Se bajaron del auto, Joseph prendió un cigarrillo, era como el décimo quinto desde que comenzó el viaje de regreso. Una vez que Anthony se bajó, su amigo con una voz extraña le dijo:
— Anthy, eres mi mejor amigo. —recibió una mirada cansada, luego desvió sus ojos a la calle— Y sólo te quiero como eso, te pido perdón. Yo...yo creo que te usé
— ¿De qué estás hablando? —dijo abriendo sus ojos grises con asombro.
— Perdóname por usarte, la verdad, todo este tiempo en que he "estado" contigo sólo fue para probarme algo. Y bueno, creo que me equivoqué en grande.
— ¿Estas diciendo que tu sólo querías...—su rostro parecía perderse en vaya a saber quién donde.
— Sólo quería acostarme contigo, sí. Me aproveché de lo que tu sientes por mí, no me importa que seas un marica sólo me sorprende que quieras a alguien que sólo te usa. Sin embargo, como aún te tengo afecto, quiero que terminemos esto de la mejor manera posible. Así que dejemos la cursilería de lado y volvamos a ser amigos. ¿Qué dices?
Todo lo había dicho en un tono tan calmo como frío, cada una de las palabras y cada matiz de las mismas era una apuñalada al frágil corazón del rubio que apenas si entendía como podía mantenerse en pie.
Me proveché de ti...tonto...te usé...me usó....maric...........................
Aquellas palabras estaban tan apegadas a su interior, aferrándose y golpeándolo, provocándole un dolor tan fuerte que sentía que su cuerpo ardía y sólo dejaba cenizas a su alrededor. Pero él era su amigo, no debía mostrar más de lo que había perdido. Se paró firme, sacando su rostro inexpresivo, asentó como siempre a lo le pedían y apenas lo saludó para subir a su departamento.
Joseph no dijo palabra alguna, sólo subió al auto, prendió el motor y musitó:
— Jamás pensé poder ser tan desagraciado, perdón, pero será lo mejor.
Mientras los escalones se hacían más pesados, algo se hundía, algo estaba quitándole el aire y aún así no le molestaría dejar de respirar unos minutos. No le molestaría. Abrió la puerta de su departamento, no se molestó en prender la luz, parecía estar tan abstraído del mundo que no deseaba sentir nada. Era lo mejor, ocultar sus sentimientos, dejar a Joe tranquilo.
Fue a su cuarto, cuando al ver hacia la cama se encontró con una sorpresa. La pelirroja había vuelto y estaba recostaba en su cuarto como acostumbraba. El rubio apenas intentó manejar la emoción que tenía y se acostó a su lado, la abrazó y se dejó llevar ante una solución pasajera. Un alivio pasajero.
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Dos semana después
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Stayce estaba tranquila repasando algunas cosas para un examen de matemática cuando siente un ruido fuerte desde la cocina. Se apresura a ver qué se había caído y lo encuentra a Anthy con la mano cortada intentando levantar un par de vidrios del suelo. Se le acerca, mientras busca un repasador.
— ¡Ten cuidado!¿No ves que te cortaste? Estás sangrando, debes ser más cuidadoso, últimamente se te caen mucho las cosas. Estás más torpe que yo.
— Ahh, no lo había notado, mejor me lavo tienes razón. —dijo serio mientras al mirar la sangre no se impresionó en lo más mínimo, hasta podría decirse que no le sorprendía que se hubiera cortado.
— ¿Estás bien?¿Ant estás vivo no? —no comprendía si era por estudiar medicina o algo, pero esa expresión no le parecía normal.
— Si, no te preocupes, es que estaba pensando. —le sonríe y con la mano vendada se va al baño.
La adolescente de poca experiencia, sólo se quedó con la duda, no errada, de que su amigo estaba mal. Debía vigilarlo, temía que todos los accidentes y cosas de las semanas anteriores no fueran inconscientes como parecían. Llamaría a Carol, seguramente sabría que hacer.
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— ¡¡¡ESTO ES UNA MIERDA DE PROGRAMA Y MIL DEMONIOS!!!
— Caroline, creo que mejor te tomas un descanso, este...¿podrías preparar el té? —dice una de sus compañeras mientras le acaricia la cabeza en comprensión de toda la presión que estaban pasando.
— Bien, tienes razón, me voy a hacer té. —dijo con tono de cansancio mientras se movía como un zombie, una vez en la cocina siente sonar su celular— Que sea de vida o muerte, hable rápido y conciso.
— ¿Carol?
— Stay, ¿qué pasa? —pone un poco de agua en las tazas.
— Quería pedirte si puedes hablar con Anthy, hoy, bueno hace semanas está actuando de forma extraña.
— ¿Está paranoico o caquéxico? —dice distraída mientras ponía las tazas en una bandeja.
— Emm ¿no? —no tenía idea de qué le decía.
— Entonces no es grave, déjalo, a éstas épocas de exámenes suele ponerse raro. Desde niño ha sido así, si deja de comer me avisas, eso si es peligroso en él. Te dejo, tengo que estudiar Stay, tu tranquila. —cortó y miró el teléfono un momento, negó con la cabeza y solo sonrió descuidada.
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Alguien llamó a la puerta, era extraño, eran las seis de la mañana. Joseph apenas si tenía ánimos de pensar a esas horas, se levantó, algo a tal hora no podía ser sólo una broma de mal gusto. Sin preguntar nada, abrió la puerta.
— ¡Hola mi querido amigo! ¿Qué pelotudes estás haciendo a estas horas de sosiego por la ciudad de la furia? —dijo una argentina pasada de copas y hablando su idioma con tal fluidez que se podría poner en duda si en realidad estaba consciente que estaba en Reino Unido.
— ¿Qué demonios pasa? —dijo en un español que con suerte se entendía.
— La vida...the life....¿puedo quedarme aquí? tengo la sensación de que si me subo a mi moto será la última acción de mi vida y la de unos cuantos.
— No entiendo una mierda de lo que dices, ven. —la tomó de los hombros y la llevó al interior— Estás helada, será mejor que te recuestes.
— ¿Sleep juntos?
— Sleep. Estás mojada, ¿qué estuviste haciendo?
— Concurso...
— Bien no quiero saber, ven te secaremos y te prestaré una remera o algo.
— ¡Eres tierno! — exclamó mientras al abrazarlo se queda dormida.
El joven se quejó por lo bajo, la tomó y la llevó al cuarto. Le sacó la remera mojada, no se molestó en sentir vergüenza porque era como una hermana, una jodida hermana. Le puso una de las musculosas que usaba de piyama, le permitiría quedarse hasta que se le pasara la "alegría". En un momento la escucha levantarse, sólo habían pasado un par de horas. La vio semi desnuda mientras su cabello amorfo le hacía lucir algo desorbitada aún.
— Lo volví a hacer.
— Bueno, te ves mejor que la última vez, ¿ya reflexionaste?¿duele?
— No, creo que por ahora no, ¿tu?
— ¿Yo qué Sim?
— ¿Te duele?
— Mucho.
— Lo siento.
Se fue a su lado y lo abrazó contra su pecho, se sentó y quedaron dormidos juntos, aún cuando ninguno tenía sueño.
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Anthy y Lean estaban estudiando, cada uno por su parte, el pelirrojo de vez en cuando se ponía a hablarle, pese al poco interés que se le veía a su amigo. En un momento le sacudió la cabeza, haciéndose el ofendido le preguntó:
— Mira, no vine para estar con un maniquí, quiero estudiar pero también vine a hablar con una persona que no esté interesada en mis resultados de matemáticas...así que habla Anthony.
— Bien, ¿de qué quieres hablar? —dijo sin hacer caso al golpe.
— Veamos, si me das libertad te preguntaría hasta de tu vida sexual pero no creo que me sea útil. ¿Cómo está Joseph? Hace tiempo que no lo veo.
— No lo sé, yo tampoco lo veo hace tiempo, mejor hablemos de otra cosa. —respondió acomodándose los lentes mientras intentaba no pensar en la persona que había mencionado.
— No, en realidad quiero saber sobre eso, dime ¿no eran amigos ustedes?—sabía en que terreno se metía, pero él era una persona poco prudente de por sí.
— Lo somos.
— Entonces.
— Basta, no quiero hablar de él, además tampoco te es útil ¿no? —había un enojo desconocido en la voz del rubio.
— Si me es útil, porque siempre que él esta cerca las cosas están mal, ahora que está lejos parece que te hubiera llevado con él, siempre creí que había algo extraño entre ustedes dos.
El ruso se levantó con su bolígrafo en mano, arrinconó al chico contra una de las paredes y hundiendo la punta de su instrumento en su garganta le advirtió:
— Te aconsejo que no hagas preguntas innecesarias, nunca se sabe hasta donde te conducen ¿entiendes?
— Anthy. — mencionó sorprendido mientras notaba que apenas si podía moverse de la impresión y de la fuerza que estaba sobre sus brazos. Asintió con temor.
— Bien.
Recogió sus cosas, le dejó unas hojas y se marchó sin decir más.
Lean, pasado su shock miró lo que había dejado, era un mensaje.
" ¿Te parece divertido que te hundan un bolígrafo en medio de una herida abierta? A mi no. "
Horrorizado, creyó que había algo muy retorcido en su amigo.
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— Mi cabeza, como duelen las fiestas después de terminadas. —decía mientras se sostenía una bolsa de hielo encima de sus ojos por una migraña y resaca combinada.
Siente que alguien tocaba la puerta, algo rebotó dentro de ella y apenas si pudo contenerse de no maldecir al idiota que la molestaba en tan inoportuno momento. Se levantó de la cama, se colocó una bata y fue a abrir. Entonces al hacerlo no pudo ni responder a lo que sucedió después.
La abrazaron con tanta emoción que apenas la levantaron del suelo unos centímetros, sintió sus frías manos sostenerla como si no quisiera que lo dejara nunca. Le dijo algo, no lo entendió, igual no necesitaba hacerlo. Jamás lo había tenido de esa forma con ella, pero no le pareció tan extraño. Sus lágrimas tibias caían sobre el hombro de la joven, su dolor fue opacado por el de él.
Lo metió dentro del pequeño departamento y fueron juntos a la cama, en una escena difícil de creer para cualquiera Simón dejó al pobre descargarse sobre ella.
— Todo estará bien, lo prometo, todo estará bien.
— ¿Soy un tonto no?
— No, solo un idiota.
Le acariciaba el cabello, intentando que si lloraba no se hiciera daño, cuando lo veía muy exaltado le ponía una mano sobre la espalda y le marcaba un ritmo para regular su respiración. Lo acogió entre sus brazos, como un hermano, como un niño, como un igual. El amor de Anthony era tan claro, a comparación de ella, que lograba despertar en su atormentada alma un sentimiento de consuelo incomparable. Cuando el rubio se quedó dormido, la joven lo recostó sobre la cama y se permitió mirarlo un momento. Le besó la mejilla, un saludo de buenas noches. Se quedó dormida a su lado.
En un momento el rubio se despertó por un ruido a su lado, era el gato de Simón, lo hizo a un lado de su rostro y al ver a la joven a su lado se conmovió. Lo había tapado con una sábana, pero ella estaba helada, se levantó con cuidado aún conociendo el sueño pesado de la chica y buscó una frazada, la envolvió en ella y luego la abrazó quedándose a su lado. Sintió como se acurrucaba en su pecho,logrando ponerse algo nervioso hasta que encontró el calor de ambos tan relajante que consiguió volver a concebir el sueño.
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— Estás demasiado pasada de tabaco o en otros términos, tanta gramática morfológica te está afectando.
— ¿A qué se debe esas teorías? Estoy bien.
— Claro, eso preocupa, digo estás muy bien y cuando estás bien significa que estás en algo...generalmente con final trágico.
— Creo que exageras, digamos que pensé que me afectaría más el bueno...que Fiamma me dejará por segunda vez pero estoy bien.
— ¿Te gusta alguien más? —la miro de soslayo, pendiente de su respuesta.
— No, deja de decir tonterías y vayámonos de aquí.
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La televisión estaba prendida, se escuchaba el opening de un programa de niños.
— Hora de aventura, llama a tus amigos. Vamos a tierra muy lejanas...con Jake el perro y Finn el humano...
Una joven sentía que la llevaban, como si por fin su príncipe azul estuviera presente en el mundo real. Abrió los ojos ilusionada y al ver quién era sólo suspiró.
— Ohh, eres tu Anthy.
— Bueno, podría ser peor. —le besó la cabeza mientras sonreía.
— ¿Por qué tan contento? —preguntó dudosa mientras lo miraba apenas consciente.
— Hoy me siento bien, sólo eso, no deberías quedarte hasta tan tarde viendo televisión.
— ¿Qué hora es?
— Son las seis de la mañana, aún puedes dormir un par de horas.
— ¿Dormiste aquí?
— No, me quedé en lo de Simón por unas cosas de la universidad, papel de registro y eso...sabes que no entiendo nada de esas cosas. —dijo mientras sonreía más amplio.
— ¿Pasó algo?¡No me digas que estás con Simón!¡Te mato! — dijo en tono de juego pero contenta de volver a verlo con la mirada que ella había olvidado.
— No, somos amigos, nada más...pero fuera de los papeles nos divertimos, hablamos...
— ¿Cogieron? —preguntó con una mueca de asco en sus labios.
— ¡No Stayce! —le dice todo rojo— En serio, sólo hablamos, sólo eso.
— Me estás ocultando algo, pero no importa, me alegra que estés bien.
— Mmm.
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Continuará