lunes, 6 de febrero de 2012

La Cadena

Es cruel pensar, que más que lazos entre nosotros son cadenas lo que nos mantiene unidos. Todos dependemos a alguien, queramos o podamos admitirlo es así.
Mi teoría, fuera de toda mi locura, es que nuestra necesidad de estar juntos, de buscar alguien con quien compartir tu vida es lo más natural que posee el ser humano moderno. El problema es que nuestros conceptos, dados por una mentalidad y cuestionamiento mayor al de las demás especies de la madre naturaleza, siempre estamos buscando razones por la cuales estar y vivir. 
Lo malo es que a veces, uno no puede ver con claridad, cuando lo único que hace es pensar. Las cosas importantes siempre están a nuestro alrededor.
Sucede en esta historia, que no se piensa, que se siente. El temor es mayor.
Tira de las cadenas, los lastimas, tira de los lazos y se alejarán...ahora dime, ¿cual es la alternativa?


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Stayce estaba preocupada y sumamente enojada con su compañero de cuarto, era muy obvio que algo le ocultaba. La llegadas tarde, que nunca lo encontrara en su celular, que no le dejara más comida hecha para calentar...andaba demasiado distraído como para ser normal.
Entonces la pelirroja decidió aprovechar las cortas vacaciones para descubrir en qué estaba metido. Tomó su bolso, metió unos binoculares, una agenda y una coca cola en lata y se dispuso a seguirlo. Esperó paciente a que le dijera "me voy a ..." y salió detrás de él. Claro, no era una ninja precisamente, así que intentó ser lo más serena y callada posible. Sus ojos celestes miraban todo con atención, las calles y con quienes estaba el rubio. Notó que caminaba cabizbajo, no saludaba a nadie, cruzaba inconscientemente las calles, o sea, nada anormal a lo que ella ya sabía.
Lo vio tocar a la puerta de Carol, después de un rato nadie contestó, comenzó a caminar a otra dirección. La joven comenzaba a relatarse sola.


— El sujeto está en movimiento, probabilidades nulas, no tengo la más mínima idea de dónde estoy...ohh que linda mariposa...ya Stay concéntrate. 


A sus pasos, se tomó un descanso al verlo sentado en una banca de la plaza. Ella estaba a unos poco metros, se colocó una gorra que cubrió por completo su pelo para que no la reconociera. Anthy miraba a su alrededor con regularidad, al parecer esperaba a alguien. Atenta, bajo sus gafas de espia al estilo matrix, la joven estaba soportando las ansias. 


Se despertó sobresaltada, se había quedado dormida en medio de la investigación. Estaba todo oscuro, se quitó los lentes, era de noche. Entonces sus ojos se pusieron brillosos y mirando a todos lados notó la ausencia de su amigo. Estaba a punto de llorar del miedo cuando una voz familiar la llamó.


— ¿Stay? —dijo su primo mientras terminaba de comerse un caramelo, aclaración, es adicto a la azúcar y al alcohol.


— ¡¡¡Lean!!! —se le tiró encima, y como era tan flaco como ella se cayeron al piso, al parecer la falta de equilibrio era de familia.


— ¿Qué haces tan lejos de tu casa? 


— Es que quería saber que demonios hace Anthy cuando está en la calle, lo seguí, pero me quedé dormida mientras esperaba aquí y me desperté y era de noche y ... —lo miró con cara de niña asustada.


— Ya, no empieces a llorar o se pego un chicle en el pelo. —dijo hastiado por su falta de sueño, era de dormirse temprano—


— ¡Gracias! —sonriendo como tonta.


Llegaron al departamento, no había nadie, Lean revisó el lugar. No le gustaba la idea de dejar a su prima sola. Aunque al parecer, ella estaba tranquila, debía de ser común. No pensaba que fuera algo muy responsable de su amigo el dejar a la pequeña hiperactiva sola. Se quedó esperando un rato, siente el ruido de una motocicleta frenar justo abajo de su puerta. Vivían en el primero piso.
Salen y ven a Anthy y Simón abajo. Lo más llamativo era que el rubio manejaba. Bajaron y al ver a los dos primos arriba se oyó una pregunta:


— ¿Qué están mirando? —agresiva la argentina como siempre, un coche cercano le alumbró su rostro descubierto, mostrando un gran moretón en su mejilla izquierda.


— ¿¡Simón que te pasó!? —gritó la pelirroja mientras bajaba tropezándose con algunos escalones.


— Me voy Ant, nos vemos, gracias por la companía. —dijo rápido, se puso su casco e ignorando a la adolescente se marchó acelerando lo más que podía.


— Anthy, ¿qué le pasó?¿quién la golpeó así? —le dijo preocupada, aún en medio de la calle mirando como la había ignorado por completo.


— Intentaron asaltarla, pero Joe logró evitar que lo hicieran...—no se había dado cuenta que había dicho su nombre.


— ¿Asaltarla? Ayy pobre Simón, aunque parece que no le importe, eso debió doler para dejarle tal marca. Supongo que la ayudaste a curarse ¿verdad?


— La llevé al hospital para que la revisarán, no es nada grave, pero las marcas son grandes. Debo llamar a Carol. —contestó.


— Mmm, si, menos mal que...—se puso atenta— ¿quién es Joe?


Anthy se sonrojó sin quererlo, no sabía porqué, siempre le pasaba lo mismo. Intentó modular sus palabras, no deseaba que Stayce conociera a Joe, y tuvo que cometer el error de mencionarlo. Entonces comenzó a subir como loco hacia el interior del departamento. Lean lo vi pasar a su lado, notando que estaba algo rojo, y con su expediente médico no era de confiar.
Lo siguió hasta el baño, donde el rubio se escondió.


— ¡Hey! ¡Idiota qué te pasa!


— Me siento...—hizo ruidos como que vomitaba.


— ¡Anthy! ¿Qué pasa? Déjame entrar. —comenzó a desesperarse mientras forcejeaba la puerta.


Siguió el juego un rato más, lo suficiente para que la pelirroja olvidara la pregunta, luego disimuló tirando la cadena del baño, se lavó el rostro y gracias a que era pálido sólo debía confiarse que le creyeran; eso no era de dudar porque nunca bromeaba con las enfermedades (o eso pensaban todos). Salió y sosteniéndose del marco de la puerta los miró.


— Necesito sentarme. —se tomó la cabeza como cansado.


— Ya ven, yo te llevo. —Lean le pasó un brazo por el hombro, lo llevó hasta la sala— Hermano, a veces me asustas.


— Lo siento, creo que fue demasiado, hace mucho que no como y lo único que tomé fue un speed de dudosa fecha de vencimiento.


— Tan sano, me sorprende de ti. Stay trae agua, y algo que coma, este chico nos va a matar del susto a no ser que se muera primero. 


— No digas eso. —lo retó por lo bajo la pelirroja, odiaba que hablaran de la muerte de forma cínica.

Lean se quedó la noche con ellos, la joven se quedó dormida al lado de su compañero. El chico de ojos miel los miró, era claro que se querían y mucho. Ya iban dos años que vivían juntos, pero por otro lado se preocupaba por su prima. Tener que lidiar con el chico enfermo, como así el mundo conocía a Ant, no debía ser fácil y en cierto punto temía que se convirtiera en una carga. Suspiró y estaba a punto de volver al sofá cuando escucha una voz detrás suyo.


— Lamento esto Lean, no quise asustar a nadie. No volverá a pasar, sé que nunca te gustó la idea que Stacy se quedara conmigo, aunque, he llegado a quererla mucho. —admitió mientras se levantaba con cuidado de no despertarla.


— Lo sé ruso, lo sé. Sólo cuídate más, o le tendré que pedir a mis tíos que lo reconsideren, ella es muy niña aún. También es por ti, quizás deberías pensar que debes contarle como ayudarte y eso. Del último ataque que tuviste quedó sensible...entiendo que no lo haces apropósito, sólo ten cuidado de ella. Soy la única familia luego de sus padres...


— Comprendo, yo también, sólo tengo a mi mamá y mi padre. Te aseguro que la cuidaré y no habrá más incidentes como ese. —le tocó el hombro.


— Eres muy convincente, maldito ruso. 


— Sólo mi madre era rusa, ¿por qué me llamas así? —dice cansado, ese chico no era como su prima en lo más mínimo.


— Es que es inevitable, tienes la porte y te delata jajajajajja 


— Es raro, sólo por eso, pero creo que tienes razón. —apenas sonríe— Hablando de eso, será mejor que llame a mi mamá, discúlpame un momento.


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Mientras un celular suena a las dos de la mañana. La joven de cabello alborotados atiende y sale con silenciosa de la habitación para no despertar a su novio que dormía tranquilo sobre su cama.


— Carol, diga. —se pasó la mano por el rostro, nadie cuerdo llamaría a tal hora.


— Soy Simón, ¿tienes un minuto? Es que necesito verte. —dijo seria.


— Sim, tu sabes que te amo, pero son las dos de la mañana y Zed está en casa. —tomó un respiro— Te diré que haremos, ven a las tres a casa y hablamos ¿si?


— Bueno, no es nada importante. —había ruido de autos a su alrededor.


— ¿Dónde estás? —pregunta más despierta.


— Estoy en casa, no te preocupes. Nos vemos, cuídate. —colgó.


La indú cansada volvió a la cama. Sin notar aquellos pasos que se alejaban de la puerta.
La chica de ojos marrones miró las luces de la ciudad, había dejado su motocicleta en un estacionamiento cercano, confiada en que Carol estaría sola. Pero en cuanto notó la falta de personas en la calle, la oscuridad entre las calles, los ruidos...un miedo nuevo apareció en ella. Miró todo, no podía moverse de donde estaba, temía volver a ser atacada. Pensó en volver, tocar la puerta de su amiga y pedirle que la acompañara. Siempre era una molestia para Carol (eso creía), no, no podía hacer eso. Se armó de valor, comenzó a caminar lentamente, tenía su celular a mano.
Todo fue bien, comenzó a pensar que estaba exagerando, sólo restaban unas dos calles y ya...cuando un ruido cerca de un callejón la hizo congelarse, cuando algo cruzó frente de ella. Era un gato, pero por alguna razón Simón no podía si no evitar que las lágrimas de su rostro cayeran. Pasó sus manos para limpiarse, y en lo último que quedaba de camino lo pasó corriendo. Le dolía la cabeza.


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— ¡Ve a hablar con Simón! —le ordenó mientras intentaba mantener sus nervios al mínimo.


— Ella está bien , deja de molestarme, idiota. —decía mientras seguía caminando por los pasillos, se sorprendía de esa actitud— Simón me confía muchas cosas, si estuviera mal me lo diría. Ya vete ya.


— No entiendes, está rara, no contesta mis llamadas, voy a su casa y nunca hay nadie. Desde el asalto me ha estado evitando y a Anthony también, tu eres la única que realmente logra sacarla de su caparazón. —se apoyó en una pared despeinándose.


— ¿Asalto?¿Qué asalto? —ahora ella sonaba acosadora, lo estaría inventando, miró sus ojos. No, era cierto.— ¿Qué le pasó?


— El otro día después de jugar, la encontré en la calle, estaba siendo asaltada por un tipo. Yo lo detuve, la acompañé a su departamento, quedó algo lastimada...pero no son esas heridas las que me preocupan. — Nunca lo son, pensó en sus adentros.


— ¡Demonios! Entonces anoche no era su cotidiana depresión, tengo que llamarla o algo....maldita sea...esa chica es peligrosa cuando se aísla. —tomó su móvil, notando que Joseph seguía junto a ella, le di como que el número estaba fuera de alcance o apagado.


— ¡Ohh Dios! Ya me cansé, mira Carol, no me importan si te caigo como una patada en las...rodillas; sólo quiero encontrar a Sim así que dime si tienes alguna idea de dónde puedo buscarla. —dice serio mientras enciende un cigarro con una mirada seria.


— Raro que te preocupe otro ser. —lanzó su mirada asesina, no le tenía confianza— No te gastes, yo iré a buscarla, si está fuera del alcance sé donde debe estar paseando.


— Es mi única amiga, además si aún no te contó del robo no creo que sea bueno que vayas tu. Sabes....mejor déjalo, seguiré buscando aunque me pierda el único fin de semana sin tarea...sigue estudiando rata de biblioteca, yo me largo. —ya se había ofendido, además que la actitud de ella chocaba mucho con él.


Ambos eran más parecidos de lo que pudieran imaginarse, la diferencia recaía en que Carol era mujer y Joe hombre, lo que los limitaba en aspectos que los hacían enfrentarse siempre. Además que las miradas de ambos causaba miedo, eran tan dominantes y protectores como los lobos alfa, y todo el mundo sabe que ese tipo de personas no eran de pasar mucho tiempo sin pelearse.
El moreno siguió su camino, aunque antes de pasar al campus decidió preguntarle a Anthy. No sabía si había hablado con ella, pero nunca venía de más preguntar.
Terminó su cigarro en lo que iba al salón del rubio, hacía tiempo no lo veía, tiempo, una semana. Pero para Joe era difícil pensar en la ausencia de él, quizás porque era lo único constante en su vida desde que era un niño.
Entró al salón y preguntó por él, una vez fuera lo miró un momento.


— Estás más delgado...mmm...disculpa, quería preguntarte si sabías algo de Simón. Está desaparecida hace días y me preocupa. —dijo mientras se apoyaba en la pared.


— Me dijo que se iría a lo de su madre unos días, debe estar allí, te daré el número de su casa si quieres. Ayer la llamé, no sonaba de lo mejor. —tomó un pedazo de su cuaderno y le escribió el número, luego al ofrecérselo le comenta— Creo que debería ir a médico, tu sabes, el examen anual por el asma y eso...


— ¿Quieres que te acompañe? —tomó el papel y lo guardó en su bolsillo.


— No...será mejor ir solo. 


— Mañana a las siete paso por ti, estate listo Anthony. —miró hacía ambos lados del pasillo, se le acercó y le besó la mejilla, al separarse le susurró— Sé que no irás solo, eres muy necio en ir a los hospitales, ambos sabemos porqué.


— Gracias. —se había sonrojado, aunque su mirada estaba clavada en el piso.


— Ahh...¿qué harías sin mi? —el ego volvió a aparecer, le revolvió el cabello y se alejó.


El ruso se lo quedó mirando mientras se iba, suspiró, y pensó:


¿Por qué no puede ser así siempre? —guardó su melancolía y regresó a su clase.


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Mientras en una casa de los suburbios, una joven estaba tolerando los insultos habituales de su hermana menor, mientras intentaba leer algo de su trabajo cuando de pronto todo en su cabeza termina por explotar y se levanta. Sigilosamente entra al baño. Su celular suena.


— ¿Hola? —intentó disimular su llanto.


— ¿Simón? ¿Dónde estás? Pasé por tu departamento y no había nadie, no atiendes el teléfono hace días, estás aislada hasta de la escuela...—y el reclamo seguía y seguía, hasta que se da cuenta del ruido de fondo— ¿Estás llorando?


— No....no...estoy en lo de mi mamá...lamento las molestias Carol, pero no quiero hablar ahora. —corta sin más y apaga el celular.


— ¡¡Simón aún estás en el baño!! —se siente el grito de su hermana desde afuera.


— ¡Ya salgo mierda! ¡Ya salgo! —dijo mientras abría el grifo del agua para disimular, bajaba las mangas de su camiseta y se acomodaba el pelo. 


Salió y nadie se dio cuenta, nunca nadie lo hacía. Suspiró y tomó su bolso, con un tono neutro le dijo a su hermana.


— Me voy, tengo cosas que hacer y en esta casa es imposible.


— ¿A esta hora vas a irte en esa moto de mierda? —la mira a menos.


— Confío más en esa "moto de mierda" que en tu capacidad cognitiva.


— ¿Mi qué? —la mira enojada, aunque en realidad no tenía idea de qué había dicho.


— Nada, idiota, dile a mamá que la llamaré apenas llegue. Chau.


— Adiós.


Siempre era la misma conversación con su hermana, y jamás sabría lo que cognitivo significaría, aún estando todo el día enfrente de una computadora. Realmente desalentador. quizás ir allí no fue la mejor idea que se le pudo ocurrir a la argentina. Subió a su moto, las luces en la calle daban un aspecto desconcertante. Acostumbrada a ese sentimiento comenzó su viaje, era una hora de camino a la capital.


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— ¿Por qué no me dijiste lo de Simón? —le dijo enojada entrando súbitamente en el apartamento.


— Ella me pidió que no lo hiciera, lo prometí y no podía... —se le acaba la voz ante la Carol enojada, realmente daba miedo, hasta sudaba.


— ¡Tienes idea de lo irresponsable que eres! ¡Habíamos acordado que con ella debíamos confiarnos esas cosas! Sabes cómo se pone y eso, ahora esta a una hora de viaje y no contesta las llamadas, ¡A-N-T-H-O-N-Y! —comenzaba a gritar y lanzar el rollo, una vez que esa etapa pasaba volvía a ser un humano racional.


-media hora después-


— ¿Qué hacemos ahora? —preguntó el rubio luego de escucharla y usar su inhalador.


— Lo único que sabemos hacer pinky, esperar a aque vuelva en una pieza. —seria.


— ¿Pink...—estuvo a punto de reírse pero la mirada de Carol lo calló a instante.


En eso que estaban sentados en la pequeña sala, mirando el televisor sin verlo suena el timbre. Stayce que era la más atenta va y atiende, hubo un silencio que incomodó al rubio por lo que se levantó y al llegar a la entrada se encontró con una desagradable sorpresa. 


— ¿Qué demonios haces aquí? —dijo casi inconsciente.


— Sólo pensé que Sim podría estar por aquí, pase...pensé que estarías despierto, digo, ella no...digo...mierda. —sus ojos negros detonaron el mismo nerviosismo que el de su "amigo"


— ¿Quién es? —pregunta Carol mientras se siente que se levanta de su silla.


— Mierda. —dijeron al unísono.


— ¿Quién es él Anthy? —dijo la pelirroja asombrada, quizás era la primera vez que oía una mala palabra de su compañero.


— Él, bueno él es ...digo...se llama ...es.....Joseph, un amigo mio. —era lo que evitaba y ya, tres años sin que Stay supiera de él a la basura.


— Un gusto señorita. —dijo cordialmente el joven y le estrechó la mano de la adolescente.


— También yo, Anthy jamás me habló de ti. —sonreía como si nada.


— Si, no solemos pasar mucho tiempo juntos en realidad, sólo pasaba a ver si estaba Simón o sabían algo de ella. —dice mientras miraba al rubio de reojo.


— Ahhhh eso, llamó hace un rato, decía que había llegado. Por cierto Anthy, el mensaje era para ti.


— ¿Por qué no me dijiste antes? —le dijo sorprendido mientras se ponía nervioso escuchando los pasos de la hindú cada vez más cerca.


— Porque se me olvidó, y no pensé que fuera importante. —se va como vino tranquila a su cuarto portando sus auriculares gigantes.


— Es simpática. —puro sarcasmo por parte del joven de ojos negros— Hola pesada. —saludó con la mano a Carol que lo miraba con cara de pocos amigos.


— Hola idiota. —contestó mientras miraba a Anthy— Escuché lo que dijo Stay, vamos, quiero ver cómo esta.


— Okey, llamaré un taxi.


— Yo también voy. —se sumó Joe por su cuenta.


— ¿Qué? —estaba a punto de morderlo.


— Ya Carol, no te pongas así, Simón y Joe son amigos. —acotó el rubio mientras intentaba sobrevivir al viaje.


Se subieron al taxi, fue un viaje tenso, nadie habló y todos llevaban la mejor cara de póker posible para evitar malentendidos. Anthy miraba por la venta, Carol miraba por la ventana y Joe disimulaba ver su celular. Al llegar suspiraron aliviados por algo de aire, pero al llevar a la puerta del pequeño edificio se encontraron con una nota.


" Joe, Carol, Ant, Lean o quien sea; estoy bien....salí un rato con Fiamma. No me esperen. Simón."


Las expresiones en su rostro iban desde enojo hasta preocupación. Viniendo de la loca de Sim, podría ser una nota de burla o sólo salió a caminar. Porque, nadie conocía a una Fiamma, es más fuera de Carol la argentina no parecía tener ninguna otra amiga mujer. Cansados Anthy llamó dos taxis más, uno para Carol que vivía del otro lado de la ciudad y uno para irse él, Joe estaba cerca y dijo que caminaría. Al primer vehículo se lo cedieron a la cansada hindú, luego...no llegó ningún otro.
El rubio comenzó a caminar junto a su amigo, Joe prendió un cigarrillo, luego miró a su acompañante.


— ¿Vamos a casa?


— Si, es que me duele la cabeza. 


— ¿Y eso que tiene que ver? —levanta una ceja mirándolo.


— Que me hay más paz en tu lugar que en el mio, eso tiene que ver. —siente algo en su mano.


— Tranquilo, ya pasará. —le había tomado la mano— Lamento lo de la otra noche...

— No importa, entiendo. 


— Debería importarte, Anthy, yo no quiero lastimarte. 


—... —guarda silencio— No me importa.


— Eres un tonto. —aprieta su mano.


— Lo sé. —se le acerca un poco.


— Estoy fumando, el humo. —lo aparta.


— Te quiero Joseph.


Al sentir sus palabras se quedó congelado, nunca lo llamaba por su nombre, sólo cuando le decía cosas como esa. No le gustaba sentirse así, algo en su interior se perturbaba cuando lo oía, algo muy similar al miedo pero cálido, molesto. Le soltó la mano, fijo su mirada al suelo y susurró.


— No seas idiota.


Anthony lo miró, siempre lo despreciaba así, pero poco a poco se había acostumbrado. Inclusive el dolor en su pecho era menor que otras veces, sentía el olor a tabaco su garganta comenzaba a molestarle. No se preocupó, cada vez que estaba con Joe se sentía así...cada vez que estaba con él estaba ahogado en palabras que nunca diría.


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