no se parece en nada a ti.
El joven suspiró cansado, sabía que tendría que explicar, hacía tiempo tenía esa pregunta en los ojos. Entonces reposó su mentón sobre la cabeza de ella y muy tranquilo le explicó.
— Ella es mi mamá, pero no biológica si a eso te refieres. Verás, yo me críe con dos mamás y un papá. Los amé a los tres, sigue siendo así.
— ¿Dos mamás? —dice algo extrañada pero no mal.
— Claro, mi "progenitora" se llamaba Anya y ella tenía una pareja, Nora, cuando decidieron tener hijos buscaron a un hombre que también quisiera y de ahí conocieron a mi papá. Entre los tres no hubo más que amistad, si amor entre mis mamás de eso no tengo duda. Cuando mi mamá murió, Nora me adoptó y desde entonces es así...¿entendiste? —hablaba normal, porque para él lo era.
— Entonces...eran dos mujeres y un hombre, pero las mujeres eran el matrimonio....no, no entendí. —admite mientras piensa, eso no iba con lo que su padre le había enseñado de relaciones.
— Cariño, te lo hará simple. Mis mamás eran lesbianas, mi papá hétero pero soltero y me tuvieron y me aman y todo bien. Tan sólo te pido que no hagas ese comentario frente a Nora, suele ponerse sensible a ello.
— Según mis padres eso no estaría bien.
— Cada uno tiene su pensar, sólo te pido respeto hacia ella Stay. —dice casi dormido.
— Yo digo que mientras te quieran está todo bien. —apenas sonrió, pensó en un momento en lo de su mamá fallecida. Nunca pensó que hablara tan fríamente de algo así.
— Yo también...pásame el inhalador de mi campera por favor. —se endereza algo pálido de nuevo.
Ella se asustó y fue rápido por la medicina, se ponía muy torpe nerviosa. Le costó encontrarla hasta que al hacerlo se le cayó de las manos y siente la voz ahogada del rubio.
— Cálmate...presta atención...
La pelirroja de mechas azules se concentró y al conseguirlo se lo dio como un rayo de rápido. Seguramente si se había puesto nervioso, se sentía una tonta por no notarlo. No era bueno que tuviera tantos ataques, más aún parecía empeorar. Luego que se calmó lo regañó como a un niño, mandándolo a dormir a la cama. Lo acompañó, no tenía hambre, ella no podía obligarlo a comer. Se quedó con él hasta verlo dormirse. Pensó en la primera vez que vi a Anthy, pensó que era alguien que sufría mucho porque en sus ojos siempre se reflejaba eso. Al parecer la joven nunca se equivocaba, esa intuición de loba herencia de su madre era lo más fiable que poseía. Se acurrucó a su espalda, quería asegurarse que él se quedara con ella esa noche y durmió a su lado.
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Mientras en un monoambiente estaban también dos buenos amigos, ella tenía dolor de cabeza por lo que se tomó la tercer pastilla del día. Se acostó en su sofá-cama aún no armado y sintió la mano del sádico de ojos negros, como ella le decía.
— No tienes fiebre, pero si se te siente acalorada. ¿Sólo te duele la cabeza?
— No...me estoy cocinando de adentro hacia afuera, idiota, sólo me duele la cabeza no molestes. —tomó la única almohada y se la colocó sobre el rostro.
— Si sigues de mal humor será pero Sim, no ganas nada con quejarte.
— Cállate.
— Bien, bien, si eso te tranquiliza. Eres odiosa.—dice molesto sacando un cigarrillo.
— Habló el príncipe encantador. —sarcástica— ¿Por qué no te vas de una buena vez?
— No se me antoja.
— ¿Qué no se te antoja? —le tiró el almohadón y luego toda despeinada y de poca paciencia le dijo con un tono amenazante— ¡Vete de aquí maldito marica!
El joven se levantó sereno, la miró como despreciándola y se dirigió a la puerta. Pero antes de irse tenía algo que decir.
— ¿Te han herido mucho de chica verdad? —asertivo y cruel como siempre, abre la puerta y la cierra con cuidado mientras escucha un grito de su interior.
— ¡¡Maldito imbécil!!
Exclamó la joven antes de caer en el sofá, se sentía mareada, con náuseas y el continuo dolor no la dejaba moverse. Ya cuando sintió que podría desmayarse, por tener la presión por el piso decidió llamarla. Era la única, fuera que le daría un sermón de medio Génesis, en quien confiaba cuando se sentía así de mal. La amiga en quien más confiara aunque jamás nadie tuvo la oportunidad de verlas como tales. Al terminar de mandar el mensaje, sólo esperó unos segundos y ya tenía respuesta:
Voy en camino, quédate acostada.
No pensaba llevarle la contra, o más bien, no podía. Sintió la puerta abrirse, sabía que tenía una copia de la llave. La vio entrar, ya tenía esa cara de preocupada que le bajaba el ánimo a Simón. La levantó y tomó su muñeca, no era necesario con verle la falta de color era suficiente. La recostó por completo, elevó sus piernas para que corriera la sangre de vuelta con más facilidad y le dio un vaso con sal. Se quedó un poco a su lado, notó que empezaba a sudar frío.
Tomó su cabeza y la colocó en sus piernas, le acarició el cabello esperando por calmarla mientras le hacía efecto lo que acababa de darle. En un momento siente que le toma la mano con fuerza. La joven de ojos marrones le dice:
— Me gustan tus manos Caroline.
— Siempre te han gustado, ¿mejor?.
— Bastante, gracias por venir.
— ¿Te has hecho ver? Esos dolores ya son crónicos. —dijo preocupada pero sin más sabía que la ignoraría. Simón siempre prefirió curarse sola, pero no era consciente de que podría ser grave.
— Estoy bien, es mucho trabajo, la revista me tiene loca y últimamente siento que en lugar de ayudar al hipocondríaco lo empeoro.
— No digas eso, él sabe que lo intentas, además tu sabes que es por su enfermedad. No es que lo provoque alguien.
— See....
La argentina no se sentía bien al mentirle así a Carol, pero lo había jurado, no tenía opción. Sólo en una cuestión de vida o muerte, quizás debió enterarse del incidente de Anthony antes y aprovechar pero ya estaba bien cuando se lo contaron. Al sentir como le tocaban el pelo sintió que se dormiría justo así, y así pasó. La hindú al darse cuenta se puso como loca al principio pensando en todo lo que aún debía hacer, sin embargo no tuvo el valor para despertarla y dejarla sola. Sabía por demás que era muy sensible, igual que Anthy pero como una versión tosca y terca. Apenas si se acostó sobre el respaldar y con el control puso play al equipo de su amiga.
— Con todos los CDs buenos que tiene, de metal, de rock, de alternativo, de punk...¿tenía que tocarme justo este? Qué vicio que tiene con esa banda últimamente, encima no entiendo nada y es super chillona la chica. — rezongó la morena mientras su pie iba al ritmo de la música, cabe aclara que para ella, todos los cantantes de ese grupo son mujeres porque no distingue y no pregunta.
Se quedó un rato hasta que se hizo tarde. Con cuidado se la quitó de encima, la dejó tapada y sólo pidió porque estuviera en una pieza a la mañana. Se marchó del departamento, cerró con llave. Sintió un olor extraño, un perfume que conocía, miró hacía abajo de la escalera. Sin duda era Joseph, se le acercó bien enojada y presumida como cada vez que tenía ganas de pelear. No se olvidaría de esa noche y su respuesta tan fácil.
— Se puede saber qué haces aquí.
— Vengo a ver a Simón, no te incumbe. — dijo serio y pasándola de largo.
— Ella ya está dormida y te recomiendo que no la molestes. Sería lo que faltara, que además de poner mal a Anthy te la agarrarás con Simón también. —entonces siente como la tira del brazo y la aprisiona contra la pared. Ella forcejea para escaparse pero era muy fuerte y llegó a asustarla.
— Mira Carol, no me molestas, por ahora. Lo que yo haga con Anthony o con Simón no te importa, sólo quiero que sepas que todo lo que pasa es a voluntad de ellos, yo no los presiono a nada.
— Es difícil de creer si "hablas" conmigo de esta forma. — la suelta y la hindú no hace más que mirarlo con bronca y escupe palabras— Creí que eras su amigo, el de ambos, pero si a ti no te importa cómo estén no es mi problema. Pero ellos sí lo son, yo los quiero y no permitiré que las hagas algo malo. Escúchame bien, una cosa más relacionada a ti con Anthy o Sim y juró que lo lamentarás...
— Por favor, los dos sabemos que sólo lo dices porque no quieres verlos. Ellos son así, yo no los creo, además jamás dirán nada contra mi, saben que tengo razón. —sonrió de lado y entonces tomó el ascensor— Que te diviertas bajando escaleras, ojalá te haga pensar un poco.
Se burló y cerró la puerta dejándola sola en un décimo piso. Carol respiró profundo, para evitar pensar en sus deseos de asesinarlo y comenzó a bajar. Debía hablar con Anthy, pero aún estaba débil para tomarlo con cosas así. Luego pensaría en Sim, aunque no le preocupaba mucho, ellas eran plenamente honestas entre sí...o eso creía saber.
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Existen personas en este mundo que los que más las une son las diferencias entre ellas, porque una es lo que necesita la otra y es así como empezaremos nuestro segundo capítulo.
~~
De pronto Carol sintió algo cubrirla, alguien le colocaba una manta sobre ella que tan incómodamente estaba sentada en la única silla en la habitación del rubio. Pensando que fue alguna de las enfermeras sólo volvió a dormir como si nada. Pero no había sido una enfermera, sino una mujer y una muy preocupada por cierto.
— Mi pequeño niño. —murmuró mientras mandaba un mensaje por su móvil y luego se sentaba al borde de la cama mientras le colocaba una mano en su pecho— Tu siempre tan sensible.
La mujer sonrió al verlo, casi como si no se preocupara por él. Nora jamás demostraba sentimientos negativos, una cualidad un tanto dudosa de serlo en fin. Era una mujer ya asentada, ocupada en sus negocios, eran contadas las veces que se le vio un ceño fruncido. Ella era la madre de Anthy, alguien tan querida como inevitablemente apegada a su único hijo. Entonces alguien entró a la habitación mientras se oía gritos desde el exterior.
— ¡A mi me dejan pasar! ¡No soy ninguna extraña! —gritaba a poco más la joven de cabellos alborotados.
— Déjela ella vine conmigo. —se apresuró a decir la mujer mientras se levantaba y suavemente le quitaba el brazo de la enfermera de su hombro— Stayce es como una hermana para mi hijo, disculpe las molestias.
La joven apenas miró pero sin aguantar, quizás por tener una boca muy suelta, dijo sin recelo alguno a quién la había salvado de la seguridad del hospital.
— ¿Usted es la madre de Anthy? Pero si no se parecen en nada. —alzó las cejas algo impertinente aunque claro, sin intensión de serlo.
— Sí, aunque no parezca, soy Nora Krimm, un gusto Stayce. —su sonrisa no se borró ni un poco.
— Un gusto, veo que ya me conoce.
— Facebook cariño. —contestó pícara mientras la soltaba e iba al lado de su hijo.
Stayce por su parte se impresionó un poco al verlo con suero y tan pálido, fue al lado de Carol y apenas la tocó para despertarla. Al hacerlo se sorprendió de ver a la pelirroja allí, seguramente se había quedado dormida. Al ver a la mujer morena a su lado se incorporó de un salto y de forma rápida intentó explicar.
— Sra. Krimm permítame explicarle, Anthy estaba muy nervioso por los finales de semestre y se sobre exigió...
— Vi las marcas Caroline, no hace falta que me relates una historia, eso es esperable de Simon. Por favor, les puedo pedir un momento para estar con mi hijo a solas.
— Por supuesto, disculpe. —con la mirada baja tomó a Stay consigo y la obligó a salir un momento.
Entonces una vez fuera la hindú se dispuso a explicarle la situación a la pequeña hiperactiva. Aquella mujer era digna de respeto para muchas, más para Carol, porque sabía todo el esfuerzo y amor que tenía hacía el rubio. Era difícil afrontarla, siempre estaba un paso adelante de los demás, además de tener una habilidad extrasensorial para detectar las mentiras. En definitiva la joven definió la relación de Nora con Anthy en una frase:
Ella daría su propia vida por él, y si él muriera estoy segura que ella se suicidaría de tristeza.
La pelirroja se quedó algo impresionada, le parecía exagerado, aún con una mamá osa como ella llamaba a la suya le resultaba algo extraña esa definición para una madre tan poco parecida a su hijo. Entonces apenas murmuró:
— ¿Anthy es adoptado? No me creo que lo haya tenido esa mujer. —apenas la miró de soslayo mientras espiaba por la ventanilla de la puerta.
— No. Anthy siempre la ha llamado madre, aún desde el día en que nació. Stayce aún eres muy chica para entenderlo.
Ambas entraron y vieron una escena muy particular.
La mujer de ojos negros y miel pálida, sus ojos rasgados y sonrisa de años estaba encantada de ver a su niño sonreírle de nuevo. Mientras que el rubio, digno inglés de sangre le besaba la mano con devoción. Dando falsa promesas, su madre no dijo nada porque en parte también quería creerlas. Ella le besó la frente y dijo ir por un doctor para saber si lo daban de alta. Pero la paz no duró mucho, al ver la pelirroja a su querido se le aventó como un perro a su amo y lo abrazó fuerte.
— Anthy estaba tan preocupada por ti. Tonto ¿qué te pasó? —preguntó angustiada mientras se le apoyaba en el pecho.
— Lo siento Stay, no volverá a pasar. —dijo mientras la abrazaba y posaba su mentón sobre su cabeza— Tuve que salir por una emergencia de un amigo y terminé convirtiéndome en la emergencia creo...
— ¿Qué clase de emergencia Ant? —preguntó la hindú con alto ego mientras rebobinaba la imagen de su mejor amigo y su ex-mejor amigo juntos.
— Simón tenía una duda con lo de análisis, tu sabes lo ansiosa que es y terminó cansándome después del noveno mensaje. —tenía todo pensado, extrañamente sonaba creíble.
— ¿Y ni siquiera me avisaste? —casi gruñó la joven.
— No quería molestar, además...¿cómo supieron que estaba aquí?
Hubo un silencio extraño, entonces Stayce salva a su amiga de delatarse y con su voz chillona, un tanto melodramática comenzó su acting.
— Es que te habrás imaginado mi susto cuando me desperté y no estabas. Comencé a gritas, los vecinos casi me echan y luego comencé a llamar mientras Carol apenas si sabía que hacer. Llamé a tu escuela, a la morgue...
— ¿La morgue? —susurró algo asombrado de lo que escuchaba.
— la policía, el casino y finalmente en el hospital me dijeron que estabas bien. ¿ Te parece que me preocupes de esa forma? No, no, no...no te perdonaré tan fácil esta vez. —asume su posición de capricho y se queda a su lado, le guiña el ojo a la callada morena y luego un tanto más calma acota— Eres un tonto.
— Tienes razón, lo soy. —dice mientras le regala un beso en la mejilla y luego siente una risa frente de él.
— Es tan dulce como me contaste cariño, ahora vendrá la enfermera a quitarte el suero y nos iremos. —espetó la madre del rubio mientras dejaba un juego de ropa a los pies de su cama— ¿Crees que me olvidaba de eso cierto?
— Piensas en todo. — su madre conocía mejor que nadie las preferencias de su hijo, tan meticuloso con la ropa y más aún en hospitales.
Al tiempo apareció la nombrada enfermera a hacer su trabajo, lo dejaron solo un momento para que se cambiara. Extrañamente Stayce se quedaba muda ante la autoridad de Nora, la hindú entre ellas apenas esbozaba una sonrisa recordando que también le pasaba antes de conocerla. Finalmente salieron del edificio, tomaron un taxi y al llegar al departamento del rubio donde la mujer decidió despedirse porque su trabajo la estaba llamando. Abrazó a su "pequeño", como aún le decía, y apenas susurró:
— Cuando quieras decirme la verdad, llámame Anthony. —sonrió una última vez, saludó a Carol y Stay para salir con prisa por su taxi de viaje.
— Siempre lo sabe. —murmuró el chico algo pálido de repente, no solía mentirle a su madre.
Carol previniendo esto lo hizo sentar, quedaron pegados frente con frente para cuando el timbre sonó Desesperadamente. Todos saltaron, pensando quién podría ser, porque Nora se había llevado todo consigo o al menos eso creían. La pelirroja fue a abrir la puerta y se sintió un pequeño grito por parte de la adolescente.
— ¡Odio que me lamas! —se escuchaban sus quejas hasta llevar al cuarto de Anthy y aún pasándose la mano por la mejilla acotó— Te vino a ver la tediosa.
— ¡Hey! Mi nombre es Simón pequeña cabeza de fósforo. —dijo en su tono de reclamo la joven de ojos marrones.
— Ya no se peleen, me empezó a doler la cabeza. —les pidió mientras se acostaba pero aún vestido sobre las colchas.
— Pobre hipocondríaco, dime...¿qué te pasó esta vez? —se cruzó de brazos y espero, aunque sintió la mirada acusante de Carol sobre ella y se puso atenta— Después de que te fuiste de mi habitación creí verte algo pálido amigo.
Una vez el ingenio de su compañera de pintura lo había salvado, no conocía mucho de ella pero desde que lo descubrió con Joe le fue inevitable hacerse más cercano por evitar que lo delatara. Esa chica era rara, aún más que los cambios de humor de Carol, o quizás era que se había acostumbrado a ello. La morena se fue a buscar sus cosas para irse y la pequeña a hacer té y aliviar el dolor de cabeza de su amigo. Quedándose solos, la castaña lo mira y mientras lo toma del pelo con fuerza le dice:
— ¿Estás loco verdad? —se le subió encima y lo suelta— Te dije que no deberías seguir con él, mira, ahora además has preocupado a Stayce. ¡Piensa un poco en ti Ant!
— No grites Simón, ya sé, tienes razón pero no fue su culpa...yo sólo...
— Nunca es su culpa, Ant, niño hipocondríaco o como quieras que te diga para evitar llamarte idiota. Me cuesta decirlo, pero me importas. Eres un inconsciente...
El rubio la toma desprevenida y cambia los roles. Se le acerca lo suficiente como para que se quedara muda, sabía que no le gustaba el contacto físico. Más aún en lo que ella consideraría "sumisión". Rozó con sus labios con los de ella, murmuró así pegado:
— No volverá a ocurrir, lo prometo. —siente como es empujado.
— Maldito idiota, aprovéchate que pareces más niña que violador si no...te arrepentirías de hacer esas cosas. —apenas se pasa la mano por la boca como despreciando el acto, aunque su sonrojo no parecía pensar igual— Ya que, estás bien y tienes dos mocosas atendiéndote, creo que es hora que me vaya principito. Intenta no matarte la próxima ves ¿si?
— Como digas Sim, como digas.
El rubio la mira apenas antes de verla irse. La joven pasa por la entrada toma su abrigo y sin saludar a nadie se va. Carol lo nota, siempre era así de odiosa esa chica, nunca podría verla con buenos ojos ni aún siendo amiga de Anthy. Hasta dudaba sobre qué clase de relación tenían, porque más de una vez la escuchó insultarlo o gritarle. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando siente a su pequeña gritando a más no poder en la cocina. Va y ve que el rubio ya estaba ahí. Le estaba consolando mientras la adolescente tenía la mano bajo el chorro de agua del lavado.
— Ya Stay no llores, ya pasará el ardor.
— ¿Se quemó? —dice seria y luego vuelve a ser ella— ¿Tienes con qué curarla?
— Tengo un botiquín, en el baño en un mueble pequeño abajo. Aunque deberíamos esperar que se calme, tirarse agua caliente encima no es nada grato...una vez me pasó de niño.
— Anthy, me duele. —dijo con los ojos vidriosos la pelirroja que sentía la mano de él sujetarla con fuerza.
— Voy por él, mantén la mano en agua. —dijo la hindú desapareciendo rápidamente de la cocina.
Volvió y con todo listo comenzó a tratar la mano de la joven, le dolería bastante, ya que al parecer se le harían ampollas aunque no le quedaría una marca muy notoria. Anthy le sostenía la mano para que no se la quitara, sabiendo que le dolía, aún así tenía la delicadeza de alentarla y distraerla. Luego la llevó al living para que se calmara un poco, él terminaría de hacer el desayuno en fin. Carol lo despidió, y le di un abrazo pidiéndole que la llamara cualquier cosa.
Se quedaron solos Stay y Ant, ambos se sentaron en el sofá para ver la televisión mientras tomaban té.
— Yo quería cuidarte, y siempre termino arruinando todo. Soy muy torpe. —dijo mientras se miraba la mano vendada.
— No digas eso, es sólo porque aún estás creciendo, a mi también me pasaba. Además sólo me basta con estar tranquilo conmigo y me siento mucho mejor.
— ¿En serio? —preguntó algo apenada.
— Claro que sí, ¿eres mi hermanita no? Estaré mejor, tan sólo necesito estar tranquilo un tiempo. Ven aquí y deja de decir tonterías. —la abrazó con un brazo apoyándola sobre él para tenerla cerca— Te quiero Stay, no me gusta que te menosprecies así.
Se quedaron así abrazados mientras miraban kung fu panda, cuando de pronto la joven le sale con una pregunta que no logró contener más.
— ¿ Nora es tu mamá de verdad? Es que no tendría nada de malo, pero no se parece en nada a ti.
El joven suspiró cansado, sabía que tendría que explicar, hacía tiempo tenía esa pregunta en los ojos. Entonces reposó su mentón sobre la cabeza de ella y muy tranquilo le explicó.
— Ella es mi mamá, pero no biológica si a eso te refieres. Verás, yo me críe con dos mamás y un papá. Los amé a los tres, sigue siendo así.
— ¿Dos mamás? —dice algo extrañada pero no mal.
— Claro, mi "progenitora" se llamaba Anya y ella tenía una pareja, Nora, cuando decidieron tener hijos buscaron a un hombre que también quisiera y de ahí conocieron a mi papá. Entre los tres no hubo más que amistad, si amor entre mis mamás de eso no tengo duda. Cuando mi mamá murió, Nora me adoptó y desde entonces es así...¿entendiste? —hablaba normal, porque para él lo era.
— Entonces...eran dos mujeres y un hombre, pero las mujeres eran el matrimonio....no, no entendí. —admite mientras piensa, eso no iba con lo que su padre le había enseñado de relaciones.
— Cariño, te lo hará simple. Mis mamás eran lesbianas, mi papá hétero pero soltero y me tuvieron y me aman y todo bien. Tan sólo te pido que no hagas ese comentario frente a Nora, suele ponerse sensible a ello.
— Según mis padres eso no estaría bien.
— Cada uno tiene su pensar, sólo te pido respeto hacia ella Stay. —dice casi dormido.
— Yo digo que mientras te quieran está todo bien. —apenas sonrió, pensó en un momento en lo de su mamá fallecida. Nunca pensó que hablara tan fríamente de algo así.
— Yo también...pásame el inhalador de mi campera por favor. —se endereza algo pálido de nuevo.
Ella se asustó y fue rápido por la medicina, se ponía muy torpe nerviosa. Le costó encontrarla hasta que al hacerlo se le cayó de las manos y siente la voz ahogada del rubio.
— Cálmate...presta atención...
La pelirroja de mechas azules se concentró y al conseguirlo se lo dio como un rayo de rápido. Seguramente si se había puesto nervioso, se sentía una tonta por no notarlo. No era bueno que tuviera tantos ataques, más aún parecía empeorar. Luego que se calmó lo regañó como a un niño, mandándolo a dormir a la cama. Lo acompañó, no tenía hambre, ella no podía obligarlo a comer. Se quedó con él hasta verlo dormirse. Pensó en la primera vez que vi a Anthy, pensó que era alguien que sufría mucho porque en sus ojos siempre se reflejaba eso. Al parecer la joven nunca se equivocaba, esa intuición de loba herencia de su madre era lo más fiable que poseía. Se acurrucó a su espalda, quería asegurarse que él se quedara con ella esa noche y durmió a su lado.
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Mientras en un monoambiente estaban también dos buenos amigos, ella tenía dolor de cabeza por lo que se tomó la tercer pastilla del día. Se acostó en su sofá-cama aún no armado y sintió la mano del sádico de ojos negros, como ella le decía.
— No tienes fiebre, pero si se te siente acalorada. ¿Sólo te duele la cabeza?
— No...me estoy cocinando de adentro hacia afuera, idiota, sólo me duele la cabeza no molestes. —tomó la única almohada y se la colocó sobre el rostro.
— Si sigues de mal humor será pero Sim, no ganas nada con quejarte.
— Cállate.
— Bien, bien, si eso te tranquiliza. Eres odiosa.—dice molesto sacando un cigarrillo.
— Habló el príncipe encantador. —sarcástica— ¿Por qué no te vas de una buena vez?
— No se me antoja.
— ¿Qué no se te antoja? —le tiró el almohadón y luego toda despeinada y de poca paciencia le dijo con un tono amenazante— ¡Vete de aquí maldito marica!
El joven se levantó sereno, la miró como despreciándola y se dirigió a la puerta. Pero antes de irse tenía algo que decir.
— ¿Te han herido mucho de chica verdad? —asertivo y cruel como siempre, abre la puerta y la cierra con cuidado mientras escucha un grito de su interior.
— ¡¡Maldito imbécil!!
Exclamó la joven antes de caer en el sofá, se sentía mareada, con náuseas y el continuo dolor no la dejaba moverse. Ya cuando sintió que podría desmayarse, por tener la presión por el piso decidió llamarla. Era la única, fuera que le daría un sermón de medio Génesis, en quien confiaba cuando se sentía así de mal. La amiga en quien más confiara aunque jamás nadie tuvo la oportunidad de verlas como tales. Al terminar de mandar el mensaje, sólo esperó unos segundos y ya tenía respuesta:
Voy en camino, quédate acostada.
No pensaba llevarle la contra, o más bien, no podía. Sintió la puerta abrirse, sabía que tenía una copia de la llave. La vio entrar, ya tenía esa cara de preocupada que le bajaba el ánimo a Simón. La levantó y tomó su muñeca, no era necesario con verle la falta de color era suficiente. La recostó por completo, elevó sus piernas para que corriera la sangre de vuelta con más facilidad y le dio un vaso con sal. Se quedó un poco a su lado, notó que empezaba a sudar frío.
Tomó su cabeza y la colocó en sus piernas, le acarició el cabello esperando por calmarla mientras le hacía efecto lo que acababa de darle. En un momento siente que le toma la mano con fuerza. La joven de ojos marrones le dice:
— Me gustan tus manos Caroline.
— Siempre te han gustado, ¿mejor?.
— Bastante, gracias por venir.
— ¿Te has hecho ver? Esos dolores ya son crónicos. —dijo preocupada pero sin más sabía que la ignoraría. Simón siempre prefirió curarse sola, pero no era consciente de que podría ser grave.
— Estoy bien, es mucho trabajo, la revista me tiene loca y últimamente siento que en lugar de ayudar al hipocondríaco lo empeoro.
— No digas eso, él sabe que lo intentas, además tu sabes que es por su enfermedad. No es que lo provoque alguien.
— See....
La argentina no se sentía bien al mentirle así a Carol, pero lo había jurado, no tenía opción. Sólo en una cuestión de vida o muerte, quizás debió enterarse del incidente de Anthony antes y aprovechar pero ya estaba bien cuando se lo contaron. Al sentir como le tocaban el pelo sintió que se dormiría justo así, y así pasó. La hindú al darse cuenta se puso como loca al principio pensando en todo lo que aún debía hacer, sin embargo no tuvo el valor para despertarla y dejarla sola. Sabía por demás que era muy sensible, igual que Anthy pero como una versión tosca y terca. Apenas si se acostó sobre el respaldar y con el control puso play al equipo de su amiga.
Quiero conocerte
Cambiarías un poquito de mi suerte
Sigue la corriente
El impulso de tu piel nunca te miente
Oooh!
El disco de mi mente
Se re siente con tu corazón
"El disco de tu corazón"
"El disco de tu corazón"
— Con todos los CDs buenos que tiene, de metal, de rock, de alternativo, de punk...¿tenía que tocarme justo este? Qué vicio que tiene con esa banda últimamente, encima no entiendo nada y es super chillona la chica. — rezongó la morena mientras su pie iba al ritmo de la música, cabe aclara que para ella, todos los cantantes de ese grupo son mujeres porque no distingue y no pregunta.
Se quedó un rato hasta que se hizo tarde. Con cuidado se la quitó de encima, la dejó tapada y sólo pidió porque estuviera en una pieza a la mañana. Se marchó del departamento, cerró con llave. Sintió un olor extraño, un perfume que conocía, miró hacía abajo de la escalera. Sin duda era Joseph, se le acercó bien enojada y presumida como cada vez que tenía ganas de pelear. No se olvidaría de esa noche y su respuesta tan fácil.
— Se puede saber qué haces aquí.
— Vengo a ver a Simón, no te incumbe. — dijo serio y pasándola de largo.
— Ella ya está dormida y te recomiendo que no la molestes. Sería lo que faltara, que además de poner mal a Anthy te la agarrarás con Simón también. —entonces siente como la tira del brazo y la aprisiona contra la pared. Ella forcejea para escaparse pero era muy fuerte y llegó a asustarla.
— Mira Carol, no me molestas, por ahora. Lo que yo haga con Anthony o con Simón no te importa, sólo quiero que sepas que todo lo que pasa es a voluntad de ellos, yo no los presiono a nada.
— Es difícil de creer si "hablas" conmigo de esta forma. — la suelta y la hindú no hace más que mirarlo con bronca y escupe palabras— Creí que eras su amigo, el de ambos, pero si a ti no te importa cómo estén no es mi problema. Pero ellos sí lo son, yo los quiero y no permitiré que las hagas algo malo. Escúchame bien, una cosa más relacionada a ti con Anthy o Sim y juró que lo lamentarás...
— Por favor, los dos sabemos que sólo lo dices porque no quieres verlos. Ellos son así, yo no los creo, además jamás dirán nada contra mi, saben que tengo razón. —sonrió de lado y entonces tomó el ascensor— Que te diviertas bajando escaleras, ojalá te haga pensar un poco.
Se burló y cerró la puerta dejándola sola en un décimo piso. Carol respiró profundo, para evitar pensar en sus deseos de asesinarlo y comenzó a bajar. Debía hablar con Anthy, pero aún estaba débil para tomarlo con cosas así. Luego pensaría en Sim, aunque no le preocupaba mucho, ellas eran plenamente honestas entre sí...o eso creía saber.
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