jueves, 1 de diciembre de 2011

Las diferencias

No somos todos iguales, eso todos lo sabemos, pero...¿será posible que todo aquello que nos hace distintos sea lo que más nos una? 
Existen personas en este mundo que los que más las une son las diferencias entre ellas, porque una es lo que necesita la otra y es así como empezaremos nuestro segundo capítulo.


~~


De pronto Carol sintió algo cubrirla, alguien le colocaba una manta sobre ella que tan incómodamente estaba sentada en la única silla en la habitación del rubio. Pensando que fue alguna de las enfermeras sólo volvió a dormir como si nada. Pero no había sido una enfermera, sino una mujer y una muy preocupada por cierto.


— Mi pequeño niño. —murmuró mientras mandaba un mensaje por su móvil y luego se sentaba al borde de la cama mientras le colocaba una mano en su pecho— Tu siempre tan sensible.


La mujer sonrió al verlo, casi como si no se preocupara por él. Nora jamás demostraba sentimientos negativos, una cualidad un tanto dudosa de serlo en fin. Era una mujer ya asentada, ocupada en sus negocios, eran contadas las veces que se le vio un ceño fruncido. Ella era la madre de Anthy, alguien tan querida como inevitablemente apegada a su único hijo. Entonces alguien entró a la habitación mientras se oía gritos desde el exterior.


— ¡A mi me dejan pasar! ¡No soy ninguna extraña! —gritaba a poco más la joven de cabellos alborotados.


— Déjela ella vine conmigo. —se apresuró a decir la mujer mientras se levantaba y suavemente le quitaba el brazo de la enfermera de su hombro— Stayce es como una hermana para mi hijo, disculpe las molestias.


La joven apenas miró pero sin aguantar, quizás por tener una boca muy suelta, dijo sin recelo alguno a quién la había salvado de la seguridad del hospital.


— ¿Usted es la madre de Anthy? Pero si no se parecen en nada. —alzó las cejas algo impertinente aunque claro, sin intensión de serlo.


— Sí, aunque no parezca, soy Nora Krimm, un gusto Stayce. —su sonrisa no se borró ni un poco.


— Un gusto, veo que ya me conoce.


— Facebook cariño. —contestó pícara mientras la soltaba e iba al lado de su hijo.


Stayce por su parte se impresionó un poco al verlo con suero y tan pálido, fue al lado de Carol y apenas la tocó para despertarla. Al hacerlo se sorprendió de ver a la pelirroja allí, seguramente se había quedado dormida. Al ver a la mujer morena a su lado se incorporó de un salto y de forma rápida intentó explicar.


— Sra. Krimm permítame explicarle, Anthy estaba muy nervioso por los finales de semestre y se sobre exigió...


— Vi las marcas Caroline, no hace falta que me relates una historia, eso es esperable de Simon. Por favor, les puedo pedir un momento para estar con mi hijo a solas.


— Por supuesto, disculpe. —con la mirada baja tomó a Stay consigo y la obligó a salir un momento.


Entonces una vez fuera la hindú se dispuso a explicarle la situación a la pequeña hiperactiva. Aquella mujer era digna de respeto para muchas, más para Carol, porque sabía todo el esfuerzo y amor que tenía hacía el rubio. Era difícil afrontarla, siempre estaba un paso adelante de los demás, además de tener una habilidad extrasensorial para detectar las mentiras. En definitiva la joven definió la relación de Nora con Anthy en una frase:  
Ella daría su propia vida por él, y si él muriera estoy segura que ella se suicidaría de tristeza.
La pelirroja se quedó algo impresionada, le parecía exagerado, aún con una mamá osa como ella llamaba a la suya le resultaba algo extraña esa definición para una madre tan poco parecida a su hijo. Entonces apenas murmuró:


— ¿Anthy es adoptado? No me creo que lo haya tenido esa mujer. —apenas la miró de soslayo mientras espiaba por la ventanilla de la puerta.


— No. Anthy siempre la ha llamado madre, aún desde el día en que nació. Stayce aún eres muy chica para entenderlo.


Ambas entraron y vieron una escena muy particular. 
La mujer de ojos negros y miel pálida, sus ojos rasgados y sonrisa de años estaba encantada de ver a su niño sonreírle de nuevo. Mientras que el rubio, digno inglés de sangre le besaba la mano con devoción. Dando falsa promesas, su madre no dijo nada porque en parte también quería creerlas. Ella le besó la frente y dijo ir por un doctor para saber si lo daban de alta. Pero la paz no duró mucho, al ver la pelirroja a su querido se le aventó como un perro a su amo y lo abrazó fuerte. 


— Anthy estaba tan preocupada por ti. Tonto ¿qué te pasó? —preguntó angustiada mientras se le apoyaba en el pecho.


— Lo siento Stay, no volverá a pasar. —dijo mientras la abrazaba y posaba su mentón sobre su cabeza— Tuve que salir por una emergencia de un amigo y terminé convirtiéndome en la emergencia creo...


— ¿Qué clase de emergencia Ant? —preguntó la hindú con alto ego mientras rebobinaba la imagen de su mejor amigo y su ex-mejor amigo juntos.


— Simón tenía una duda con lo de análisis, tu sabes lo ansiosa que es y terminó cansándome después del noveno mensaje. —tenía todo pensado, extrañamente sonaba creíble.


— ¿Y ni siquiera me avisaste? —casi gruñó la joven.


— No quería molestar, además...¿cómo supieron que estaba aquí?


Hubo un silencio extraño, entonces Stayce salva a su amiga de delatarse y con su voz chillona, un tanto melodramática comenzó su acting.


— Es que te habrás imaginado mi susto cuando me desperté y no estabas. Comencé a gritas, los vecinos casi me echan y luego comencé a llamar mientras Carol apenas si sabía que hacer. Llamé a tu escuela, a la morgue...


— ¿La morgue? —susurró algo asombrado de lo que escuchaba.


— la policía, el casino y finalmente en el hospital me dijeron que estabas bien. ¿ Te parece que me preocupes de esa forma? No, no, no...no te perdonaré tan fácil esta vez. —asume su posición de capricho y se queda a su lado, le guiña el ojo a la callada morena y luego un tanto más calma acota— Eres un tonto.


— Tienes razón, lo soy. —dice mientras le regala un beso en la mejilla y luego siente una risa frente de él.


— Es tan dulce como me contaste cariño, ahora vendrá la enfermera a quitarte el suero y nos iremos. —espetó la madre del rubio mientras dejaba un juego de ropa a los pies de su cama— ¿Crees que me olvidaba de eso cierto? 


— Piensas en todo. — su madre conocía mejor que nadie las preferencias de su hijo, tan meticuloso con la ropa y más aún en hospitales.


Al tiempo apareció la nombrada enfermera a hacer su trabajo, lo dejaron solo un momento para que se cambiara. Extrañamente Stayce se quedaba muda ante la autoridad de Nora, la hindú entre ellas apenas esbozaba una sonrisa recordando que también le pasaba antes de conocerla. Finalmente salieron del edificio, tomaron un taxi y al llegar al departamento del rubio donde la mujer decidió despedirse porque su trabajo la estaba llamando. Abrazó a su "pequeño", como aún le decía, y apenas susurró:


— Cuando quieras decirme la verdad, llámame Anthony. —sonrió una última vez, saludó a Carol y Stay para salir con prisa por su taxi de viaje.


— Siempre lo sabe. —murmuró el chico algo pálido de repente, no solía mentirle a su madre.


Carol previniendo esto lo hizo sentar, quedaron pegados frente con frente para cuando el timbre sonó Desesperadamente. Todos saltaron, pensando quién podría ser, porque Nora se había llevado todo consigo o al menos eso creían. La pelirroja fue a abrir la puerta y se sintió un pequeño grito por parte de la adolescente.


— ¡Odio que me lamas! —se escuchaban sus quejas hasta llevar al cuarto de Anthy y aún pasándose la mano por la mejilla acotó— Te vino a ver la tediosa.


— ¡Hey! Mi nombre es Simón pequeña cabeza de fósforo. —dijo en su tono de reclamo la joven de ojos marrones.


— Ya no se peleen, me empezó a doler la cabeza. —les pidió mientras se acostaba pero aún vestido sobre las colchas.


— Pobre hipocondríaco, dime...¿qué te pasó esta vez? —se cruzó de brazos y espero, aunque sintió la mirada acusante de Carol sobre ella y se puso atenta— Después de que te fuiste de mi habitación creí verte algo pálido amigo.


 Una vez el ingenio de su compañera de pintura lo había salvado, no conocía mucho de ella pero desde que lo descubrió con Joe le fue inevitable hacerse más cercano por evitar que lo delatara. Esa chica era rara, aún más que los cambios de humor de Carol, o quizás era que se había acostumbrado a ello. La morena se fue a buscar sus cosas para irse y la pequeña a hacer té y aliviar el dolor de cabeza de su amigo. Quedándose solos, la castaña lo mira y mientras lo toma del pelo con fuerza le dice:


— ¿Estás loco verdad? —se le subió encima y lo suelta— Te dije que no deberías seguir con él, mira, ahora además has preocupado a Stayce. ¡Piensa un poco en ti Ant!


— No grites Simón, ya sé, tienes razón pero no fue su culpa...yo sólo...


— Nunca es su culpa, Ant, niño hipocondríaco o como quieras que te diga para evitar llamarte idiota. Me cuesta decirlo, pero me importas. Eres un inconsciente...


El rubio la toma desprevenida y cambia los roles. Se le acerca lo suficiente como para que se quedara muda, sabía que no le gustaba el contacto físico. Más aún en lo que ella consideraría "sumisión". Rozó con sus labios con los de ella, murmuró así pegado:


— No volverá a ocurrir, lo prometo. —siente como es empujado.


— Maldito idiota, aprovéchate que pareces más niña que violador si no...te arrepentirías de hacer esas cosas. —apenas se pasa la mano por la boca como despreciando el acto, aunque su sonrojo no parecía pensar igual— Ya que, estás bien y tienes dos mocosas atendiéndote, creo que es hora que me vaya principito. Intenta no matarte la próxima ves ¿si?


— Como digas Sim, como digas. 


El rubio la mira apenas antes de verla irse. La joven pasa por la entrada toma su abrigo y sin saludar a nadie se va. Carol lo nota, siempre era así de odiosa esa chica, nunca podría verla con buenos ojos ni aún siendo amiga de Anthy. Hasta dudaba sobre qué clase de relación tenían, porque más de una vez la escuchó insultarlo o gritarle. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando siente a su pequeña gritando a más no poder en la cocina. Va y ve que el rubio ya estaba ahí. Le estaba consolando mientras la adolescente tenía la mano bajo el chorro de agua del lavado.


— Ya Stay no llores, ya pasará el ardor.


— ¿Se quemó? —dice seria y luego vuelve a ser ella— ¿Tienes con qué curarla?


— Tengo un botiquín, en el baño en un mueble pequeño abajo. Aunque deberíamos esperar que se calme, tirarse agua caliente encima no es nada grato...una vez me pasó de niño.


— Anthy, me duele. —dijo con los ojos vidriosos la pelirroja que sentía la mano de él sujetarla con fuerza.


— Voy por él, mantén la mano en agua. —dijo la hindú desapareciendo rápidamente de la cocina.


Volvió y con todo listo comenzó a tratar la mano de la joven, le dolería bastante, ya que al parecer se le harían ampollas aunque no le quedaría una marca muy notoria. Anthy le sostenía la mano para que no se la quitara, sabiendo que le dolía, aún así tenía la delicadeza de alentarla y distraerla. Luego la llevó al living para que se calmara un poco, él terminaría de hacer el desayuno en fin. Carol lo despidió, y le di un abrazo pidiéndole que la llamara cualquier cosa.
Se quedaron solos Stay y Ant, ambos se sentaron en el sofá para ver la televisión mientras tomaban té.


— Yo quería cuidarte, y siempre termino arruinando todo. Soy muy torpe. —dijo mientras se miraba la mano vendada.


— No digas eso, es sólo porque aún estás creciendo, a mi también me pasaba. Además sólo me basta con estar tranquilo conmigo y me siento mucho mejor.


— ¿En serio? —preguntó algo apenada.


— Claro que sí, ¿eres mi hermanita no? Estaré mejor, tan sólo necesito estar tranquilo un tiempo. Ven aquí y deja de decir tonterías. —la abrazó con un brazo apoyándola sobre él para tenerla cerca— Te quiero Stay, no me gusta que te menosprecies así. 


Se quedaron así abrazados mientras miraban kung fu panda, cuando de pronto la joven le sale con una pregunta que no logró contener más.


— ¿ Nora es tu mamá de verdad? Es que no tendría nada de malo, pero no se parece en nada a ti.


El joven suspiró cansado, sabía que tendría que explicar, hacía tiempo tenía esa pregunta en los ojos. Entonces reposó su mentón sobre la cabeza de ella y muy tranquilo le explicó.


— Ella es mi mamá, pero no biológica si a eso te refieres. Verás, yo me críe con dos mamás y un papá. Los amé a los tres, sigue siendo así.


— ¿Dos mamás? —dice algo extrañada pero no mal.


— Claro, mi "progenitora" se llamaba Anya y ella tenía una pareja, Nora, cuando decidieron tener hijos buscaron a un hombre que también quisiera y de ahí conocieron a mi papá. Entre los tres no hubo más que amistad, si amor entre mis mamás de eso no tengo duda. Cuando mi mamá murió, Nora me adoptó y desde entonces es así...¿entendiste? —hablaba normal, porque para él lo era.


— Entonces...eran dos mujeres y un hombre, pero las mujeres eran el matrimonio....no, no entendí. —admite mientras piensa, eso no iba con lo que su padre le había enseñado de relaciones.


— Cariño, te lo hará simple. Mis mamás eran lesbianas, mi papá hétero pero soltero y me tuvieron y me aman y todo bien. Tan sólo te pido que no hagas ese comentario frente a Nora, suele ponerse sensible a ello.


— Según mis padres eso no estaría bien.


— Cada uno tiene su pensar, sólo te pido respeto hacia ella Stay. —dice casi dormido.


— Yo digo que mientras te quieran está todo bien. —apenas sonrió, pensó en un momento en lo de su mamá fallecida. Nunca pensó que hablara tan fríamente de algo así.


— Yo también...pásame el inhalador de mi campera por favor. —se endereza algo pálido de nuevo.


Ella se asustó y fue rápido por la medicina, se ponía muy torpe nerviosa. Le costó encontrarla hasta que al hacerlo se le cayó de las manos y siente la voz ahogada del rubio.


— Cálmate...presta atención...


La pelirroja de mechas azules se concentró y al conseguirlo se lo dio como un rayo de rápido. Seguramente si se había puesto nervioso, se sentía una tonta por no notarlo. No era bueno que tuviera tantos ataques, más aún parecía empeorar. Luego que se calmó lo regañó como a un niño, mandándolo a dormir a la cama. Lo acompañó, no tenía hambre, ella no podía obligarlo a comer. Se quedó con él hasta verlo dormirse. Pensó en la primera vez que vi a Anthy, pensó que era alguien que sufría mucho porque en sus ojos siempre se reflejaba eso. Al parecer la joven nunca se equivocaba, esa intuición de loba herencia de su madre era lo más fiable que poseía. Se acurrucó a su espalda, quería asegurarse que él se quedara con ella esa noche y durmió a su lado.


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Mientras en un monoambiente estaban también dos buenos amigos, ella tenía dolor de cabeza por lo que se tomó la tercer pastilla del día. Se acostó en su sofá-cama aún no armado y sintió la mano del sádico de ojos negros, como ella le decía.


— No tienes fiebre, pero si se te siente acalorada. ¿Sólo te duele la cabeza?


— No...me estoy cocinando de adentro hacia afuera, idiota, sólo me duele la cabeza no molestes. —tomó la única almohada y se la colocó sobre el rostro.


— Si sigues de mal humor será pero Sim, no ganas nada con quejarte.


— Cállate.


— Bien, bien, si eso te tranquiliza. Eres odiosa.—dice molesto sacando un cigarrillo.


— Habló el príncipe encantador. —sarcástica— ¿Por qué no te vas de una buena vez?


— No se me antoja.


— ¿Qué no se te antoja? —le tiró el almohadón y luego toda despeinada y de poca paciencia le dijo con un tono amenazante— ¡Vete de aquí maldito marica!


El joven se levantó sereno, la miró como despreciándola y se dirigió a la puerta. Pero antes de irse tenía algo que decir.


— ¿Te han herido mucho de chica verdad? —asertivo y cruel como siempre, abre la puerta y la cierra con cuidado mientras escucha un grito de su interior.


— ¡¡Maldito imbécil!!


Exclamó la joven antes de caer en el sofá, se sentía mareada, con náuseas y el continuo dolor no la dejaba moverse. Ya cuando sintió que podría desmayarse, por tener la presión por el piso decidió llamarla. Era la única, fuera que le daría un sermón de medio Génesis, en quien confiaba cuando se sentía así de mal. La amiga en quien más confiara aunque jamás nadie tuvo la oportunidad de verlas como tales. Al terminar de mandar el mensaje, sólo esperó unos segundos y ya tenía respuesta:
Voy en camino, quédate acostada.
No pensaba llevarle la contra, o más bien, no podía. Sintió la puerta abrirse, sabía que tenía una copia de la llave. La vio entrar, ya tenía esa cara de preocupada que le bajaba el ánimo a Simón. La levantó y tomó su muñeca, no era necesario con verle la falta de color era suficiente. La recostó por completo, elevó sus piernas para que corriera la sangre de vuelta con más facilidad y le dio un vaso con sal. Se quedó un poco a su lado, notó que empezaba a sudar frío. 
Tomó su cabeza y la colocó en sus piernas, le acarició el cabello esperando por calmarla mientras le hacía efecto lo que acababa de darle. En un momento siente que le toma la mano con fuerza. La joven de ojos marrones le dice:


— Me gustan tus manos Caroline.


— Siempre te han gustado, ¿mejor?.


— Bastante, gracias por venir.


— ¿Te has hecho ver? Esos dolores ya son crónicos. —dijo preocupada pero sin más sabía que la ignoraría. Simón siempre prefirió curarse sola, pero no era consciente de que podría ser grave.


— Estoy bien, es mucho trabajo, la revista me tiene loca y últimamente siento que en lugar de ayudar al hipocondríaco lo empeoro.


— No digas eso, él sabe que lo intentas, además tu sabes que es por su enfermedad. No es que lo provoque alguien.


— See....


La argentina no se sentía bien al mentirle así a Carol, pero lo había jurado, no tenía opción. Sólo en una cuestión de vida o muerte, quizás debió enterarse del incidente de Anthony antes y aprovechar pero ya estaba bien cuando se lo contaron. Al sentir como le tocaban el pelo sintió que se dormiría justo así, y así pasó. La hindú al darse cuenta se puso como loca al principio pensando en todo lo que aún debía hacer, sin embargo no tuvo el valor para despertarla y dejarla sola. Sabía por demás que era muy sensible, igual que Anthy pero como una versión tosca y terca. Apenas si se acostó sobre el respaldar y con el control puso play al equipo de su amiga.


Quiero conocerte
Cambiarías un poquito de mi suerte
Sigue la corriente
El impulso de tu piel nunca te miente
Oooh!
El disco de mi mente
Se re siente con tu corazón
"El disco de tu corazón"
"El disco de tu corazón"


— Con todos los CDs buenos que tiene, de metal, de rock, de alternativo, de punk...¿tenía que tocarme justo este? Qué vicio que tiene con esa banda últimamente, encima no entiendo nada y es super chillona la chica. — rezongó la morena mientras su pie iba al ritmo de la música, cabe aclara que para ella, todos los cantantes de ese grupo son mujeres porque no distingue y no pregunta.


Se quedó un rato hasta que se hizo tarde. Con cuidado se la quitó de encima, la dejó tapada y sólo pidió porque estuviera en una pieza a la mañana. Se marchó del departamento, cerró con llave. Sintió un olor extraño, un perfume que conocía, miró hacía abajo de la escalera. Sin duda era Joseph, se le acercó bien enojada y presumida como cada vez que tenía ganas de pelear. No se olvidaría de esa noche y su respuesta tan fácil. 


— Se puede saber qué haces aquí.


— Vengo a ver a Simón, no te incumbe. — dijo serio y pasándola de largo.


— Ella ya está dormida y te recomiendo que no la molestes. Sería lo que faltara, que además de poner mal a Anthy te la agarrarás con Simón también. —entonces siente como la tira del brazo y la aprisiona contra la pared. Ella forcejea para escaparse pero era muy fuerte y llegó a asustarla.


— Mira Carol, no me molestas, por ahora. Lo que yo haga con Anthony o con Simón no te importa, sólo quiero que sepas que todo lo que pasa es a voluntad de ellos, yo no los presiono a nada.


— Es difícil de creer si "hablas" conmigo de esta forma. — la suelta y la hindú no hace más que mirarlo con bronca y escupe palabras— Creí que eras su amigo, el de ambos, pero si a ti no te importa cómo estén no es mi problema. Pero ellos sí lo son, yo los quiero y no permitiré que las hagas algo malo. Escúchame bien, una cosa más relacionada a ti con Anthy o Sim y juró que lo lamentarás...


— Por favor, los dos sabemos que sólo lo dices porque no quieres verlos. Ellos son así, yo no los creo, además jamás dirán nada contra mi, saben que tengo razón. —sonrió de lado y entonces tomó el ascensor— Que te diviertas bajando escaleras, ojalá te haga pensar un poco.


Se burló y cerró la puerta dejándola sola en un décimo piso. Carol respiró profundo, para evitar pensar en sus deseos de asesinarlo y comenzó a bajar. Debía hablar con Anthy, pero aún estaba débil para tomarlo con cosas así. Luego pensaría en Sim, aunque no le preocupaba mucho, ellas eran plenamente honestas entre sí...o eso creía saber.


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